@memelito@Mi_carro_Yyo Mírame ese nivel de bajeza, de falta de humanidad rajar del padre que mato el gobierno de la época. Y Ud igual o peor de impedido compartiendo eso
@pretelstein@IvanCepedaCast Creo que es mejor ahora donde no todos aquellos que votaron por Paloma o por el centro, están seguros de entragarle el País a Abelardo.
@AdrianaRuizH Me llama la atención que inclusive para Gabriel de las Casas (que es de derecha y crítico de este gobierno) y para los demás de la luciérnaga es un exceso que se dilde de esquizofrenico o imbecil a alguien por pensar diferente
@Redazul676398@DavidTeleki1 Si pero como profesional puede escoger a quien defiende y que casualidad que al defender paramilitares le fue tan bien que su patrimonio creció en 6-7 años. Que coincidencia
Compatriota:
Con absoluto respeto, te escribo como profesor universitario de ética desde hace más de quince años, matemático, profesional, magister y doctor en Filosofía e investigador asociado a MinCiencias.
Antes de depositar tu voto, te invito a hacer un ejercicio sencillo: comparar no solo programas de gobierno, sino también trayectorias de vida, discursos, comportamientos públicos y referentes éticos.
Entre las/los cinco candidatos/as con posibilidades reales, solo uno acumula señalamientos e investigaciones que han suscitado profundas inquietudes en la opinión pública; solo uno ha sido relacionado reiteradamente con figuras controvertidas (DMG, Alex Saab, “Tuso” Sierra, “Mono” Abello, etc.); solo uno ha protagonizado declaraciones ofensivas contra amplios sectores de la sociedad colombiana, llegando a describir al país como una nación de “desagradecidos, desleales y cafres”; solo uno de ellos ha dicho que “destripará” a la oposición; solo uno ha sido cuestionado por expresiones públicas consideradas machistas, misóginas y homofóbicas; solo uno ha manifestado actitudes incompatibles con el respeto hacia los animales; solo uno posee múltiples nacionalidades mientras aspira a encarnar el proyecto nacional colombiano; solo uno carece de experiencia en la administración pública; solo uno se decía ateo antes de la campaña; solo uno ha invertido sumas multimillonarias en publicidad (más de $ 30.000 millones) para construir una imagen política.
Y la lista podría continuar…
Por eso, la pregunta que debemos hacernos no es únicamente quién puede gobernar, sino quién merece gobernar. No es solo una discusión sobre ideologías, derechas o izquierdas, simpatías o antipatías. Es una discusión sobre el carácter, la coherencia, la integridad y el ejemplo.
Porque una democracia no se degrada únicamente por las malas decisiones políticas; también se deteriora cuando normaliza conductas, discursos y trayectorias que jamás deberían convertirse en referentes públicos.
Colombiano, colombiana: esta no es solamente una decisión política. Es, ante todo, una decisión ética.