No sé a quién le haga falta leer esto, pero vuelve a romantizar tu creatividad. Escribe, hornea, decora, baila, fotografía, pinta, crea. Haz cosas que te emocionen, aunque nadie las vea. No todo lo que haces tiene que ser útil; algunas cosas simplemente tienen que hacerte felíz.
Hay logros que no caben en un sueldo, un título o un currículum. Superar un miedo, atravesar una etapa difícil, recuperar la calma o aprender a estar bien con uno mismo también es éxito, aunque nadie lo vea ni pueda medirlo.
Nadie habla del cambio de personalidad que llega con el tiempo, cuando ya no quieres impresionar a nadie, solo quieres descansar, estar en paz y estar completamente indisponible para cualquier cosa que te drene.
Admiro profundamente a quienes han hecho de la amabilidad una forma de vida y no una estrategia para conseguir algo a cambio. A quienes ayudan sin calcular, tratan bien sin conveniencia y dejan un poco de luz por donde pasan. Ese tipo de bondad siempre se nota.
Asegúrate de elegir a alguien que piense que todo contigo es importante, tu cumpleaños, tu comida favorita, tus flores favoritas, tu color favorito. Que tu en general seas importante.
“Es que ese no es mi lenguaje de amor”. El mío tampoco. No crecí educado sobre flores o regalando abrazos a cualquiera, pero si mi pareja los necesita para sentirse amada, yo voy a dárselo.
Si te amo, puedo aprenderte.