⭕️ #Guaranda |Brutal represión al Pueblo Waranka, en la provincia de #Bolivar.
La Policía dispara directamente al rostro de los manifestantes, dejando varios heridos.
Denunciamos al gobierno de #DanielNoboaOk, por esta agresión a nuestros pueblos en su legítimo derecho a la protesta social.
@CIDH
#ParenLaMasacre
#ParoNacional2025 #CONAIE
⭕️ #ATENCIÓN | El Plan Nacional de Desarrollo 2024–2025 del Gobierno de Daniel Noboa contempla la activación de brigadas de seguridad con participación comunitaria, una propuesta similar a las “brigadas de paz” impulsadas por la Revolución Ciudadana. Esta coincidencia, evidenciada en la página 26 del documento oficial, ha desatado cuestionamientos sobre la coherencia política y el doble estándar en el tratamiento mediático de propuestas similares. El Plan Nacional, elaborado por la Secretaría de Planificación, representa el máximo instrumento de diseño e implementación de políticas públicas en el país.
¿Por qué las élites quieren desmontar la Constitución del 2008?
Porque es un espejo que les devuelve la imagen que más odian: la de un poder limitado, de un privilegio en jaque, de un país que un día —aunque brevemente— se atrevió a decirles “ustedes no son el Estado”.
La Constitución de Montecristi no fue perfecta, pero fue, sin duda, el acto más audaz de desobediencia jurídica contra el club de millonarios que por décadas gobernó el Ecuador a control remoto. Por eso la detestan. Porque la Constitución del 2008 les quitó el disfraz de benefactores y los mostró como lo que son: una casta empresarial sedienta de poder, impunidad y rentabilidad estatal.
La odian porque frenó privatizaciones disfrazadas de eficiencia. Porque colocó derechos sociales por encima de las cifras de sus negocios. Porque puso el agua, la salud y la educación fuera del menú de la Bolsa. Porque creó mecanismos para que el Estado volviera a ser más que una oficina contable de banqueros.
Las élites, hay que decirlo sin anestesia, no quieren un Estado fuerte; quieren uno obediente. Un Estado que no regule, que no investigue, que no redistribuya. Quieren un Estado prestado, a plazos, sin garantía, con la única condición de no estorbarles en su festín.
Por eso desprecian todo lo que huela a Montecristi. No porque no entiendan la Constitución, sino porque la entienden demasiado bien. Saben que esa Carta cuestiona su monopolio sobre la verdad, sobre el mercado y sobre el país. Saben que el reconocimiento de derechos colectivos, de justicia intercultural, de participación ciudadana, de soberanía energética, es una afrenta directa a sus negocios blindados.
Y por eso han puesto a sus medios a repetir el mantra: “la Constitución es muy larga, es utópica, es inviable, es socialista, es chavista, hiperpresidencialista” No importa que jamás la hayan leído. Lo que importa es destruirla, reducirla, mutilarla. Porque si el pueblo vuelve a creer que puede gobernarse, el negocio se les arruina.
Mienten diciendo que ya son ricos y no necesitan “robar”. Falso. No les basta con tener dinero. Quieren poder. Quieren que la ley no los toque, que el SRI no los mire, que la Corte @CorteNacional@CorteConstEcu los absuelva y que la prensa los maquille. Quieren comprar la democracia al por mayor y revenderla con intereses.
La Constitución de 2008 no los derrotó, pero los incomodó. Por eso la quieren dinamitar. Porque es el último obstáculo simbólico que impide que el Ecuador vuelva a ser su finca. Y como todo dueño que ha sido expulsado del terreno que cree suyo por derecho divino, ahora buscan regresar con retroexcavadora, Constitución en mano, para fundar su república privada sobre nuestras ruinas.
No es odio a la Constitución. Es odio a la idea misma de que el país no les pertenece.
Lo que no sabemos los que no nacíamos cuando Hurtado regaló el país a los de siempre
En el Ecuador de los ochenta, mientras la mayoría vivía la inflación, el desempleo y la incertidumbre como una condena diaria, una élite de corbata y acento eclesiástico escribía con pluma dorada la gran traición del siglo: la sucretización de la deuda. Osvaldo Hurtado, supuesto defensor de la democracia y la ética política, convirtió al Estado en fiador voluntario de las deudas privadas de los más ricos, como si el aparato público fuera un banco boutique al servicio de los grupos económicos.
La operación fue quirúrgica y silenciosa. Los grandes empresarios no podían pagar sus deudas externas en dólares. Pobrecitos. El sucre se había devaluado, la economía estaba en crisis, el petróleo ya no salvaba. Entonces vino papá Estado, abrió la caja fiscal y dijo: “tranquilos, muchachos, paguen en sucres, yo les cubro en dólares”. Y así, con una sonrisa de tecnócrata decente, Hurtado estatizó las pérdidas de los ricos, mientras la salud, la educación y la vivienda de los pobres se convertían en cifras de ajuste.
El pueblo no fue consultado. El Congreso no deliberó. No hubo referéndum ni plebiscito. Solo una élite cerrada pactando con los acreedores internacionales, repitiendo como papagayos las fórmulas del FMI. Se decía que era por el bien del país. Que había que preservar la estabilidad. Que lo importante era no dañar la reputación del Ecuador ante los bancos. Mentira: no era por el país, era por la banca; no era por el pueblo, era por los banqueros.
Hoy, cuando muchos no habíamos nacido para ver esa escena, la historia se repite, pero con otro apellido. El millonario ya no se llama Hurtado. Ya no habla con tono sacerdotal, sino con aire de “innovador”. Ya no viene a salvar la democracia, sino a “modernizar” el país. Pero la estructura es la misma: un millonario en el poder haciendo leyes para sus negocios, blindando su clase, debilitando los derechos y usando el Estado como una extensión de sus bodegas.
Nos venden la idea de que tener a un rico en el poder es garantía de eficiencia. Que el empresario sabe lo que hace. Que no necesita robar porque ya tiene. Qué farsa más repetida y más ingenua. El rico no entra al Estado para servir, sino para servirse. Para reconfigurar la norma. Para capturar el presupuesto. Para privatizar derechos y estatizar beneficios. Y cuando puede, para borrar la Constitución.
Porque ese es el fondo del asunto: la traición a los fines del Estado constitucional. ¿Dónde queda el mandato del artículo 1, que define al Ecuador como un Estado social de derechos y justicia? ¿Dónde queda el principio de supremacía constitucional frente a estos pactos entre élites que nunca pasan por el tamiz del control ciudadano? ¿Dónde está la garantía del interés general cuando las decisiones del Ejecutivo benefician de forma directa al grupo económico familiar del presidente?
La Constitución garantiza la redistribución, no la concentración. Protege al débil frente al poderoso, no al revés. Pero cuando el lobo entra al Palacio de Carondelet disfrazado de cordero emprendedor, la norma ya no importa. El poder constituyente queda secuestrado por el poder del capital. Y la democracia se convierte en una anécdota mal narrada en los salones de la élite.
Nos dijeron que Hurtado salvó al país. Lo que hizo fue hipotecarlo. Nos dicen que los actuales modernizan al país. Lo que hacen es rediseñarlo a su medida. Y mientras tanto, los mismos de siempre, los que ya ganaron en los ochenta, vuelven a servirse de un Estado domesticado.
Que lo sepa la nueva generación: la historia no empezó con TikTok ni con la presidencia más joven. Empezó con una élite que aprendió a disfrazarse de salvadora para seguir saqueando. Y nosotros, los que no nacíamos cuando Hurtado regaló el país, tenemos el deber de no permitir que nos lo vuelvan a robar.
@MurilloTeddy@lamiraecuador Claro que debemos pagar nuestros servicios sin ningún subsidio así el presidente y todo su gabinete se van por muchos días d paseo a celebrar su triunfo (fraude) para eso es que según debe servir el dinero de los impuestos q cada ecuatoriano paga, en vez de invertir en el país🙄
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Hey déspota @DanielNoboaOk
La droga en contenedores y buques vinculados a ti déspota Noboa
Ahora 2 toneladas de droga más de 500 millones de dólares incautados en Italia
Solo nos da lástima y vergüenza pero indignación tus omisiones
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