○ Hoy Colombia escuchó algo que parecía perdido: la convicción de que la democracia se defiende, la libertad se protege y las instituciones se respetan.
El discurso de Abelardo de la Espriella no fue una pieza de corrección política ni un ejercicio de ambigüedad calculada. Fue una declaración de principios. Un mensaje claro para quienes durante años vieron cómo se debilitaban las instituciones, se normalizaba el caos y se intentaba dividir al país entre buenos y malos.
Su mensaje es contundente: el poder vuelve a estar al servicio de la República, el imperio de la ley reemplaza la complacencia con el crimen y la democracia colombiana demuestra que ningún proyecto político es eterno cuando el pueblo decide actuar.
Ahora comienza la etapa más difícil: convertir las palabras en resultados. Recuperar la seguridad, restaurar la confianza, fortalecer la economía y devolverle a Colombia el prestigio que merece ante el mundo.
No será una tarea fácil. Pero las grandes transformaciones nunca lo son.
Este discurso marca el cierre de una etapa y el comienzo de otra. Una etapa donde la libertad, la autoridad legítima y la defensa de las instituciones vuelven a ocupar el centro del debate nacional.
Escúchelo completo. Analícelo. Compárelo con lo que hemos vivido en los últimos años y saque sus propias conclusiones.
Porque hay momentos en la historia de una nación que no pueden pasar desapercibidos.
Este puede ser uno de ellos.
@sofiapetroa No son colombia de la decencia! Su papa es un hanpon drogadicto secuestrador … lea historia sofia…. Lejos muy lejos de la decencia… partida de narcos
@darango_htx Daniel debemos tener en cuenta que un % muy alto de lo que sacó Cepeda fue voto fusil, votó por miedo de personas a quedarse sin trabajo en entidades del estado, voto lleno de dolor de miedo, hoy la mitad de los colombianos votamos por esos que no pueden hacerlo en libertad