Acabo de terminar el reportaje de The New Yorker sobre @MariaCorinaYA y hubo una frase que, para mí, resume años de lo que muchos hemos venido diciendo.
“Venezuela no es una dictadura convencional. Es una estructura criminal.”
Por eso nunca entendí a quienes insistían en analizar lo que pasa en Venezuela como si esto fuera una democracia con problemas.
No. Hace mucho dejó de ser eso.
Y una estructura criminal no se sostiene solo con quienes están en Miraflores.
También necesita a los que se disfrazan de oposición mientras le compran tiempo al régimen. A los que normalizan lo inaceptable. A los que por dinero, negocios, acceso o conveniencia deciden mirar para otro lado. A los que maquillan la realidad desde un micrófono, una cámara o una cuenta con cientos de miles de seguidores.
Porque toda estructura criminal necesita colaboradores. Unos activos. Otros por omisión. Pero colaboradores al fin.
Y mientras unos hablaban de “convivencia”, “normalización” o “pasar la página”, había venezolanos presos, torturados, asesinados y millones obligados a abandonar su país.
Lo más duro de esa frase es que obliga a replantearse todo.
Porque si el problema nunca fue solo una dictadura, entonces tampoco bastaba con combatirla como si lo fuera.
Y quizá ahí está una de las mayores lecciones que nos deja todo este tiempo.
👉El mayor logro de esa estructura criminal no fue solo robarse un país. Fue convencer a demasiada gente de que podía convivirse con ella.
https://t.co/bOl0rf0iKB
Acabo de terminar el reportaje de The New Yorker sobre @MariaCorinaYA y hubo una frase que, para mí, resume años de lo que muchos hemos venido diciendo.
“Venezuela no es una dictadura convencional. Es una estructura criminal.”
Por eso nunca entendí a quienes insistían en analizar lo que pasa en Venezuela como si esto fuera una democracia con problemas.
No. Hace mucho dejó de ser eso.
Y una estructura criminal no se sostiene solo con quienes están en Miraflores.
También necesita a los que se disfrazan de oposición mientras le compran tiempo al régimen. A los que normalizan lo inaceptable. A los que por dinero, negocios, acceso o conveniencia deciden mirar para otro lado. A los que maquillan la realidad desde un micrófono, una cámara o una cuenta con cientos de miles de seguidores.
Porque toda estructura criminal necesita colaboradores. Unos activos. Otros por omisión. Pero colaboradores al fin.
Y mientras unos hablaban de “convivencia”, “normalización” o “pasar la página”, había venezolanos presos, torturados, asesinados y millones obligados a abandonar su país.
Lo más duro de esa frase es que obliga a replantearse todo.
Porque si el problema nunca fue solo una dictadura, entonces tampoco bastaba con combatirla como si lo fuera.
Y quizá ahí está una de las mayores lecciones que nos deja todo este tiempo.
👉El mayor logro de esa estructura criminal no fue solo robarse un país. Fue convencer a demasiada gente de que podía convivirse con ella.
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