Hay algo profundamente triste en ver al partido que durante tantos años contuvo a buena parte del electorado republicano, dispuesto hoy a negociar casi cualquier condición con tal de cerrar un acuerdo con el oficialismo para conservar algunos espacios de poder.
En los últimos días hablé con varios dirigentes de primera línea, de distintos partidos, personas a las que respeto por su compromiso con la República y que hoy tienen responsabilidades legislativas y ejecutivas. Con distintos matices, todos coinciden en un diagnóstico similar: el PRO parece cada vez más dispuesto a resignar identidad con tal de acordar con Milei. Confieso que me cuesta reconocerme en ese camino.
Quizás el problema sea más profundo. Hace unos días, conversando con Ricardo López Murphy, me dejó una idea que sigue resonando en mi cabeza: la polarización puede servir para ganar elecciones, pero difícilmente sirva para construir un país. Las trincheras son eficaces para derrotar al adversario; casi nunca para construir el futuro. Y cuando la política termina convenciendo a la sociedad de que sólo existen dos bandos posibles, las ideas empiezan a desaparecer detrás de la lógica del poder.
Sigo creyendo en los acuerdos. Pero los acuerdos sólo tienen sentido cuando no exigen renunciar a los principios que les dan fundamento. Porque cuando el poder se convierte en un fin en sí mismo, las ideas dejan de orientar el camino y pasan a convertirse en una moneda de cambio.
Tal vez me equivoque. O tal vez simplemente me esté tocando asumir que el espacio político con el que hasta hace no mucho me sentía cercano ya no existe.
Si es así, habrá que ayudar a construir otro. Un espacio que defienda sin complejos la República, la libertad, la honestidad, la igualdad ante la ley y el mérito. Que vuelva a representar a la enorme clase media argentina, a quienes trabajan, producen, emprenden, estudian, invierten y a los jubilados que hicieron grande este país. Un espacio donde esos valores no sean consignas de campaña, sino convicciones que no se negocian.
No sé cuántos seremos. No sé cuánto tiempo llevará. Ni siquiera sé si los resultados electorales acompañarán. Lo que sí sé es que hay momentos en los que hacer lo correcto vale más que cualquier cálculo político. Y si ese camino es el que toca recorrer, ahí estaré.
Ante todo, cinismo. Viniendo de uno de los personajes más cuestionados de este gobierno con sospechas de negocios paralelos a diestra y siniestra…
Pero, aun dejándo eso de lado, y celebrando que por fin quieran hablar de lucha contra la corrupción, aún en ausencia de una política pública contra la corrupción, el argumento es intelectualmente pobre.
Reducir el tamaño del Estado puede disminuir oportunidades de corrupción menor, eliminando burocracia innecesaria y puntos de peaje. Eso nadie serio lo discute.
Pero lo que combate la gran corrupción no es un Estado más chico, sino instituciones más fuertes: organismos de control independientes, una Justicia que pueda actuar sin presiones y mecanismos efectivos de rendición de cuentas. Justamente las instituciones que este gobierno ha debilitado y que este personaje se ocupó personalmente de colonizar.
La corrupción no desaparece porque haya menos Estado. Desaparece cuando quienes gobiernan saben que alguien puede investigarlos, controlarlos y condenarlos.
Eso es lo que destruyeron. Y es precisamente esa ausencia de controles la que permite la corrupción de alto nivel: la que practican quienes se apropian del dinero de los argentinos.
Por último, achicar el Estado es también reducir los gastos reservados de la SIDE…esos de los que disponen a discreción y que no han hecho más que incrementar.
"Hay una ironía en la sustitución de Adorni. No es más que una demostración de que el Gobierno no cree que la crisis haya estado relacionada con cuestiones éticas o vinculadas con la corrupción. De lo contrario, no hubieran elegido a Santilli, de quien uno pueda esperar muchas cosas, por ser un político extremadamente hábil, menos una purificación de la gestión pública. Santilli tiene más problemas que Adorni con sus declaraciones juradas"
Editorial de Carlos Pagni.
Majúl le preguntó a Milei si Adorni iba a cobrar los 95 millones de YPF y Karina lo interrumpió para que no pueda contestar, LE DICEN QUE DECIR Y QUE NO DECIR, nos gobierna una pastelera que NADIE votó jsjajaj es inaudito
El directorio de YPF se fijó un ingreso mensual de $93 millones para cada integrante en 2026.
Adorni ocupa la silla del Estado nacional. No cobra honorarios porque es jefe de Gabinete.
Si deja de serlo, comenzar a cobrar en YPF depende de su decisión. Guillermo Francos lo hizo. Lleva acumuados $ 650 millones.
"80 MILLONES"
Porque tras dejar formalmente el cargo como Jefe de Gabinete, se activó su sueldo como Director de YPF que ronda los 80 millones de pesos mensuales
🚨🇬🇧 ¡TERRIBLE ESCÁNDALO!
Acaban de publicar nuevas imágenes de la cámara corporal de uno de los policías, que estuvo presente el día del asesinato de Henry Nowak y que entrevistó al criminal Vickrum Digwa.
Digwa: "He sufrido un ataque racista".
El Policia: "Lo sé, amigo, lo sé", y añade: "No estoy diciendo que hayas hecho nada, amigo".
Finalmente Digwa se quejó de estar cansado, y que las luces del patrullero le molestan los ojos.
En ese momento la Policia esposó a Nowak moribundo, y dejó libre a Digwa. La sumisión de la Policia con esta gente es una absurda locura.
Proteger al mentiroso de Adorni por puro capricho sirvió para desenmascarar los escasos límites éticos de muchos radicales, dirigentes del PRO y peronistas. Perdieron la poca dignidad que les quedaba. Y Adorni, al final, se va a tener que ir.
Buenos Aires, 24 de junio de 2026
Al Ing. Mauricio Macri
Presidente del PRO
De mi mayor consideración:
Por medio de la presente quiero presentar mi renuncia irrevocable al PRO, partido que tuve el honor de fundar junto a vos hace más de veinte años.
No es fácil escribir estas líneas. Una parte importante de mi vida está unida a la historia del PRO. Compartimos el sueño de construir una nueva forma de hacer política, basada en la honestidad, la cercanía, la vocación de servicio y el respeto por las instituciones. Desde ese sueño asumí responsabilidades que marcaron mi vida y puse siempre lo mejor de mí para honrar la confianza que el partido y la sociedad depositaron en mí.
Justamente por haber sido parte de esa construcción, siento hoy la obligación moral de ser coherente con aquellos valores fundacionales.
Desde hace ya un tiempo me cuesta reconocer en muchas decisiones del partido el espíritu que nos dio origen. No se trata de diferencias tácticas, ni de matices propios de cualquier fuerza política. Se trata de una distancia cada vez mayor entre los principios que decimos defender y las decisiones que finalmente adoptamos.
Mi enfermedad me obligó a mirar la vida desde otro lugar. Me enseñó que el tiempo es demasiado valioso para vivir en contradicción con la propia conciencia. También me confirmó una convicción que atraviesa Liderazgo espiritual: el verdadero liderazgo no nace del poder ni del éxito electoral; nace de la coherencia entre los valores que proclamamos y las acciones que elegimos cuando esos valores son puestos a prueba.
En ese camino de reflexión fui comprendiendo que permanecer en el partido implicaba aceptar silencios y decisiones con las que ya no podía identificarme.
La protección brindada a Manuel Adorni fue, para mí, el hecho que terminó de hacer evidente esa distancia. No porque crea que una persona defina el destino de un partido, sino porque las organizaciones revelan su verdadera identidad en aquello que deciden justificar, tolerar o defender. Cuando la conveniencia política comienza a pesar más que la responsabilidad ética, el liderazgo pierde su sentido más profundo.
No escribo estas palabras desde el enojo ni desde el resentimiento. Siento un profundo agradecimiento por el camino recorrido, por las oportunidades que recibí y por tantas personas valiosas con las que compartí este proyecto. Conservo intacto el afecto por quienes, desde distintos lugares, siguen creyendo de buena fe en el PRO.
También mantengo hacia vos un sincero reconocimiento por haber impulsado un espacio que cambió para siempre el mapa político argentino y permitió que muchos encontráramos un lugar desde donde servir al país.
Pero hay momentos en los que la fidelidad a una organización no puede estar por encima de la fidelidad a la propia conciencia. Permanecer, para mí, sería dejar de vivir de acuerdo con aquello que intento enseñar y transmitir.
Por eso doy este paso con serenidad, sin estridencias y sin rencores. Mi compromiso con la Argentina permanece intacto. Seguiré trabajando, desde donde Dios me permita hacerlo, para promover una cultura política que entienda el poder como servicio, la verdad como un deber y la dignidad de cada persona como el centro de toda decisión.
Deseo sinceramente que el PRO pueda reencontrarse con el espíritu que inspiró su nacimiento. Porque los partidos políticos, como las personas, solo perduran cuando tienen el coraje de volver una y otra vez a los principios que les dieron vida.
Con respeto y afecto,
Esteban Bullrich
Vergonzosa la actitud del PRO y los Radicales encubriendo a Adorni en el Congreso. Les mintió en la cara pero parece que el culo sucio de algunos puede mas que el respeto a las instituciones.
Necesita desesperadamente renovar su mandato desde algún lugar en el 2027.
La temeridad de Pichetto no tiene límites.
TRES instancias judiciales condenaron a Cristina y él sale a decir que es inocente. Su propuesta no tiene asidero jurídico.
Más cobarde no se consigue. Se corre del micrófono pero no renuncia.
Sigue aferrado al cargo de jefe de Gabinete, escondido detrás de Karina.
Éxitos al nuevo vocero.
Para los que dicen que no fue a propósito, llevan semanas queriendo ensuciar a Messi por no marcar una agenda política. Estos zurdos de mierda son lo peor que hay.
@_LauraDiMarco Periodistas con titulo se la pasan operando con fake news, con medias verdades, o distrayendo para tapar temas importantes. Periodistas que trabajan para los intereses de quien los financia, aunque no reciban un “sobre”.
El problema no es Florencia Peña. Son los medios en general