Hace unos meses, una madre de dos niños que llevaba 36 años trabajando se quedó en paro y con 600 euros no pudo mantener su alquiler.
Fue desahuciada y pidió ayuda a la Generalitat y al Gobierno. No se la dieron y se acaba de suicidar.
Para que sigáis hablando de Maricarmen.
A mi no me conmueve una funcionaria de las de ocho a tres con 1400 euros de pensión que lleva 50 años viviendo en alquiler en el centro de Madrid, y pagando como si estuviera viviendo en una autocaravana en un camping de la Costa Brava. A mí me conmueve un abuelo enfermo
malviviendo con 500 euros de pensión. El autónomo arruinado. A mí eso sí que me parte el alma, pero en dos. Lo de Maricarmen no es más que el cuento de la cigarra y la hormiga.
Nadie con un cinco debería poder acceder a una beca. Nadie. Las becas tienen que ser un premio a la excelencia académica y sólo entregarse a los mejores expedientes académicos, con independencia del nivel de renta de los padres. Seas hijo de un notario o de un peón de albañil.
Los únicos derechos humanos que me importan son los de los ceutíes. Podría mentir, pero los derechos humanos de los invasores me importan, literalmente, una polla.
Si Ceuta se convierte en la tumba del socialismo y le para los pies al moro, habria que hacerla capital de España. Los caballas son nuestros últimos Templarios.
Los políticos han dejado a Ceuta más sola que la una. Tanto llenarse la boca de España y tanta hostia y al final a todos, y sin excepción, España les suda la polla. Sólo les importa seguir mamando del sistema y seguir trincando. Qué panda de hijos de puta.