Grande José! Fuiste un funcionario público excepcional y un ser humano y amigo invaluable, un orgullo para tu pueblo Boquete, tu provincia Chiriqui y tu amado País Panamá! Dejas un legado de servicio a las futuras generaciones, jovenes voluntarios que formaste seguirán tus pasos
Lo mataron ahorcándolo. Con las manos. Lo cortaron en pedazos y dijeron que murió con una “bomba de Israel”. Los forenses israelíes corroboraron cómo murió esta criatura. Uno no puede tener cerca a la gente que, por ejemplo, pone las banderitas palestinas. No se puede ser amigo de esa gente. Tenía razón @AgustinLaje
Ninguna mujer secuestrada por Hamás volvió con vida. Tampoco sus cuerpos. ¿La razón? No pueden devolverlos: hablarían. Contarían cómo fueron violadas, torturadas, humilladas y asesinadas por el simple hecho de ser mujeres e israelíes.
Las feministas callan. No exigen justicia. No marchan. Porque no defienden mujeres, defienden ideologías. La izquierda mundial prefiere proteger la imagen de un grupo terrorista antes que denunciar la barbarie. Hamás no lucha por un pueblo. Hamás destruye, degrada y deshumaniza. Su odio hacia la vida es tan profundo como el silencio de quienes dicen defenderla.
Si querés entender qué pasa con los que profesan el islam, prestá atención a esta historia. Es domingo, tengo tiempo, y vale la pena contarla.
...En Irán, durante el Plan de Desarrollo Quinquenal (1990–1995), el gobierno buscaba reconstruir el país tras la guerra y reducir su dependencia del petróleo. Se lanzaron dos enormes proyectos hidroeléctricos:
Karun-3: iniciada en 1991 y finalizada en 2005, con 2.280 MW de capacidad, pensada para controlar inundaciones y generar electricidad.
Karkheh: iniciada en 1992 e inaugurada en 2001, con capacidad de almacenamiento de 5.900 millones de m³ y 520 MW de potencia.
Trabajar allí no era un paseo. La inestabilidad emocional y teológica del régimen hacía que nadie quisiera ir, por más dinero que ofrecieran. Así que las empresas recurrieron a técnicos extranjeros. Aun así, “misteriosamente”, murieron varios ingenieros —chinos, croatas, ucranianos, alemanes— en supuestos accidentes laborales: derrumbes, caídas, fallas en maquinaria… todos sabemos que era mentira.
Todo estaba bajo el ojo vigilante de Ali Jamenei, el Líder Supremo, y Akbar Hashemi Rafsanjani, el Presidente. La verdadera causa de los incidentes era la tensión con la Guardia Revolucionaria, milicias locales y conflictos con las comunidades afectadas. Documentos del Banco Islámico de Desarrollo y de organismos de la ONU lo reflejan, aunque disfrazado.
Yo estaba en un impass de la guerra de los Balcanes cuando recibí la llamada de Silvio, un ingeniero uruguayo y hermano del alma:
—Pedro, tenemos un contrato para Siemens AEG en Irán, Karun-3. Dos semanas, certificamos y volvemos. Nos acompañan dos alemanes con folios de especificaciones.
La paga era buena, estaba mi amigo, y eran solo dos semanas. Pedí permiso a mis jefes, me junté con Silvio en Francia y partimos a Teherán, cargados solo con una muda de ropa y los instrumentos.
Nos instalamos en el Hotel Azadi, de lujo (pagado por Siemens), frente a la plaza principal de Teherán. Fuimos a la obra y cumplimos con nuestro trabajo, con algunas “particularidades”: nos ofrecieron la venta de un par de chicas como esposas o esclavas a cambio de una vaca, un par de cabras ó 200 dólares.
Dos semanas después, ya habíamos terminado. Era viernes y debíamos esperar al lunes para sellar la documentación. Esa noche volvíamos vía Francia desde Mehrabad, el principal aeropuerto internacional. Solo operaban dos aerolíneas: Iran Air, caótico como el tren Sarmiento en hora pico, y Air France, algo más decente.
Mientras tomábamos un café con Silvio y los dos alemanes (que tenían menos onda que un sapo) vimos pasar tanquetas y jeeps con ametralladoras antiaéreas. Los soldados gritaban “Allahu Akbar”. A los locales no parecía importarles, pero mi instinto gritó peligro.
El mozo que nos atendía, por suerte un mendocino residente en Irán casado con una Abdulaja local, nos aclaró:
- Cerraron la frontera con Irak: Mehran, Khosravi y Shalamcheh. También Afganistán: los talibanes cazan a la minoría hazara. Turquía, por riesgo de tráfico y refugiados kurdos. Todo dicen que es por seguridad nacional y control político-religioso, pero esto es una intifada.
- O sea que la única forma de salir de acá es por aire… ¿o me equivoco? - le pregunté.
- No te equivocás. Por tierra es imposible. Por aire… no sabemos hasta cuándo. Esto se está inflando y nadie sabe cuándo explotará. Anoche al ayatolá le cayó mal la cena, anda de mal humor con los infieles a Alá, nos reímos del chiste y lo saludé.
Observábamos a la policía iraní y militares de civil, a dos mesas de distancia, clavándonos la mirada. Susurré a Silvio y los alemanes:
- Muchachos, vamos a la habitación, necesitamos hablar tranquilos.
Ya solos, les dije:
- Esto se pudrió. La única forma de conservar la cabeza es salir de aquí. Hay una intifada en curso y no creo que sobrevivamos a esta fiesta que no es nuestra. Propongo ir al aeropuerto y tomar el primer vuelo que salga. Estando en este hotel lleno de turistas extranjeros, cuando a estos simios se les colapse la neurona, será el primer lugar que ataquen.
Silvio me respondió: No se hable más, nos vamos.
Los alemanes, estoicos, dijeron: Nos quedamos a esperar la certificación.
Aunque les expliqué que se podía resolver vía consular, y que el cianocrilato (La Gotita) no servía para pegar cabezas si se las cortaban… no me hicieron caso.
Con Silvio corrimos al aeropuerto y enganchamos un vuelo a Francia con escala en Estambul en un Boeing 747-200 Combi. Logramos subir y a las 18 salimos. Llegamos a Orly a las 3 de la madrugada.
Comíamos unos sanguchitos de jamón y queso (que en Iran no existían) con café, cuando en la televisión, desde Londres, mostraban una nota sobre Irán. A las 22 hs, habían sacado a los turistas y técnicos alojados en el hotel adonde habíamos estado alojados y dejamos a los alemanes. Los encapucharon, los arrodillaron y, mientras dos simios les leían el Juicio del profeta, un verdugo les pegaba un tiro en la cabeza.
Los alemanes nunca pudieron firmar los papeles pendientes ni se pudo recuperar sus cuerpos. A la voz de “Allahu Akbar”, apilaron y quemaron todos los cuerpos de los condenados por Alá sin mayores inconvenientes.
Al final, lo que más queda no son los nombres de las represas, los vuelos o los contratos, sino la evidencia de la locura que habita en quienes se consideran seguidores del profeta.
Esa puta obsesión por controlar, castigar y eliminar a cualquiera que piense distinto es aterradora.
No se trata de religión ni de política: es odio puro, visceral, capaz de borrar vidas sin pestañear.
Y uno se da cuenta que cuando la intolerancia se convierte en ley, la supervivencia deja de depender de la suerte o la habilidad técnica: depende de no cruzarse en el camino de la furia ciega de quienes creen que su fe justifica cualquier crimen.
Es fácil abrazar causas vinculadas con el profeta y agitar banderas palestinas, cuando estás lejos del alcance de una espada que te corte la cabeza o te metan un tiro por la espalda, porque un loco cree que el profeta le dió la orden de terminar con tu condición de indigno e infiel.
El Tío Pedro
05/10/2025
Tucumán - RA.-
Me duele la muerte de Iryna Zarutska
Me duele la muerte de Charlie Kirk
Me duele la muerte de los guardias civiles en Barbate
Me duele la muerte de las víctimas de Hamás
Me duele la muerte de los cristianos asesinados en Siria
Me duele la muerte de los inocentes asesinados por islamistas en Europa
Me duele la muerte de los que se enfrentan a la dictadura de Maduro
Me duele la muerte de los cristianos asesinados en África
Me duele la muerte de los que pasan hambre en Cuba
Me duele la muerte de los ucranianos y de los rusos en una guerra absurda
Me duele la muerte de cualquier persona asesinada por su pareja
Me duele la muerte de las víctimas del hambre
Me duele la muerte de los sin techo que mueren de frío
Me duele la muerte de los perseguidos por sus creencias religiosas
Me duele la muerte de las víctimas de homicidios por violencia intrafamiliar
Me duele la muerte de los niños asesinados en todo el mundo
...
Mi bando es el que defiende la dignidad humana y nunca será el de quien cree que frivolizar sobre la muerte de alguien es una postura política.
WOKE
La cultura woke es el caballo de Troya de la izquierda para destruir occidente. Su nueva careta tras la caída del muro.
El objetivo no es la inclusión, el objetivo es destruir la cultura occidental y llevarse puesto el capitalismo. Por eso los woke y la izquierda se cruzan en las mismas marchas. La idea de apropiarse del Estado es otra causa común.
Buscan destruir el sentido comun, a punto tal que no saben distinguir un hombre de una mujer, una operación de una mutilación. Millones de adultos hablando como idiotas con la letra "E" pensando que eso es ser "inclusivo".
Dan peleas que no existen. Las libertades individuales están garantizadas por la Constitución Nacional y operativas gracias a la democracia.
Sólo buscan leyes para obligar al resto a pensar como ellos, además de otorgar privilegios a una minoría y con el cinismo necesario para garantizarse que sean financiados por los propios cancelados.
En Europa hizo estragos. Hasta hace poco la hipocresía de la corrección política era el disfraz de muchos para evitar ser cancelado por los woke.
El wokismo en Europa generó un colapso energético, una crisis migratoria y una explosión de gasto público y deuda.
Europa hoy está pagando a Merkel. EEUU está pagando Biden. Sudamérica pagando el socialismo del siglo XXI. Todos pagan la factura woke.
MI GIRO A LA DERECHA
Crecí en un ambiente intelectual donde ser progresista no era una opción: era la única manera aceptable de mirar el mundo. Las cenas familiares, las conversaciones entre amigos, los debates universitarios… todos compartían el mismo aire: la izquierda era bondad, compasión, justicia; la derecha, atraso, intolerancia, egoísmo. Yo, como tantos, lo acepté. Era cómodo: me daba un lugar en la tribu, me convertía en “una buena persona” sin necesidad de demostrar nada más.
Pero lo que descubrí con los años, a través de mi experiencia vital y empresarial, es que aquella comodidad tenía un precio altísimo: vivir cargado de culpas que no me correspondían, de miedos que me robaban la serenidad, de una ansiedad que me alejaba de la vida plena.
El progresismo me imponía una mochila invisible. Dentro de ella había piedras con nombres muy claros.
La primera se llamaba culpa histórica. Por ser blanco, por ser argentino de origen europeo, por vivir en Occidente, debía arrastrar la idea de que mis antepasados eran culpables de todo lo malo: la esclavitud, el colonialismo, la opresión. Poco importaba que yo no hubiera esclavizado a nadie ni colonizado nada. Era suficiente con ser parte de la civilización que más había avanzado en la historia humana: eso me hacía sospechoso.
Lo que nunca se mencionaba era que la esclavitud existía mucho antes de Occidente, que reinos africanos vendían esclavos a comerciantes musulmanes durante siglos, y que fue Occidente quien abolió esa práctica inmoral. Gran Bretaña prohibió la trata en 1807 y destinó su marina a liberar esclavos en África. Estados Unidos libró una guerra civil que costó más de 600.000 vidas para acabar con esa institución. Ninguna otra civilización hizo un esfuerzo comparable.
La segunda piedra se llamaba culpa climática. Recuerdo cuando me subí por primera vez a una loma en Castilla y vi, en el horizonte infinito, decenas de aerogeneradores recortando el cielo que nuestra empresa Eolia Renovables había construido. Giraban lentamente, blancos y perfectos, como gigantes impersonales. Muchos lo veían como progreso. Yo también. Pero con los años, esa imagen cambió en mi mente: aquellos molinos eran cicatrices. Donde antes había campos de trigo dorado y llanuras limpias, ahora había un parque industrial disfrazado de campiña.
La escena se repitió en Andalucía, donde los olivares se extendían como un mar verde y antiguo. Vi cómo los arrancaban para plantar placas solares. Fila tras fila de paneles azules reemplazando siglos de historia agrícola. Olivos que habían dado sombra a generaciones convertidos en chatarra, sustituidos por una estética metálica y fría. España, un país cuya riqueza también es su belleza, se iba llenando de infraestructuras que afeaban el alma de sus tierras y atentaban contra la primer fuente de ingresos del país, el turismo.
Todo esto lo viví con una convicción profunda de estar salvando al planeta. Me había convencido, como millones, de que el mundo estaba al borde del colapso. Vi el documental de Al Gore, escuché a Greta Thunberg, leí titulares que prometían un planeta devastado en diez años. Sentí miedo. Y ese miedo me llevó a Co fundar Eolia Renovables. En el fondo, buscaba pagar culpas por mis emisiones. Era una especie de indulgencia moderna: contamino, pero planto molinos.
El resultado lo conocemos: apagones, facturas de luz duplicadas, una red eléctrica inestable y ancianos que mueren en olas de calor que siempre existieron porque no pueden pagar el aire acondicionado. El apocalipsis climático nunca llegó, pero el costo humano, económico y cultural de esa utopía verde sí.
If you believe free speech is for you but not your political opponents, you're illiberal.
If no contrary evidence could change your beliefs, you're a fundamentalist.
If you believe the state should punish those with contrary views, you're a totalitarian.
If you believe political opponents should be punished with violence or death, you're a terrorist.
Conservatives say that guns are for sport, hunting, and self defense because that’s what they use them for.
Liberals say that guns are for killing people because that’s what they use them for.
We are now viewing an unfettered internet, probably the most free I can remember in my adult life. Where anyone scrolling here will see the public slaying of an innocent woman, a seven-minute video of her bleeding out on the train. The evil. The indifference. The rare few who tried to help.
We weren’t supposed to see any of it, and almost didn’t. Don’t forget it.
When the radical left can’t win via democratic vote, they abuse the legal system to jail their opponents.
This is their standard playbook throughout the world.