«En mi estudio de las sociedades comunistas llegué a la conclusión de que el propósito de la propaganda comunista no era persuadir ni convencer, ni tampoco informar, sino humillar; y por eso, cuanto menos se correspondiera con la realidad, mejor. Cuando la gente se ve obligada a permanecer en silencio mientras se le dicen las mentiras más evidentes, o peor aún, cuando se ve obligada a repetir ella misma esas mentiras, pierde para siempre su sentido de la probidad. Asentir a mentiras evidentes es cooperar con el mal y, en cierta medida, convertirse uno mismo en malvado. La capacidad de resistir cualquier cosa se erosiona así y hasta se destruye. Una sociedad de mentirosos emasculados es fácil de controlar.»
-Theodore Dalrymple
Hay pintores que retratan el paisaje y otros que consiguen pintar la calma y nos invitan a parar y a bajar revoluciones.
El artista catalán Carlos Díaz (Barcelona, 1968) pertenece a los segundos. Sus obras son un refugio de cal, luz mediterránea y calma absoluta.
👇🏻Abro hilo.
Después de leer "Guerra total", con 10 relatos atribuidos a Manuel Chaves Nogales, releí "A sangre y fuego" para comparar los estilos, qué magníficos relatos sobre la barbarie de la guerra.
En mi canal de YouTube comento "Los casos del comisario Croce", el último libro de relatos de Ricardo Piglia, que tiene mucho encanto.
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Steven de Groot is a product designer and sketch artist from Eindhoven, Netherlands, known for his bold and creative industrial-design sketches
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A pesar de su compleja arquitectura, la Odisea acusa una coherencia narrativa extraordinaria, lo cual constituye uno de los argumentos principales para desmentir esa visión de la bola de nieve y la composición por remiendos de los filólogos analíticos del XIX. Antes bien, en el poema homérico no hallarán errores de continuidad ni cabos sueltos. Los paisajes no cambian de un momento a otro y las cosas vuelven a estar donde se dejaron con el cambio de foco, aunque transcurran varios cantos y miles de versos. Ningún personaje, en fin, aparece como mero ornamento para luego ser olvidado. Por pequeña que sea, todos cumplen su función en la trama y se integran en ella sin posibilidad de que pillemos a Homero en un renuncio.
Esta forma de narrar contrasta con mitos que nos quedan más recientes, como las maravillosas historias del ciclo artúrico. Por supuesto, hay excepciones notables, como la del poema anónimo 'Sir Gawain y el caballero verde', pero lo habitual es asistir a una acumulación de portentos sin que al narrador le importe demasiado el incurrir en contradicciones. Por contra, el cantor de la Odisea pretende evitarlas a toda costa. Que haya influido la escritura en esta pulcritud ya es otro cantar que ahora no tocaremos.
Algunos ejemplos notables. En el canto II Atenea, transfigurada en Méntor, anima a Telémaco a partir en busca de noticias de su padre, y se embarca con él tras haberle pedido prestada éste la nave a un tan Noemón, hijo de Fronio. Méntor es un personaje importante de Ítaca (previamente ya tuvo varios parlamentos largos en el concilio celebrado a instancia de Telémaco), por tanto uno (o una, por muy diosa que sea) no puede suplantar su identidad sin dejarnos con la duda de qué ocurre con el verdadero. Vale que Telémaco zarpa con el falso Méntor y no hay peligro de que ambos se encuentren. Pero Atenea, durante la matanza de los pretendientes, vuelve a tomar su aspecto. ¿Está el pobre Méntor atado y amordazado en algún lugar? Sigamos. Llega el canto IV y el foco se desplaza de Telémaco en el palacio de Menelao hacia Ítaca de nuevo, donde los pretendientes están en el patio dedicados a su labor favorita, jugar y hacer el zángano. Antínoo, el cabecilla, está sentado junto a Eurímaco. Y he aquí que se les presenta el tal Noemón, hijo de Fronio, para preguntarles si se sabe algo del regreso de Telémaco, pues le está haciendo falta la nave que le prestó. Los otros quedan pasmados, pues tenían al hijo de Odiseo con las ovejas o junto al porquerizo. Interrogan ansiosos a Noemón, y éste les dice que lo vio zarpar con Méntor. Pero luego (añade) le extrañó, ya que (en mi traducción) "...ayer, al rayar el alba,/ encontré al divino Méntor, que se embarcaba hacia Pilos". Podemos entender que el bueno de Méntor estuvo el resto de la Odisea de viaje, sin saber que Atenea lo andaba suplantando a conveniencia. Asunto resuelto.
Y otro ejemplo, acaso más notable. Cuando Odiseo les narra a los feacios cómo sus hombres se comieron los bueyes de Helio, refiere a continuación (diálogos incluidos) que el propio Helio acudió a Zeus y le pidió venganza, y que el padre de dioses se la concedió. ¿Cómo Odiseo pudo saber de esta conversación? ¿Estaba de oyente en el Olimpo? No tarda ni dos versos en explicarnos que todo aquello lo supo de boca de Calipso, la cual, a su vez, lo escuchó de Hermes cuando el dios vino a visitarla y a traerle el mandato de que dejara partir a Odiseo.
Este último ejemplo resulta especialmente interesante, pues demuestra que Homero sabe en todo momento dónde está el límite de conocimiento de sus personajes, ya sean dioses u hombres. Cuando Odiseo narra sus aventuras a los feacios lo está haciendo siempre desde su punto de vista. Era necesario, no obstante, incluir aquí la conversación entre Zeus y Helio, pues de lo contrario no se podría explicar la posterior y catastrófica tormenta. Pero Homero se cuidó de transgredir los límites de lo que el rey de Ítaca podría saber.
Por supuesto, dentro de la propia narración asistimos a muchos hechos portentosos e "ilógicos", y un escoliasta antiguo llegó a afirmar, rendido, que los mitos no tienen por qué rendir cuentas. Pero si la Odisea es un sueño, Homero se cuidó de legarnos un sueño organizado y lúcido.
"Deberías haber visto cómo ha quedado el otro".
En 1953, Norman Rockwell pintó "The young girl with a black eye" (La niña con el ojo morado). A simple vista, una niña magullada. Si te fijas en los detalles, una genialidad absoluta.
Tiene el ojo morado, el pelo completamente despeinado y la ropa sucia. Viene de una pelea.
Pero no está asustada ni llorando. Está sonriendo de oreja a oreja, está orgullosa.
Si bajamos la mirada, vemos que tiene las rodillas raspadas y con tiritas, pero mantiene una postura firme, agarrando la silla con fuerza. Se ha remangado la camisa dispuesta a todo. Es la viva imagen de la satisfacción tras haber aceptado un desafío.
¿Y contra quién ha sido la pelea?
A través de la puerta del despacho del director, vemos a la secretaria y al profesor (o al otro chico) discutiendo preocupados el castigo.
Ella espera fuera, pero no le importa lo más mínimo.
La magia de este cuadro es que no necesitas ver la pelea para saber exactamente qué pasó. La actitud de la niña te lo dice todo sin hablar:
"Deberías haber visto cómo ha quedado el otro".
Social media trends have turned the world’s most beautiful places into endless bathroom lines at a concert, where everyone waits for hours just to take the same photo to show to people who couldn’t care less 🌎📸
Nothing captures the shallow decay of our time better than this
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Hay lectores de la Odisea que buscan un transfondo histórico en el poema y se preguntan, legítimamente, cómo serían las naves de que habla Homero, las vestiduras, los palacios, las armas, etc. Y, por otra parte, los historiadores de toda época han intentado darles respuestas. El problema está en que Homero no es un historiador sino un poeta, y la Odisea no es una crónica histórica, sino un poema que merece leerse como tal. Por supuesto, la poesía nunca surge de la nada, sino de la memoria, ese mar impreciso de experiencias, lecturas, emociones y presagios. Y la Odisea en concreto es un largo recuerdo de varias épocas: la Edad de Bronce, los siglos oscuros, el tiempo del poeta y de su auditorio: todo destilado en una suerte de pasado mítico, si bien la Odisea entablaría un puente crepuscular entre ese tiempo heroico y la edad de los hombres, cuando los dioses regresan al cielo.
Pensemos en las naves, por ejemplo. Homero es capaz de describir la singularidad de una muerte o de las hechuras monstruosas de Escila, pero no da descripción precisa de los navíos porque ni él ni su auditorio lo necesitan. ¿De qué naves hablaría? ¿De las galeras de la Edad de Bronce? ¿De las viejas y resultonas penteconteras? Serían un poco de todo, y en el primitivo público del poema despertaría una amalgama de recuerdos, tanto personales como colectivos. Los datos, en fin, que obtenemos del poeta son bien escuetos: una sola vela desmontable, bancos para los remeros, poco calado para así poder ser arrastradas a la playa, doble timón trasero, un tablado en la proa y en la popa, donde se sentarían el capitán y el timonel, pero cuerpo abierto para los remeros y la carga. Y poco más.
Sin embargo, esas naves las hallamos tan vívidas y tan cercanas que casi las tocamos con la mano, oímos su madera rechinar con las olas, sentimos la mezcolanza de olores humanos (algunos no del todo agradables) con el salitre de la mar. Esas naves surcan nuestra lectura precisamente porque están hechas de palabras, y trabadas no mediante la pericia del buen carpintero de ribera, sino del cantor que sabe pulsar en todo momento el apropiado epíteto que nos emocione: las cóncavas naves, las enarcadas naves, las veloces naves, las naves de rojos costados... En nosotros, lectores occidentales y "cultos", aflora también un recuerdo colectivo de "lo griego" que le otorga cuerpo a esos bajeles. Pero si la Odisea les fuera narrada a una tribu del Amazonas sin contactar, ellos también sabrían recrear sus propias e intransferibles naves a partir de su propio recuerdo colectivo.
Y ese es el poder de la poesía, que sabe generar infinitas imágenes, inagotables. Como decía Gerardo Diego, el poema pone la música y el lector la letra. Cuando Homero nos habla de naves no nos está transmitiendo un preciso catálogo de náutica. Le basta con pulsar un color, un tono, un acorde que queda reverberando para siempre en nuestra imaginación.
Volete sapere cos'è il razzismo?
Il razzismo è quando due atlete italiane ottengono primati internazionali nelle rispettive specialità dell'atletica leggera: una, di colore, viene esaltata in ogni modo dai media e dalla stampa; l'altra, bianca, bionda, oltretutto ragazza bellissima, viene per lo più ignorata dagli stessi o non le viene comunque tributato lo stesso clamore.
Ecco il razzismo. Anzi, l'auto-razzismo purtroppo sempre più diffuso.
Nel video : Erika Saraceni, 19 anni, medaglia d'oro nel salto triplo, record italiano U20 e primato dei campionati.