En Navidad recuerdo
que algunas sillas no están vacías.
Están llenas de recuerdos,
de risas que todavía se nos escapan
cuando brindamos.
De voces que ya no suenan
pero siguen sentándose con nosotros.
Y entonces sonríes.
No porque no duela,
sino porque el amor
también sabe quedarse
cuando falta alguien.
Dicen que los
abuelos y las abuelas
son como veranos eternos en mitad del invierno.
Que te enseñan a caminar,
pero también a detenerte.
A tomar sopa despacio,
a escuchar sin prisa,
a querer sin condiciones.
Dicen que los abrazos de ellos
cosen los rotos que no se ven.
Que sus manos arrugadas
guardan historias,
y caramelos en los bolsillos.
Y uno crece pensando que estarán siempre,
porque la ternura parece eterna
cuando te acarician la cabeza
y te dicen “come un poco más”.
Pero un día faltan.
Y se queda el mundo raro,
la casa más grande,
la silla vacía y el corazón un poco roto.
Te partes por dentro.
Porque nadie estaba listo.
Porque nadie está listo nunca.
Y ahí entiendes que aprovechar el tiempo
con ellos no era un consejo:
era un salvavidas.
Porque cuando se van,
sigues hablando con ellos en silencio,
sigues escuchando su risa en los pasillos,
sigues buscándolos en cada domingo que huele a hogar.
Dicen que los abuelos y las abuelas
nunca se olvidan.
Y es verdad.
No se van,
solo se quedan de otra manera.
En la forma en la que ahora tú abrazas,
en cómo dices “cógete una chaqueta”,
en el modo en que aprendes a querer,
sin pedir nada a cambio.
Ojalá aprovechar siempre.
Ojalá que no duela tanto aprenderlo.
Hola @grok, ¿Sabes quién fue la persona más famosa (con más seguidores) que visitó mi perfil? No tiene porqué ser mutual. No la etiquetes, solo di quién fue, por favor.