Esto último fue un poema al olvido del que no ha podido olvidar. Porque olvidar suena a no haberlo vivido. Y de lo vivido queda lo vívido. Lo real a todo olor, sabor y suspiro en mi hombro derecho. Dónde siempre me puse más perfume, dónde te gustaba oler.
Pero a veces suena la bilirrubina y ya no suena tu nombre, el Niágara en bicicleta ya no suena a la carretera del cuco hacia el pueblo. La minuta de limón con chile no valía su precio nominal de $1.50. Valía más que el daypass.
Mi nombre en tí, suena menos que tu nombre en mi. Ya ni suena, ni vestigios han de quedar. Guitarra y Eleanor Rigby quedan. Se oye Blackbird porque se volvió más canción en cada arpegio, que parecía un camión de sorbetes y paletas de limón y uva.
De pronto se vienen recuerdos de las vacaciones que no quería, para vivir una historia que no era mía. Para ser personaje ajeno, en donde ya era difunto condenado desde el día 1 cuando dijo "me tengo que ir aunque no quiera"
Y se fué