Nunca antes habían jugado en una Copa del Mundo en toda su historia. Representan a un país que apenas supera los 500,000 habitantes. Decían que hoy se iban a comer una goleada legendaria. Y sí, sacaron un EMPATE HISTÓRICO ante España. Sumaron ante los vigentes campeones de Europa. Hoy la Selección de Cabo Verde nos regaló una de los capítulos más especiales en toda la historia de las Copas del Mundo. Qué manera de luchar y competir. En el fútbol no hay nada escrito, señoras y señores. THE BEAUTIFUL GAME.
Piensas que #MandalorianAndGrogu es mala y no aporta al universo de #StarWars? La película retrata temas de actualidad, moldea la subjetividad, y difunde imaginarios políticos.
Gracias @IgnacioMinj y Eduardo Rubio.
Estreno Lunes 15 a las 8 pm!!!
https://t.co/QGtWBBuNDy
Algo está muy mal cuando el pueblo no respeta a sus madres, no busca a sus desaparecidos y le rinde pleitesía a un show que ni siquiera es para ellos.
Algo está muy mal cuando el gobierno criminaliza a las madres buscadoras, cuando tenemos ya más de 30 madres buscadoras asesinadas sólo por buscar, cuando los gastos se orientan a maquillar la ciudad para un espectáculo y la presidenta se ríe de nuestras madres.
No nos sentimos representados por esta presidenta ni por quienes se cuelgan de estas tragedias. Hasta cuándo tendremos claro que el jueguito de partidos políticos no nos conviene, que ellos ya eligieron a su comparsa para después simular que tú y yo los elegimos por voto.
¿Cuáles son las formas correctas de pedir que regresen nuestrxs hijxs, que nos den pensiones dignas, que tengamos más descanso, mejor educación, vivienda adecuada y salud para todxs?
Porque si las instituciones no buscan, las madres sí lo harán y nosotrxs estaremos con ellas.
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#MundialDelDespojo
#HastaEncontrarles
Tren perteneciente al servicio ferroviario Ferrocarril Central Mexicano en una estación; fotografía tomada entre 1880 y 1894.
Símbolo de la modernización en México, el ferrocarril remite inmediatamente al porfiriato y al desarrollo del país durante su dictadura. No obstante, la historia sobre la creación de una línea ferroviaria se remonta a décadas anteriores. Los primeros 13 kilómetros de tramo fueron construidos en 1850, e iban desde la ciudad de Veracruz hasta El Molino. Hasta 1873 fue inaugurada la primera ruta importante: Ciudad de México- Veracruz. Como lo muestra la imagen, las estaciones de ferrocarril se volvieron en importantes puntos de comercio local.
Me dicen mis amistades que están fuera del estadio azteca, que la GN está desenfundando sus armas para amedrentar. Ojo con cómo se encapucha después. Compartan mucho. @YoXLas40Horas2
Para aportar un poco de contexto sobre por qué EUA rechazara al árbitro somalí Omar Artan: a lo largo de su administración, Trump ha mantenido una retórica antagonista contra la comunidad somalí del país.
#Columna ► Estados Unidos: 1994 y 2026
— Por @IgnacioMinj —
El otro día me encontré una nota de Los Angeles Times, fechada el 4 de febrero de 1993, sobre la venta de boletos para el Mundial de futbol de 1994 en Estados Unidos. Aquella fue la última vez que ese país fue anfitrión de un evento de semejante magnitud. Esa distancia temporal, 32 años, hace que el Mundial del 94 se perciba extraño, ajeno al de hoy.
Según la misma nota, el precio de un boleto para el partido inaugural rondaba entre 70 y 120 dólares. Ajustados a la inflación, esos montos oscilarían ahora entre 160 y 280 dólares que, convertidos a pesos mexicanos, equivaldrían aproximadamente a entre 2800 y 5000 pesos. Hoy, eso sería considerado una ganga para un partido inaugural.
Sin embargo, más allá del precio, hay una atmósfera rara, tal vez incómoda. Una atmósfera que provoca que varios de quienes nos asumimos seguidores del futbol no estemos del todo comprometidos con la emoción que debería despertar el Mundial. Es un evento extraño, cuya cobertura mediática se debate entre los problemas de cada sede y los esfuerzos de cada una por recrear el ambiente mundialista que se espera. Es innegable que Estados Unidos ha creado, en parte, dicha atmósfera. Sería erróneo pensar que el deporte y la política pueden estar separados; muy por el contrario, ambos se entrelazan constantemente y con mayor profundidad en ciertos momentos.
El Mundial de 1994 fue, en varios sentidos, un éxito para Estados Unidos: registró un récord de espectadores que hasta la fecha no se ha superado, y eso que entonces competían apenas 24 equipos. A pesar de que no era un país futbolero, algo que de entrada generó dudas y preocupaciones sobre la asistencia local, para las marcas, los políticos y los empresarios ahí había una oportunidad. Se organizó una fuerte campaña (que combinó elementos patrióticos con la atracción del estadounidense por el megaevento) con el fin de darle una presencia sólida al deporte en el país. El esfuerzo rindió frutos.
Para quienes tomaban las decisiones, el Mundial del 94 debía ser el mejor que se hubiera organizado, pues así se legitimaba la posición de la nación como superpotencia global. Más allá del poder político, estaba el aspirar a ser el horizonte: el modelo al que el resto del mundo debía mirar. Entre el año en que Estados Unidos consiguió la sede y aquel en que se celebró el torneo se produjo la disolución de la Unión Soviética, de tal manera que el país se consolidaba como la potencia hegemónica, sin rival alguno que cuestionara su visión de lo que el mundo debía ser. Había, pues, que reforzar ese estatus.
En 1987, el Congreso aprobó una resolución por la que asumía la responsabilidad de organizar el Mundial; entre sus puntos figuraba la relevancia del evento para atraer al país a personas de distintas partes del planeta y lograr que estas “conocieran de primera mano el estilo de vida americano”. El Mundial servía, así, como una invitación a contemplar el desarrollo de lo que sus ciudadanos consideraban el mejor país del mundo. Esto implicaba, por ejemplo, contar con una infraestructura adecuada. Ronald Reagan le escribió una carta al entonces presidente de la FIFA, João Havelange, para hacerle saber que Estados Unidos ya contaba con “estadios de primer nivel, hoteles, transporte, comunicaciones y otras instalaciones” para albergar el torneo. En esa misma carta, Reagan presumía de la experiencia que Estados Unidos ya tenía en la organización de eventos.
El Mundial regresa a Estados Unidos. Uno que el país ya no alberga en solitario, sino que comparte con México (la experiencia mexicana también ha dado de qué hablar) y Canadá. Uno donde el peso de la administración de Donald Trump ha generado un clima de tensión alrededor del evento. Es un gobierno al que acompañan etiquetas como “fascista” o “supremacista blanco”. Esto abarca desde la percepción negativa que ha rodeado a su gestión, derivada de su política exterior e interior (la invasión de Venezuela, la guerra con Irán, el antagonismo hacia las minorías, la presencia del ICE y la violencia de esta agencia contra los migrantes e incluso contra sus propios ciudadanos), hasta las trabas que impone para impedir que las selecciones y su personal entren al país, o para condicionar su estancia. Hace poco se dio a conocer que el árbitro somalí Omar Artan, considerado el mejor de África, fue rechazado en el aeropuerto de Miami por un supuesto problema con sus antecedentes. Conviene recordar, sin embargo, que Somalia es un país cuya población ha sido hostilizada de manera constante por la administración de Trump y sus propagandistas.
Ese es el Estados Unidos de este Mundial. Uno que ha perdido su hegemonía o que la ve en su punto más bajo en décadas. Si en 1994 la idea era organizar el mejor Mundial de la historia, ahora no hay otro plan que hacer de él el más incómodo y tenso que se recuerde.
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El autor es Licenciado y Maestro en Historia, es creador de “El pasado a color”, columnista en El Heraldo de México y Vértigo Político, y colaborador en “El dedo en la llaga”.