«Juno... no suena familiar. »
Normalmente se habría retirado tan pronto la otra persona terminase de hablar, no parece entrar dentro de sus objetivos. Pero tampoco es tan maleducado de primeras, así que decide asentir por respeto.
— Hablas con demasiado respeto para ser normal.
——— Oh, soy Juno.
Respondió casi enseguida con una pequeña sonrisa en su pecoso rostro , dudó un poco antes de extender su mano hacia el contrario.
——— ¿Un gusto? Eh.. si, eso.
Pasan unos tres largos segundos antes de que responda. Olisquea el aire; no huele a sangre maldita.
— Alguna vez. ¿Quién eres?
Las introducciones son vistas como fruslerías, de ahí que prefiera ir directo al grano. No suena violento, solo directo.
— No me suenas.
— A mí no me vengas con tus dramas. —contesta tajante, omitiendo las comparaciones sin turbarse en absoluto.— Tu preciosa hermanita decidió convertirse en la Reina de Negro y asumir el control de los simbiontes. ¿De verdad no has escuchado nada de eso?
Se cruza de brazos.
—No es por nada pero, eres tú el que has sacado a flote el tema de Klyntar. Si después de que te pregunte vas a responder como alguien que no recibió abrazos de pequeño podemos dar nuestra breve pero agradable charla por terminada.
Responde con un tono despreocupado, pero no »
>> encima del muchacho, expectante.
—Buscamos pistas, chafamos los planes de los vampiros (y demonios, pero esto no lo diría en alto) y evitamos repetir el incidente de la última vez. ¿Ha quedado claro? Perfecto, en marcha.
Da igual que tipo de Spiderman, ninguno sabe bien cuando mantener la boca cerrada. Aunque por lo menos este chico no es Parker, de lo contrario ya estaría apelando seguramente por la vida de los murientes malditos que tenía pensado recolectar esta noche.
Ha aparcado su >>
—Uhm... Lo pillo, mejor dejo el parloteo para después. — Asiente con tanto ímpetu que casi parece una reverencia de disculpa.
Al recuperar postura, salta hacia la cornisa del tejado en el que estaba y, agazapado, espera órdenes.
—Le sigo... ¿Pero puedo saber qué ha pasado?
todavía siguen propagadas y ahora ciertos clubes de vampiros se han agenciado con ellas.
Está a un impulso de subirse a la moto. Gira lentamente la cabeza hacia Morales, ofreciendo una mirada de soslayo que, aunque no aprecie los orbes de Blade, parecen clavarse fijamente >>
— Pregúntaselo a tu hermana.
Son las únicas palabras que le dedica, esta vez con mayor dureza en la voz. Aunque probablemente no pudiera hacerlo ahora mismo, ya que la susodicha se encuentra desaparecida en algún lugar de la Ciudad del Dolor.
— Si es que no te traiciona >>
—Por supuesto que no lo eres, querido. Los bufones 𝙨𝙤𝙣 graciosos.
Da varios toques sobre su mentón, haciéndose ver como si estuviese pensando en qué estuvo metido la semana pasada.
—He estado en muchos sitios, en muchos planetas. ¿Qué ocurre con ese agujero de simbiontes?
—Dudo mucho que alguien como tú tenga algo que «zanjar» con mi hermana. Pero cuéntame más, está siendo una mañana muy aburrida.
Ignorando su advertencia/amenaza porque a quién se le ocurre.