A veces me avergüenza y otras veces me siento obligado a cambiarlo, porque en esta vida se puede ser ignorante o burro, o ambas, pero muy pocas cosas hay peores que ser catalán.
Una vez un amigo observó que alguien era catalán porque conjugaba el verbo haber en concordancia con el sujeto para indicar existencia, y aunque la experiencia me dice que esa correlación es generalmente falsa, cada vez que yo mismo cometo ese error, me acuerdo de ese momento.
Tanta gente tiene la confianza de que no va a pegar a una abuela solamente por tenerla enfrente, pero cuando por desgracia ya se confirmó repetidamente que el control es vano y se le ofrece la oportunidad constante de apretar el gatillo, se convierte en una cuestión estadística.
Siento que hay una diferencia tan grande entre lo que las gentes entienden por pensamientos intrusivos. Son tratados a menudo como mera anécdota y algo totalmente disociado de la realidad, como si no tuvieran ningún efecto en la vida real, mas no es ilusión sino un recordatorio.
La razón para tomarse en serio a las intrusiones y obsesiones no es tan irracional como muchos hacen a uno creer. Temer hacer algo que uno no quiere no es trivial cuando tiene uno como precedente todos los fracasos de la voluntad, dijo todo lo que no debía e hizo lo que no pudo.