No hay que olvidarse nunca de quien estuvo ahí para calmarte cuando tenías un ataque de llanto, de miedo, de angustia, o de enojo. No hay que olvidarse nunca quien nos prestó un hombro, un beso, un abrazo. No hay que olvidarse de quien nos refugió cuando más lo necesitábamos.
Soy lo suficientemente madura para admitir que a veces soy una persona difícil. Sobrepienso todo, actúo con impulsividad y puedo ser complicada de entender. Soy sensible a otro nivel y necesito paciencia, pero también sé que mi amor no se compara con el de nadie.
Aprendí a mantener mi paz mental por encima de todo. Si la persona se volvió rara de repente, dejo que siga siendo rara. Si una persona piensa que hice algo y yo sé que no lo hice, ni siquiera lo menciono. No me siento egoísta por elegir mi paz mental. Yo soy mi prioridad.