Todos señalan la corrupción, pero casi nadie la reconoce cuando le corresponde responder. Si todos acusan y nadie acepta responsabilidades, la pregunta sigue siendo: ¿dónde están los corruptos y dónde está lo que se robaron?
@RAXXCLOVER@eduardomenoni No es miedo, es dignidad. Que los criminales sean dados de baja cuando corresponde no convierte sus cadáveres en trofeos. La autoridad se demuestra derrotando al crimen, no haciendo espectáculo con los muertos. Gobernar con firmeza no exige perder la decencia.
Que usted quiera ver a los responsables de asesinatos dados de baja es una opinión que respeto. Yo también quiero que quienes atentan contra la sociedad sean enfrentados con toda la firmeza del Estado.
Mi punto es otro: una cosa es celebrar que una amenaza criminal sea neutralizada y otra convertir los cadáveres en espectáculo. Podemos exigir seguridad y resultados sin renunciar a la dignidad, la legalidad y el respeto que deben distinguir a una democracia.
No estoy llorando ni defendiendo criminales. Estoy defendiendo algo mucho más importante: la forma en que una sociedad democrática ejerce la autoridad.
Que existan cadáveres como resultado de una operación contra grupos criminales puede ser una realidad. Convertirlos en trofeo o utilizarlos para intimidar a la sociedad es una decisión política y comunicativa que sí puede cuestionarse.
La firmeza contra el crimen no necesita perder la dignidad.
No estoy pidiendo que se les tenga consideración frente al delito. Estoy hablando de algo diferente: el Estado debe combatir al criminal con toda la firmeza que permite la ley, pero sin perder su propia dignidad.
Perseguir, capturar y judicializar a quienes delinquen es autoridad. Exhibir cadáveres como trofeo es otra cosa.
Precisamente porque queremos un Estado fuerte, debemos exigirle que actúe con firmeza, legalidad y respeto, incluso en los momentos más difíciles.
El escarmiento debe estar en la certeza de que quien delinque será perseguido, capturado y llevado ante la justicia, no necesariamente en exhibir cadáveres.
Un Estado fuerte no necesita convertir la muerte en espectáculo para demostrar autoridad. Puede mostrar resultados, recuperar territorios y desarticular estructuras criminales con firmeza, pero también con dignidad y respeto.
La seguridad y el respeto por la vida —incluso frente al enemigo— no son conceptos incompatibles.
Entiendo que muchos ciudadanos quieran resultados contundentes contra el terrorismo y la delincuencia, y ese reclamo es legítimo. Pero una cosa es respaldar la acción firme del Estado y otra muy distinta convertir los cadáveres en espectáculo.
La seguridad se mide por la capacidad de proteger a la población y recuperar el territorio, no por la manera de exhibir a quienes mueren.
Firmeza sí; respeto y dignidad también. Eso es lo que espero de un Estado democrático.
Que un periodista tenga que ser considerado “fuego amigo” del gobierno de turno para poder ejercer su labor sin ser marginado o descalificado es una situación que debería preocuparnos.
El periodismo no debe estar al servicio del poder político, ni el poder político depender de periodistas afines. La independencia, la crítica y el control ciudadano son esenciales en una democracia.
Lo privado debe mantenerse separado del ejercicio del poder público. Cuando ambos ámbitos se confunden, la institucionalidad pierde credibilidad y la sociedad termina pagando las consecuencias.
Que un periodista tenga que ser considerado “fuego amigo” del gobierno de turno para poder ejercer su labor sin ser marginado o descalificado es una situación que debería preocuparnos.
El periodismo no debe estar al servicio del poder político, ni el poder político depender de periodistas afines. La independencia, la crítica y el control ciudadano son esenciales en una democracia.
Lo privado debe mantenerse separado del ejercicio del poder público. Cuando ambos ámbitos se confunden, la institucionalidad pierde credibilidad y la sociedad termina pagando las consecuencias.
Que un periodista tenga que ser considerado “fuego amigo” del gobierno de turno para poder ejercer su labor sin ser marginado o descalificado es una situación que debería preocuparnos.
El periodismo no debe estar al servicio del poder político, ni el poder político depender de periodistas afines. La independencia, la crítica y el control ciudadano son esenciales en una democracia.
Lo privado debe mantenerse separado del ejercicio del poder público. Cuando ambos ámbitos se confunden, la institucionalidad pierde credibilidad y la sociedad termina pagando las consecuencias.
La experiencia en el sector privado no puede trasladarse automáticamente a la administración pública. Son escenarios distintos, con responsabilidades, controles y reglas propias.
Presidente, distinguir entre lo personal, lo empresarial y lo público será fundamental durante su mandato. Las decisiones de Estado deben estar por encima de experiencias, intereses y relaciones particulares.
Confundir esos escenarios podría generar conflictos institucionales, jurídicos y sociales que el país no necesita.
Si los disparos presuntamente fueron realizados desde una distancia considerable, la evidencia encontrada en el despacho merece una explicación técnica.
¿Se trataba realmente de casquillos de fusil o de proyectiles, ojivas o fragmentos producto de los impactos?
La trayectoria, los impactos y la evidencia balística deberían permitir establecer con precisión qué ocurrió.
En un hecho tan delicado, más que especular, hay que dejar que la investigación técnica hable.
“Lo que nada nos cuesta, hagámoslo fiesta”.
Un refrán que pareciera describir la facilidad con la que algunos gobiernos disponen de los recursos públicos. El problema es que esos recursos sí tienen dueño: son de los colombianos, producto de sus impuestos, su trabajo y su esfuerzo.
Gobernar no es gastar como si el dinero fuera infinito. Es priorizar, cuidar cada peso y rendir cuentas.
El poder cambia de manos, pero la responsabilidad con el dinero de los ciudadanos debería ser innegociable. 🇨🇴
Un gobierno nuevo no va a sufrir de hambre; el verdadero riesgo es que el pueblo termine pagando el costo de sus decisiones.
Reajustar el Presupuesto Nacional puede ser necesario, pero la pregunta es: ¿dónde se recorta, a quién afecta y quién termina asumiendo el sacrificio?
Gobernar también significa priorizar.
La austeridad debe empezar por el poder y no convertirse en una carga más para quienes ya tienen dificultades para llegar a fin de mes.
Quién pretende quitarle a la educación el derecho de educar.
Educar no es solamente transmitir conocimientos; también es formar ciudadanos con valores, pensamiento crítico, responsabilidad y capacidad para convivir en sociedad.
El Estado tiene una enorme responsabilidad en la educación, pero no debería perderse de vista que educar también implica orientar, formar y establecer límites. El gran desafío es hacerlo respetando los derechos de nuestros niños y niñas, pero sin renunciar a la autoridad y al deber de formar.
Quien de boca predica, pero con sus acciones condena a quien intenta corregirlo o criticarlo, termina contradiciendo aquello que dice defender.
Aceptar una crítica no nos hace débiles; nos permite reconocer errores y crecer.
La verdadera coherencia aparece cuando somos capaces de escuchar incluso aquello que no queremos oír.
Quien de boca predica, pero con sus acciones condena a quien intenta corregirlo o criticarlo, termina contradiciendo aquello que dice defender.
Aceptar una crítica no nos hace débiles; nos permite reconocer errores y crecer.
La verdadera coherencia aparece cuando somos capaces de escuchar incluso aquello que no queremos oír.
Quien de boca predica, pero con sus acciones condena a quien intenta corregirlo o criticarlo, termina contradiciendo aquello que dice defender.
Aceptar una crítica no nos hace débiles; nos permite reconocer errores y crecer.
La verdadera coherencia aparece cuando somos capaces de escuchar incluso aquello que no queremos oír.
Quien de boca predica, pero con sus acciones condena a quien intenta corregirlo o criticarlo, termina contradiciendo aquello que dice defender.
Aceptar una crítica no nos hace débiles; nos permite reconocer errores y crecer.
La verdadera coherencia aparece cuando somos capaces de escuchar incluso aquello que no queremos oír.
Acomodamos nuestros principios a nuestra forma de pensar y decidir, especialmente cuando aparecen intereses de por medio.
Así somos muchas veces: aplaudimos o repudiamos exactamente el mismo hecho dependiendo de quién lo diga o quién lo haga.
La verdadera coherencia no consiste en defender siempre a los nuestros, sino en mantener los mismos principios incluso cuando incomodan a quienes apoyamos.