Lo que me queda de esta experiencia es más grande que el viaje en sí.
Jaime Alemán no fue al espacio en nombre de nadie. No fue una misión oficial, ni política, ni colectiva. Fue un sueño personal, una experiencia suya, costeada y gestionada por él mismo, como parte de su vida, de sus contactos, de sus logros, de su camino.
Pero al salir de la cápsula, al pisar tierra nuevamente, no ondeó su nombre ni mostró su apellido. Lo primero que hizo fue levantar la bandera de Panamá. Y con ese simple gesto, lo que era personal se volvió nacional.
Eso no se compra ni se imposta. Eso se siente. Es el reflejo de una generación donde el nacionalismo no era una consigna vacía, sino una emoción profunda. Esa generación entendía que ser panameño no es una excusa para pelear, es una razón para compartir lo que somos.
Hoy vivimos en un país donde muchos dicen luchar por el colectivo, pero lo hacen para avanzar causas propias. Esto fue al revés: un logro propio, entregado con humildad como símbolo de orgullo colectivo.
Porque nuestra identidad no es solo un nombre y un apellido. Nuestra identidad también lleva un país detrás. Y cada vez que alguien, sin distinción de raza, credo o partido, levanta esa bandera con respeto y amor, nos recuerda lo mucho que todavía vale la pena soñar por Panamá
A nombre de todos los panameños, de mi gobierno y de mi familia, expresó nuestro sentimiento y profundo pesar por el sensible fallecimiento de Su Santidad el Papa Francisco. Su paso por el Vaticano dejó grandes huellas y en los corazones del mundo grandes simpatías, aprecios y reconocimientos.
Paz a su gran alma. 🙏
@PelaitoJedi@PabloVillalobo5@irzetapia Estuve en el Colegio Javier y en su momento te enseñaban que estaba ubicado en Perejil y que es el Corregimiento de Calidonia.
Dana Castañeda acaba de lograr la presidencia de la Asamblea prometiendo lo mismo de siempre: contratos y planillas. ¿De dónde sale el dinero para eso? Del Ejecutivo a través del Mef. Primer gran reto para Felipe Chapman.