@migquintana Como posible solución temporal, veis a España jugando con Marcos Llorente mas adelante mientras vuelve Lamine? Ya sea en banda o en la mediapunta.
Si abogas por una dictadura en la que se premiaba más a los ricos lamebotas del poder, que al resto de la población, no me acuerdo. Y me da que tú tampoco, Luis. Prefieres idealizar esa época porque tu familia salió beneficiada y tienes más que callar, que darte a conocer. En España se puede seguir teniendo varias viviendas, se puede seguir teniendo coche y se puede tener una casa en la ciudad. El problema, Luis, es que son los que piensan parecido a ti, quienes han encarecido la vivienda por jugar a ser rentistas perjudicando al resto de la población; el problema es que "tu casa en la playa" hoy en día es una vivienda vacacional que, salvo tres meses al año, se la dejas al mejor postor y por un precio que inflama el mercado porque "pueden pagarlo, y así es el mercado amigos", pero un español no. Y no, no podías dejar las puertas de tu casa abierta, para nada. Lo que había era represión y toque de queda en muchos pueblos, y pobre como te pillaran fuera de casa porque "era una deshonra" dedicarse "a la noche", si no estabas trabajando. Deja de idealizar que, si has vivido, sabrás que la viviste a costa de la muerte de otros. Y lo que no es para todos por igual, no puede ser propiedad de alguien (y no me refiero a la vivienda).
A ver, Álex, soy periodista y me dedico a cubrir la Premier League. No he dicho que Julián debería ir al Arsenal, he dicho que el Arsenal debería ir con todo a por él. Es bastante distinto.
Por la chepa debería haberte cogido tu padre y hablarte de lo que es la hipocresía y de lo que implica promocionar las casas de apuestas que arruinan y destruyen familias y que se lucran de la enfermedad mental de algunas personas.
Hoy se juzga el caso del hermano de Pedro Sánchez.
Para mí es un caso claro de enchufe. De los que se producen a miles en todas las administraciones desde hace décadas y nunca se persiguen.
En este caso el problema no es que se juzgue, ojalá se juzguen todos los casos de enchufismo porque son una enfermedad estructural para la igualdad de oportunidades. Pero lo que suele ocurrir es lo contrario.
Os voy a contar otro caso.
María Dolores Moreno Bonilla es la hermana del presidente de la Junta de Andalucía y fue nombrada el 14 de junio de 2019 directora del Conservatorio Superior de Danza Ángel Pericet de Málaga con una puntuación de 38,20 puntos sobre 50.
En ese mismo proceso Esperanza Utrera logró 49,20 sobre 50.
La afectada denunció y la Fiscalía se opuso a la denuncia porque avaló que en el proceso se produjese “una cierta discrecionalidad”. Se archivó. Jamás hubo juicio siquiera.
Nunca importó que se reconociera que en el proceso la puntuación y los méritos no fueran lo más relevante sino el hecho de que se la pusiera con discrecionalidad y reconocido por la fiscalía.
El problema en el caso del hermano de Pedro Sánchez y la hermana de Juanma Moreno Bonilla es que para casos similares hay diferencia de actuación judicial.
@victorabadf1 Me impresiona como el plan por un lado es hacer más cortas las carreras pero por el otro hacer más carreras en un fin de semana. Yo siento que un fin de semana sprint me demanda mucho más tiempo (y peor aprovechado) que uno tradicional
Hoy han desahuciado a mi madre.
Hoy he visto cómo la comisión judicial entraba en la casa donde crecí.
La casa a la que mi madre se mudó cuando se casó.
La casa donde aprendí a caminar.
Donde celebramos cumpleaños.
Donde discutimos y nos reconciliamos.
La casa donde mi padre pasó sus últimos días de vida.
Hoy un cerrajero ha cambiado la cerradura de esa puerta.
La misma que abrí miles de veces sin imaginar que algún día ya no sería nuestra.
Hay algo profundamente frío en cómo el sistema convierte una vida entera en un trámite.
Siempre hablamos de los desahucios como cifras.
Miles al año. Decenas cada día.
Pero cuando te toca, deja de ser estadística.
Tiene recuerdos en los cajones.
Tiene marcas en la pared donde medías tu altura.
Mi madre es viuda. Jubilada.
No tiene un certificado oficial de “exclusión social”.
No aparece en ningún titular.
No cumple quizá todos los requisitos burocráticos para que el sistema la considere vulnerable.
Y, sin embargo, lo es.
Está en ese limbo donde no eres lo suficientemente pobre para que te protejan,
pero sí lo suficientemente frágil como para quedarte sin nada.
Si a mí no me hubiera ido bien, hoy estaría sin un techo.
Con la pensión embargada.
Con todo embargado.
Después de una vida entera trabajando.
¿Cómo puede ser que en un país que presume de bienestar la vivienda no sea protegida como un derecho fundamental real y efectivo?
No hablo de regalar casas.
Hablo de impedir que una persona mayor, viuda y jubilada pueda quedarse literalmente en la calle.
Hablo de entender que el hogar no es un activo financiero más.
Es el lugar donde una vida ocurre.
Yo he podido comprarle otro piso.
He podido amortiguar el golpe.
Pero eso no convierte el sistema en justo.
Solo convierte mi historia en una excepción afortunada.
Porque la diferencia entre estar protegido y estar en la calle no debería depender de si tu hijo ha tenido éxito.
Debería depender de si somos una sociedad que entiende que hay mínimos que no se negocian.
Hoy no solo han cambiado una cerradura.
Han confirmado que el derecho a la vivienda sigue siendo papel mojado cuando deja de cuadrar en una hoja de cálculo.
Y mientras eso siga siendo así, seguiremos llamando “normal” a algo que, si lo miramos de frente, es profundamente inhumano.