@Felii_N@FocusFinanzas Parece tan errado el pronóstico de este tipo como que DECISIONES va primero con S y después con C, como escribió en su mismo tweet
@eldaminato Damián, el oil a niveles de 90/100 se quedará por un tiempo pero en el largo plazo irá a 70/75 y eso no debe ser un condicionante de la valuacion de $MU o similar. Sí las tasas a 10Y. Acá lo clave es saber si aparecerán nuevos negocios para la oferta o si se subirá fuerte el bid
@warbirddotcom Pajarraco loco. Que opinas si alguien armase hoy una cartera de acá a 2030 de la siguiente manera: 20% MU; 25% NVDA; 10% IREN; 10% NBIS; 10% SPCX; 5% NU; 5% YPF; 5% SKHY
si pusiera hoy 100 cuanto tendría en 2030?
@adrianratam Adrián, consulta. Quiero viajar en julio 2027 a Europa. en qué momento conviene comprar? Cuándo se dan las promos de vuelos para ese periodo? Podré conseguir vuelos por menos de 1000 usd por persona para esas fechas con escalas? gracias por tu opinión
@77azulgrana_ No entiende la función de 5. Simplemente corre y cuando puede se tira. Es un medio pelo total que solo llego a primera por la crisis que vivimos
@chicodlasmillas Están muy buenos los vuelos pero el hospedaje te revienta en esa fecha (para familia tipo de 4 en all inclusive no veo nada por menos de 10 k
💔🇪🇨 Ufff, es durísima esta carta de Willian Pacho para su mamá, que falleció exactamente el día de su debut como profesional:
“Ver los pies de mi madre mientras bailaba bachata en el living. Uno dos tres, uno dos tres. Su calidez. La calidez de nuestro hogar. Eso es lo que pienso cada vez que quiero volver.
Yo debía tener unos 8 años. Lo único que quería era bailar con ella. Lamentablemente, era muy malo para bailar la bachatica. Me pasé meses viéndole los pies, tratando de imitarla. Uno dos tres, uno dos tres.
Pero un día, por fin me dijo: “Ahí está, Willian! Eso! Muy bien!”. Y ahí la miré a la cara, y tenía una sonrisa enorme. Creo que es así cómo aprendí a usar mis pies.
A los 15 años, el fútbol me llevó lejos. En 2019 me fui en un bus a casa. Y en cuanto crucé la puerta, supe que no me había estado diciendo la verdad. Cuando la vi, estaba tan flaca.
Dijo: “No te preocupes, estoy bien”. Le habían quitado el seno izquierdo. Le dije: “Mamá, ¿está con dolor?”. Y ella dijo: “Estoy bien, hijo, estoy bien”. Esa noche dormí junto a ella en la cama, como cuando era niño. Cuando se durmió, finalmente pude llorar.
A los pocos días me tocaba volver al club, y sentí un miedo intenso. Tenía ese presentimiento de que no la iba a volver a ver.
Unos meses después, el profesor me dijo que iba a debutar en Primera. Le mandé un mensaje: “Mañana voy a jugar, voy a debutar en el primer equipo! Voy a ser profesional! No te acuestes temprano, tienes que ver el partido!”
Y me desperté con un montón de mensajes y llamadas perdidas de amigos y de familiares. Demasiados mensajes. ¿Te imaginas la sensación?
Llamé a mi hermana con pánico.
“¡¿Mamá?! ¡¿Mamá!? ¡¿Qué pasó?!”, le dije.
“Ella está bien. Una ambulancia la trajo del hospital a casa. Está descansando. No te preocupes. Hablamos después del partido”.
Fui al partido y lo último que pensé antes de salir a jugar fue en ella. “Mamá te está mirando por la tele. Tienes que ganar cada pelota por ella”.
Cuando estaba por dejar la cancha, me estaban esperando mi cuñado y mi papá.
-¡¿Qué pasa?!
Ahí me dicen que mi madre había fallecido. Que se había ido esa madrugada.
Lloré del dolor. Lloré como nunca antes.
Nunca me sentí más solo en la vida. ¿Por qué me sacan a la persona que más amo en el mundo? Mi razón de ser. ¿Por qué a mí? ¿Por qué?
Cuando íbamos a mi casa paramos y me fui a la cornisa. El abismo y nada más…
“¿Y qué pasa si ahora me tiro?”
No. Por favor.
“Pero cómo puedo seguir sin ella? Podría estar con ella. Podría ser tan fácil. Nada más un paso”.
Mamá, no quiero estar aquí sin ti.
Es una herida que nunca sana.
Llegamos a casa. Fui y me acosté en su cama, y cada recuerdo con ella se me hizo presente. Sin ella, la vida no tenía sentido.
Después de su muerte, perdí todo tipo de miedo en la cancha. En vez de jugar con mis miedos, jugué con mi hambre, con el coraje. Me comí al mundo.
“Oye Mamá, ¿qué es lo que hacemos siempre? Nos das las sobras y las transformamos en un festín”.
Cuando me vendieron al Eintracht Frankfurt, mi representante me dijo que el PSG quería reunirse conmigo. Después llegó el PSG. Luis Enrique me dijo: “Ve a tu propio ritmo. Todavía tienes que desarrollarte.”
Nunca me hubiera esperado ganar dos Champions League en dos temporadas consecutivas. Ser el primer ecuatoriano en ganar una Champions League es especial.
Sólo tengo gratitud para mi familia. Principalmente, para mi madre.
A ella le quiero hablar ahora. Sólo a ella…
‘Mamá,
Gracias por enseñarme a bailar bachata. Gracias por enseñarme el valor de las sobras.
Gracias por ser mi mamá.
Nunca pude tener una foto final contigo. Pero tengo una imagen mucho mejor en mi cabeza.
Soy un niño. Tú también eres joven. Estamos bailando juntos la bachatica.
Uno dos tres, uno dos tres.
Miro para arriba y te veo sonriéndome. Lo logré.
Es mejor que una foto. Es un recuerdo. Es eterno.
Tu hijo, Willian’”.
Vía @TPTFootball.
El problema lo tiene la gente - Por Ale Marrero
La última y única vez que nos ganaron ahí, en 2001, San Lorenzo jugó con suplentes y pibes de Reserva porque estaba por disputar una final en el Maracaná.
Veinticinco años después, la comparación es obscena.
Aquel San Lorenzo podía perder un clásico poniendo suplentes porque tenía algo más importante que jugar. Este pierde mientras intenta convencerse de que sobrevivir a su propia mediocridad constituye un proyecto.
Y hay algo todavía peor: San Lorenzo se está convirtiendo en aquello que durante décadas utilizó para burlarse de Huracán.
Un club que vive de la memoria. Que cuenta hazañas viejas mientras achica su presente. Que transforma cada clásico en una cuestión existencial porque cada vez tiene menos cosas nuevas para festejar.
Tenemos un presidente que, si hoy tuviera que jubilarse, probablemente tendría problemas para explicar sus aportes, pero administra una institución gigantesca. Y tenemos un técnico querido, respetado por su historia, pero al que San Lorenzo evitó contratar durante 23 años precisamente porque todos sabíamos lo que era como entrenador.
No nos sorprendió Gorosito.
Hicimos exactamente aquello que durante 23 años habíamos decidido no hacer.
Y ése es el problema de este San Lorenzo: siempre vuelve a empezar. Cada dirigencia llega con una refundación debajo del brazo, toca lo poco que funcionaba, desarma, improvisa, contrata, vuelve a desarmar y seis meses después descubre que necesita otra refundación.
Mientras tanto pasan los años.
Doce desde la Libertadores.
Trece desde el último campeonato local.
Menos socios activos. Menos patrimonio. Menos fútbol. Menos exigencia.
Pero seguimos en modo pelotudo.
Discutiendo quién es más cuervo. Buscando traidores. Fabricando enemigos internos. Explicando derrotas con conspiraciones y celebrando como gestas cosas que en otro San Lorenzo hubieran sido apenas obligaciones.
Durante años cantamos:
“El problema lo tiene la gente.”
Era una cargada extraordinaria.
El inconveniente es que quizá llegó el momento de dejar de cantársela al de enfrente y escucharla nosotros.
Porque cuando pasan doce años, cinco técnicos, veinte mercados de pases, dirigentes de todos los colores y el club sigue retrocediendo, llega un momento en que ya no alcanza con encontrar un culpable nuevo.
Hay que mirarse al espejo.
Preguntarnos cuándo empezamos a naturalizar esto.
Cuándo dejamos de exigir grandeza y empezamos a negociar dignidad.
Cuándo un club que se comparaba con Boca, River, Independiente empezó a utilizar a Huracán como parámetro para sentirse mejor.
Porque el verdadero peligro no es perder un clásico.
El verdadero peligro es acostumbrarse a ser un club cada vez más chico y seguir creyéndose grande solamente porque todavía sabemos las canciones de memoria.
San Lorenzo tiene que decidir qué quiere ser.
Y rápido.
Porque la historia sirve para saber de dónde venimos.
No alcanza para impedir que terminemos exactamente donde durante toda la vida juramos que nunca íbamos a estar.
@lasavinotw Hay veces que el destino, en un contexto deplorable y negativo, te hace un guiño y te pone un salvavidas delante de tus ojos para aferrarte. Ese era Alvarez pero la miopía de los advenedizos de siempre cancelo la única esperanza que había arriba de la mesa.