‼️ HISTÓRICO ‼️
Marruecos 🇲🇦 se convierte en la PRIMERA selección de la historia que junta en el campo a ONCE jugadores nacidos fuera del país en un partido de la Copa del Mundo:
🇨🇦 Bono (Montreal)
🇳🇱 Noussair Mazraoui (Leiderdorp)
🇫🇷 Issa Diop (Toulouse)
🇪🇸 Chadi Riad (Palma)
🇪🇸 Achraf Hakimi (Madrid)
🇫🇷 Neil El Aynaoui (Nancy)
🇫🇷 Ayyoub Bouaddi (Senlis)
🇧🇪 Chemsdine Talbi (Sambreville)
🇧🇪 Bilal El Khannouss (Molenbeek)
🇫🇷 Samir El Mourabet (Strasbourg)
🇪🇸 Ismael Saibari (Terrassa)
The key to saving the environment is not looking backward, it’s moving forward.
I realized this the first time I visited Italy twenty years ago. Everything was clean and green. The rivers sparkled. The lesson for me was obvious: the answer is not underdevelopment. The answer is progress.
When China was poor, the air was so polluted that people could barely see the blue sky. Today, blue skies have returned to their cities. Development does not only create wealth, it also provides the resources needed to restore and protect the environment.
Some environmentalists want us to preserve every aspect of our biodiversity, including the mosquitoes for example, so that researchers can fly in once every ten years from their universities (which build particle accelerators and billion-dollar laboratories with their pocket money), study our ecosystems, and count how many people died from dengue outbreaks.
They want to buy our air through carbon credits. If carbon credits were such a great deal, they would be selling them to us, not the other way around.
Cleaning every river, lake, and water source in El Salvador, and ensuring they remain clean and sparkling, would cost roughly $12 billion. Where is that money supposed to come from without economic development? Carbon credits?
The path forward for our country is the path of Japan and Singapore, not the path of the Congo.
Ejecución en el centro de Barcelona, a plena luz del día, con la ciudad blindada por la visita del Papa, y frente a una comisaría.
En menudo pozo de basura y crimen han convertido este país.
Está todo el mundo hablando de La Casita de Bad Bunny pero tengo la sensación de que casi nadie sabe su historia y su genealogía, lo cual es un poco perverso porque la historia de La Casita es tan intrincada como una peli de terror psicológico.
La cosa —y la casa— tiene un principio, que está en Long Island en 1947. Allí un tipo llamado William Levitt miró un campo de patatas y vio, en lugar de patatas, el futuro de la clase media estadounidense, que para él tenía forma de diecisiete mil casas iguales. Literalmente Iguales.
Levitt había aprendido en la Marina a construir barracones a toda velocidad y aplicó la misma idea al baby-boom de posguerra: dividió la construcción de una casa en veintisiete pasos, puso a un hombre a hacer solo el paso nueve durante el resto de su vida natural, y empezó a escupir viviendas a razón de una cada dieciséis minutos. El que ponía los grifos no sabía clavar un clavo y el que clavaba no había visto un grifo, y entre todos, sin que ninguno entendiera la casa entera, levantaron un suburbio del tamaño de una provincia. Se llamaba Levittown.
Que tú dices pues muy bien, vivienda barata y rápida. Y sí, eso lo era. Y racista también, porque el contrato de esas casas idénticas incluía una cláusula que prohibía venderlas a cualquiera que no fuera de raza blanca. Estaba escrito. Con tipografía. O sea, la utopía de la clase media pero no me pongas negros ni hispanos cerca.
Así que tanto Levittown como todas las urbanizaciones que se construyeron en las afueras, también las que no tenían la cláusula explícita, se llenaron de blancos que huían de las ciudades —esto tiene nombre técnico, White Flight, la fuga blanca, que suena a maniobra militar y en el fondo lo era— dejando los centros urbanos a quienes no podían comprar un chalecito. El resultado fue un paraíso siniestro de céspedes idénticos donde todo el mundo era exactamente igual porque por contrato no podía ser de otro modo.
Unos quince años después, un funcionario de Puerto Rico se fue a Toa Baja, al norte de la isla, y desplegó sobre una mesa los mismos planos. Otro Levittown. La promesa de la clase media estampada en hormigón, y todo dentro de algo llamado Operación Manos a la Obra, donde las manos eran las de los boricuas y la obra de los gringos.
Aquí no había cláusula racial porque sería algo absurdo en un lugar tan mezclado como Puerto Rico y, claro, también porque en la isla la exclusión funcionaba por canales económicos, no por los del color de la piel. O no solo. El caso es que el módulo de Levitt entró y dentro de cada casita idéntica un puertorriqueño se instaló a desear exactamente lo que un señor de Long Island había decidido que un estadounidense debía desear.
Pasan sesenta años. La arquitecta Mayna Magruder Ortiz mira una vivienda real en Humacao, ahora al este de la isla, mira los planos de Levittown, y hace lo que hacen los arquitectos, que es copiar. Según algunas revistas de arquitectura, Mayna Magruder combina la herencia del XIX con la urbanización de posguerra, pero el resultado es una casa que está por todo Puerto Rico. Rosa pastel. Cornisas amarillas. Sillas de plástico monobloc, las que pesan ochocientos gramos y aguantan a un obispo, las que tu tío apila de seis en seis al final de la fiesta, el grado cero de la civilización con clima benévolo. También tiene la misma cubierta plana, salvo que aquí no es tejado sino un sitio para bailar, porque alguien decidió en una reunión que esa cubierta que durante toda la historia de la arquitectura caribeña sirvió para no morir bajo la lluvia, fuese ahora un escenario con aforo.
Pero lo que más conocemos todos es el balcón con marquesina. El balcón de la casa obrera puertorriqueña era el órgano social de la vivienda, el sitio donde se enfriaba la cerveza, se vigilaba al vecino y se conspiraba contra el casero, el único lugar donde la clase trabajadora hacía la cosa verdaderamente subversiva, que es estar junta sin pagar entrada.
En La Casita de Bad Bunny el balcón también tiene aforo. Quince personas. Y las quince son Ester Expósito, Los Javis, Lamine Yamal, una cantante llamada Judeline cuyo nombre se evapora a mitad de pronunciación, influencers cuya influencia también está en proceso constante de evaporación, además de unas cuantas chicas desconocidas, blancas y europeas pero disfrazadas de caribeñas a las que un ojeador —y la palabra es exacta— ha elegido para que puedan competir entre ellas por quién sale más segundos en las pantallas gigantes, cinco, trece, veintiuno. Ah, y Marta Ortega, presidenta de Inditex, que baila dentro de la réplica de una casa de clase trabajadora mientras por los altavoces suena un tema sobre la gentrificación de la isla, sobre la mudanza forzosa, sobre la bandera celeste de los independentistas, y nadie en el estadio detecta el cortocircuito porque no hay cortocircuito, el aparato fue diseñado para que la crítica del aparato circule por sus propias cañerías sin tocar jamás una pared.
Y así, la marquesina donde el bisabuelo no tenía dónde caerse muerto es hoy el lugar más caro del universo al que no puedes comprar entrada, porque no se vende, solo se concede, que es la forma final del lujo, el lujo que ni siquiera te deja la dignidad de pagarlo.
En 1967 —poco después de la Operación Manos a la Obra— Guy Debord dijo que la sociedad contemporánea no era una sociedad basada en la imagen, sino que era una sociedad *que es* imagen. La Casita es esa frase hecha hormigón rosa. La sociedad del espectáculo ha localizado una cosa sin mercantilizar —la nostalgia del barrio, la silla de plástico— y la ha mercantilizado tan a fondo que la ha construido a escala 1:1, la pasea por cuatro continentes y te cobra cien euros por verla de lejos y ni siquiera te das cuenta de qué es eso que ves de lejos.
El espectáculo ha engullido la historia de La Casita, la ha digerido, la ha metabolizado y la ha regurgitado convertida en lo que siempre devuelve el espectáculo después de comer, que es más espectáculo.
be iker jiménez
> te dan un programa de radio para un verano
> en la primera emisión te dice el técnico de sonido que se han borrado todas las grabaciones 30 segundos antes de entrar en directo
> improvisas y salvas el primer programa
> el verano va tan bien que en septiembre te dicen que sigues
> tu programa se convierte en líder absoluto de audiencia en su franja horaria
> decides llevar el formato a la tele
> te dicen que no va a funcionar, que nada que funcione en radio funciona en tele
> estaban equivocados, funciona
> en paralelo sigues con la radio
> un gobierno de derecha te da un toque porque te metes en un tema del que no les interesa que se hable (ébola)
> sientes que tu cadena te deja vendido y les dices que ahí se quedan
> te vas de la radio teniendo unas cifras de audiencia salvajes y te centras solo en la tele
> tu programa se convierte en uno de los más longevos de la historia de la televisión en españa sin cambiar de presentador (solo superado por jordi hurtado)
> llega una pandemia y la cadena paraliza la grabación de tu programa
> no te quedas quieto y te montas un programa en youtube desde tu casa
> lo revientas tanto en internet que la cadena te llama de urgencia para hacer un programa en prime time en directo
> ese programa también tira y decides cambiarle el nombre por si acaso decides seguir con él para hablar de otros temas cuando pase la pandemia
> te dicen que tú solo puedes hablar de ovnis y de fantasmas pero decides que el programa se centre en política
> aplastas sistemáticamente a la competencia directa en tu misma franja
> la cadena te propone pasar de hacer un programa a la semana a hacer cuatro a la semana
> dudas pero aceptas probar durante unas semanas a ver qué tal va
> va bien
> el presidente del gobierno (de izquierda esta vez) te llama bulero en el congreso de los diputados
> efecto streisand
> tu programa supera en audiencia a la gran apuesta de la televisión pública para esa misma franja
> tu mujer ha hecho cada uno de los programas contigo desde el día 1 de radio
> como no tienes suficiente con 5 emisiones a la semana, te da por componer música y te haces tú mismo la sintonía del programa
os caerá mejor o peor, pero es la cabra absoluta
❤️💙𝗧𝗼𝗱𝗼𝘀 𝗰𝗼𝗻 𝗲𝗹 𝗳𝗶𝗹𝗶𝗮𝗹
📣¡Abonado, ven y trae acompañantes el sábado para apoyar a nuestro filial en la lucha por entrar a la final del playoff de ascenso!
🎫Entrada público general 👉 5€
🔥¡Pongamos a 𝐫𝐮𝐠𝐢𝐫 al Coliseo de nuevo!
#CanteraCDMinera
Yo nunca pregunto el porqué. Por educación y por respeto. Si una pareja no tiene hijos es sólo por dos motivos: o porque no puede o porque no quiere. Si es porque no puede, cada vez que le preguntas le arrancas el alma. Si es porque no quiere, le estás tocando los cojones.
No es Pedro Sánchez, es el votante socialista. Es tu vecino, tu cuñao el progre y tu compañero de trabajo. Ellos son los verdaderos culpables de esta ruina, ellos son quienes han vendido España a los herederos del tiro en la nunca y al independentismo.