Cuando mis hermanos mayores me pedían les calentara la cena y les sirviera, y mi mom les dijo que no era su sirvienta y que ellos lo hicieran. Y que me fuera a ver mis caricaturas y no me molestaran 🫶🏻👏🏼
“as mulheres se tornaram feministas nas redes sociais”
eu criança quando falavam que eu precisava aprender a cozinhar logo para cozinhar pro meu futuro marido:
Pagas por ver cantar a Robbie Willams y el muy mierda sube a Omar Chaparro al escenario.
Es como si pidieras una botella de Macallan 1946 y te la sirvieran junto con una de Tonayán.
@azantakis77@socsbert Jajaja nadie , estábamos bien sacados de onda con ese wey, una incomodidad horrible y de verdad que buen telonero los de Lottery, no los conocía pero si me dieron ganas de escucharlos
Así comienza el libro LA AMIGA ESTUPENDA, de Elena Ferrante:
Capítulo I.
Rino me llamó esta mañana; pensé que iba a pedirme más dinero y me preparé para decirle que no. El motivo de su llamada era otro: su madre había desaparecido.
—¿Desde cuándo?
—Desde hace dos semanas.
—¿Y me llamas ahora?
El tono debió de parecerle hostil, aunque no estaba ni enfadada ni indignada, solo me permití una pizca de sarcasmo. Intentó reaccionar pero lo hizo de un modo confuso, incómodo, en parte en dialecto, en parte en italiano. Dijo que se había figurado que su madre estaba paseando por Nápoles, como de costumbre.
—¿Y de noche también?
—Ya sabes cómo es ella.
—Ya lo sé, pero ¿a ti te parece normal una ausencia de dos semanas?
—Sí. Tú hace mucho que no la ves, ha empeorado; nunca tiene sueño, entra, sale, hace lo que le da la gana.
De todas maneras, al final se lo tomó en serio. Preguntó a todo el mundo, recorrió los hospitales, fue incluso a la policía. Nada, su madre no estaba por ninguna parte. Qué buen hijo: un hombre corpulento, de unos cuarenta años, que no había trabajado en la vida, dedicándose solo a traficar y derrochar. Imaginé el interés que había puesto en la búsqueda. Ninguno. No tenía cerebro y solo se quería a sí mismo.
—¿No estará en tu casa? —me preguntó de repente.
¿Su madre? ¿Aquí en Turín? Rino conocía bien la situación, hablaba por hablar. Él sí que era viajero, había venido a casa por lo menos unas diez veces, sin que yo lo invitara. Su madre, a la que habría recibido de buena gana, no había salido de Nápoles en su vida. Le contesté:
—No, no está en mi casa.
—¿Estás segura?
—Rino, por favor, te he dicho que no está.
—¿Entonces adónde habrá ido?
Se echó a llorar y dejé que representara su desesperación, sollozos al principio fingidos, genuinos después. Cuando se calmó le dije:
—Por favor, de vez en cuando compórtate como a ella le gustaría; no la busques.
—Pero ¿qué dices?
—Lo que has oído. Es inútil. Aprende a vivir solo y a mí tampoco me busques más.
Colgué.
Capítulo II.
La madre de Rino se llama Raffaella Cerullo, pero todo el mundo la ha llamado siempre Lina. Yo no, nunca usé ninguno de los dos nombres. Desde hace más de sesenta años para mí es Lila. Si la llamara Lina o Raffaella, así, de repente, pensaría que nuestra amistad ha terminado.
Hace por lo menos treinta años que me dice que quiere desaparecer sin dejar rastro, y solo yo sé qué quiere decir. Nunca tuvo en mente una fuga, un cambio de identidad, el sueño de rehacer su vida en otra parte. Tampoco pensó nunca en suicidarse, porque le repugna la idea de que Rino tenga algo que ver con su cuerpo y se vea obligado a ocuparse de él. Su propósito fue siempre otro, quería volatilizarse; quería dispersar hasta la última de sus células, que de ella no encontraran nada. Y como la conozco bien, o creo conocerla, doy por descontado que ha encontrado el modo de no dejar en este mundo ni siquiera una migaja de sí misma, en ninguna parte.
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¿Llegaron a leer este libro?