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Una Misa en Planned Parenthood
Ayer tocó, entre las cuatro misas parroquiales y las confesiones en cada una de ellas, una más, pero esta vez bastante particular.
Era una "misa de campaña", era el Santo Sacrificio pero no ofrecido en una capilla dedicada al Dios verdadero, sino en una donde se tributan sacrificios a Baal: la clínica central de la abortera Planned Parenthood en San Francisco.
Y allí fuimos, bajo la lluvia y el frío, contentos por hacer algo ante este crimen que tiene anestesiados a miles de millones de almas, incluso aquellas que se "autoperciben" cristianas.
Éramos apenas un puñado de familias; no éramos héroes ni nos sentíamos como tales. Sólo queríamos rezar en un lugar emblemático, especialmente por las mamás que debieron tomar esta decisión y por los ejecutores de esos actos que -no me cabe duda- no tienen conciencia de lo que hacen en la inmensa mayoría de los casos.
Dejo aquí, por si a alguno le llegase a interesar, el sermón (el original está en inglés).
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Queridos hermanos:
Hoy nos reunimos aquí una vez más para llevar adelante este apostolado, como católicos que somos, viviendo activamente nuestra Fe.
Y lo hacemos, como dice San Pablo, “a tiempo y a destiempo”, sin importar si llueve o hace frío, si las circunstancias son favorables o adversas. Porque Nuestro Señor fue el primero en darnos el ejemplo, amándonos incluso cuando éramos indignos.
¿Y por qué la Misa aquí, en la calle? Ante todo, para rezar por la conversión de quienes trabajan en estos lugares; para que Dios toque un día sus mentes y voluntades, y puedan comprender que, aun si no lo advierten, están quitando la vida de un inocente.
En segundo lugar, para pedir perdón y hacer reparación por este crimen del aborto, un crimen que en muchos lugares ni siquiera es reconocido como tal.
Pero sobre todo y en tercer lugar, como dije al comienzo, porque es deber de todo católico, deber de todo cristiano, dar testimonio de la Fe, procurando que nuestra palabra sea “sí… sí; no… no”, como leemos en el Evangelio de hoy.
Muchas veces pensamos que cuando hacemos el bien, cuando realizamos una obra apostólica, el primer beneficiario es quien recibe la Palabra de Dios, quien recibe limosna, quien recibe a un misionero. Pero no… ¡el primer beneficiario de la misión es el misionero! Somos los primeros en recibir gracias cuando nos exponemos a predicar a Cristo, porque mediante la misión, mediante el apostolado, tenemos la oportunidad de ser humillados, calumniados, despreciados e incluso, a veces, ¡hasta aceptados! Porque es en el fuego donde se purifica el oro; y eso es el apostolado católico.
Por eso hoy, además de rezar por la conversión de estas personas, recemos también por nuestra propia conversión; pidamos que esta Cuaresma, que está por comenzar, nos permita dar siempre testimonio de Cristo, a tiempo y a destiempo, para así vivir un catolicismo militante (y no "vegetante") que brille ante los hombres y, de este modo, glorifiquen a nuestro Padre que está en los cielos.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
P. Javier Olivera Ravasi, SE
San Francisco, Planned Parenthood, 15 de Febrero de 2026
«Yo no hice estudios y soy muy ignorante, pero sé rezar mi Rosario, y con él logro comunicarme con nuestro Señor y con la Virgen Santísima»
Santa Bernardita Soubirous
La palabra "Navidad" incomoda. Usémosla entonces...
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En los años previos a la guerra civil española, se cuenta que el gobierno republicano había mandado prohibir el saludo del “Adiós”, tan típico en España cuando uno quiere despedirse de alguien.
Porque “a-dios” significa eso, “hasta que nos veamos en Dios”. Pero el comunismo, como es un sistema intrínsecamente perverso y ateo, no quería siquiera oír la palabra de nuestro Creador y Señor.
Porque como Lenin decía, “las palabras son balas” y son balas al servicio de la revolución cultural.
Es por ello que en los tiempos modernos, los “progres” han querido cambiar muchas palabras.
- Aborto: interrupción voluntaria del embarazo
- Suicidio asistido de ancianos: eutanasia
- Sodomía: relaciones con el mismo sexo
- Adoctrinamiento ideológico: educación inclusiva
Etcétera.
Pero no sólo en el ámbito de la vida natural sucede esto, sino incluso en el ámbito sobrenatural; porque la Revolución, con “R” mayúscula, es universal y no deja espacio por tocar, y uno de ellos es el religioso, cosa que no es nuevo.
Durante la sangrienta y terrible Revolución Francesa, esa masacre que Francia sufrió en 1789 y los años posteriores, la República quiso incluso cambiar los días y los meses del año, para que ni siquiera las palabras del Antiguo Régimen se pudieran recordar.
Cambiaron los meses: el mes de Termidor, de Brumario, etc., y hasta cambiaron los días de la semana, haciendo semanas de diez días, para que la gente olvidase incluso el día domingo (Dies Domini), dedicado al Señor…
Durante las últimas décadas sucede algo también con nuestra Navidad, donde muchos ni saben ya lo que se celebra, colocando a Santa Claus y al Grinch como los protagonistas de este día y diciendo “happy holidays” para no “ofender” a nadie que no sea cristiano…
Ahora bien; ¿qué debemos hacer nosotros entonces? ¿una revolución contraria a esta revolución cultural? Pues no. Tenemos que intentar, justamente, hacer lo contrario a lo que hace la Revolución.
¿Y cómo hacerlo? Pues bien, en inglés existe esta palabra hermosa que no es pagana, que no es protestante, que no es mundana y es la palabra “Christmas”, es decir, la Misa de Cristo, esta Misa, donde los católicos renovamos incruentamente el Sacrificio de Cristo en la Cruz, el misterio de nuestra redención.
Por eso, durante estos días, a todos los paganos, a los ateos, a los judíos, a los budistas que nos encontremos, podemos hablarles de Cristo simplemente, saludándolos con un “Merry Christmas” (Feliz Navidad), aunque no les guste, aunque no les caiga bien, aunque parezca políticamente incorrecto.
Y, si no les gusta, podemos decirles: “Feliz Navidad de Nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios verdadero, el único que puede salvar tu alma y al que espero que conozcas algún día”…
Porque hoy ha nacido el Príncipe de la Paz, el Emmanuel, el Dios con nosotros, y por eso podemos hacer hoy también propósitos firmes de llevar adelante un catolicismo militante y no “vegetante”; un catolicismo gozoso y abiertamente misionero para que, con nuestra palabra y nuestro ejemplo, los hombres de buena voluntad, puedan conocer la salvación de Dios que nos ha llegado y que ha venido para que tengamos vida, y vida en abundancia.
Pidamos en esta Santa Navidad que Dios nos regala una vez más, que podamos defender y proclamar a Jesucristo, Nuestro Señor y Redentor, oportuna e importunamente.
Feliz Navidad para todos.
P. Javier Olivera Ravasi, SE
San Francisco, USA, 24 de Diciembre de 2025