Mientras un equipo de fútbol envía ayuda humanitaria, el presidente regala balones de fútbol. Mientras una artista gestiona presupuesto para reconstruir colegios, el presidente aparece en público como si fuera una superestrella.
Ese es el “presidente” que nos tocó.
Miles de personas están hoy sin casa por el terremoto. Mientras tanto, el nuevo ministro de Vivienda, quien debe hacer la reconstrucción, aparece mamando whisky y de rumba.
Los rescatistas de Israel llegaron el viernes en la tarde para hacer turismo al edificio Vanesa. Después se retiraron en camionetas de lujo, custodiados por la alcaldía de Cali. Mientras los topos mexicanos se mueven con sus propios recursos y la ayuda de la ciudadanía caleña.
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Ironía es que los que hoy festejan con pólvora, trago y comida a su nuevo “presidente” pueden hacerlo gracias a una buena situación económica que nunca quisieron reconocer y que hasta el último día del primer gobierno progresista en Colombia, fueron tan libres como para elegir y celebrar su cárcel.
Que Bogotá cumpla años un día antes de que se instaure el fascismo en el país, es como si nos hubiera tocado celebrar el cumpleaños en medio de un velorio.