Todos sus pueblos levantan
ecos de gritos rebeldes
y son sus mártires tantos
que nunca habrá quien los cuente.
Mirad despacio a este pueblo
que detrás de un rostro alegre,
lleva un corazón cargado
de opresiones y de muertes.
VIVA ANDALUCÍA LIBRE!
#4diciembre#Andalucialibre
😂😂 No me hagan reír. Ni Alvise ni Leire. La cuestión es si existe una trama corrupta dentro de la UCO. Y una de las claves es Aldama y sus vínculos con el Partido Popular. Entiendo que no me perdonen el intentar destaparla. Salud.
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Obispos, arzobispos, curas, capellanes y su Cruzada de muerte.
La muy santa, muy católica, muy apostólica y españolísima iglesia.
El cura de Navarra Antonio Oña, armado con pistola y uniforme de campaña, decía a una madre que intercedía por la vida de su hijo condenado a muerte: «Mira hija, si lo matan ahora irá al cielo. Si no lo matan, volverá a la andadas y se condenará. ¿Qué mejor momento para morir que ahora que está confesado?». Fue nombrado canónigo de Pamplona y en 1956 ascendió a Obispo de Mondoñedo.
El cura de Zafra (Badajoz), Juan Galán Bermejo, capellán de la 11ª bandera del 2º Regimiento, estaba entre los asaltantes a la catedral. Descubrió a un miliciano escondido en un confesionario y lo mató con su pistola. Galán se jactaba, mostrando su pistola, de que llevaba «quitados de en medio más de cien marxistas». Fue mucho peor, se le atribuyen 750 asesinatos.
El sacerdote de Calahorra (Logroño) Francisco Lajusticia vestía el uniforme de Falange con pistola al cinto.
El cura de Badajoz, Isidro Lombas (o Lomba) Méndez participó en la represión, pues elaboraba las listas de quienes aún vivían y había que detener para llevarlos a la Plaza de Toros.
El coadjutor de la parroquia de Murchante (Navarra) Luis Fernández Magaña, administrador del Conde de Rodezno era requeté y daba los tiros de gracia a los fusilados que habían sido sacados de la cárcel de Tafalla por un grupo de requetés el 21 de octubre de 1936, antes de arrastrarlos a la fosa común.
Hermenegildo de Fustiñana, capuchino y capellán carlista, el 6 de agosto de 1936, junto a otros carlistas, sacó de la cárcel de Jaca a Desideria Giménez de 16 años, y a Pilar Vizcarra, embarazada, que una semana antes había visto como era asesinado su esposo. Las mataron vilmente en campo abierto.
El médico de Sábada (Zaragoza) pidió que se demorara la ejecución de la joven de 19 años Basilia Casaus, embarazada de gemelos, se esperaba que diera a luz en apenas 2 semanas. Guardia civil y falangistas estuvieron de acuerdo en el aplazamiento, pero el cura del pueblo, primo de la víctima, se negó en rotundo diciendo: “Hay que fusilarla, muerto el animal, muerta la rabia”. Los deseos de este psicópata fueron atendidos y fue fusilada frente al castillo de Sádaba.
Por la sastrería eclesiástica de Benito Santesteban en Navarra, pasó a comienzos del verano de 1936, días antes del «glorioso movimiento nacional», el obispo de Zamora Manuel Arce Ochotorena, quien al despedirse de Santesteban le dijo: «Bueno, si en lugar de sotanas me envías fusiles ¡mejor que mejor! Ya me entiendes.»
El sacerdote Alejandro Martíne, le contó a Ronald Fraser para su historia oral de la guerra civil que «fue a partir de aquel día [14 de abril de 1931] cuando comprendí que nada se conseguiría por medios legales, que para salvarnos tendríamos que sublevarnos antes o después.»
Ramón Palacios García, párroco de la localidad burgalesa de Hormaza, quien se había «ofrecido» desde el mismo día de la sublevación a Falange Española «y en su doble calidad de soldado y ministro del Señor, acudió después allí donde el deber le llamaba», al frente de guerra. Cayó herido «alabando a Dios y vitoreando a España por brindarle aquella ocasión de derramar la sangre por su Patria». Según la crónica del Diario de Burgos del 18 de agosto, ese belicoso sacerdote se había incorporado a la «innumerable falange de mártires de la cruzada».
En Alsasua, según el testimonio del entonces párroco Marino Ayerra, los capuchinos «estaban como fuera de sí, poseídos de la exaltación de la hora mesiánica». «Hemos hablado con los requetés», declaraba el padre jesuíta Huidobro, capellán de la Legión, «que lo llenan todo de religioso idealismo, patria y hasta elegancia (…) ¡Cómo hablan de la muerte!… Este espectáculo de un pueblo que sólo sabe rezar y luchar es algo tan grande…». Y fray Justo Pérez de Urbel escribía: «¡Qué estallido de entusiasmo! ¡Qué desprecio a la muerte!”»
En Badajoz, un cura le dijo a Mario Neves (periodista portugués revelador de la matanza de la plaza de toros) que los muertos eran tantos que no era posible darles sepultura inmediata y que sólo la incineración masiva conseguiría evitar que los cadáveres se pudrieran. El 17 de agosto el cura acompañó a Neves al cementerio. Habían derramado gasolina y centenares de cuerpos ardían. El sacerdote, consciente de que el espectáculo desagradaba a Neves, se lo explicó con toda claridad: «Merecían esto. Además, es una medida de higiene indispensable.»
El arzobispo de Santiago Tomás Muniz, en una circular del 11 de noviembre de 1936 ordenaba a los párrocos que se abstuviesen «de dar certificados de buena conducta religiosa a los afiliados a sociedades marxistas». Lo que tenían que hacer los curas era «…certificar en conciencia, sin miramiento alguno, sin tender a consideraciones humanas de ninguna clase».
El párroco de Calamocha (Teruel), informó sobre un maestro de Badalona como «fusilable».
El cura de Nierva (Segovia) escribió sobre el maestro Mariano Domínguez, asesinado en agosto de 1936: “Nunca cumplió con sus deberes cristianos, poseía ideas avanzadas en la escuela antirreligiosa y antipatriótica en grado supremo”.
Antonio Añoveros, después obispo de Bilbao, estuvo presente en la matanza de las Bardenas, y un cura castrense, lejos de paralizar la matanza, bendijo la barbarie de Valdediós.
El cura de Obanos, Santos Beguiristáin, participó activamente contra los vecinos Republicanos de los cuales elaboraba listas: Los fusilados eran “muertos por el peso de la justicia”.
Tras la entrada en el pueblo de los franquistas, el cura de Rociana, Huelva, Eduardo Martínez clamaba desde el balcón del ayuntamiento: ¡Guerra contra ellos hasta que no quede ni la última raíz!, porque los 200 que ya habían asesinado le parecían pocos. Tras sus informes, 2 meses después se detuvo, juzgó y fusiló a otros 15 vecinos.
Un capellán castrense entró en los barrios obreros sevillanos de La Macarena con la columna de legionarios y falangistas “a sangre y fuego”.
El cura de Pamplona Fermín Izurdiaga, fundador de “Arriba España” y de “Jerarquía, revista negra de la Falange” animaba así: “Tienes obligación de perseguir al judaísmo, a la masonería, al marxismo y al separatismo. Destruye y quema sus periódicos, sus libros, sus revistas, sus propagandas. ¡Por Dios y por la Patria!”.
El sádico jesuita Vendrell, párroco de la cárcel de Alicante, que llevaba un crucifijo del nueve largo bajo la sotana, les decía a los que iban a ser fusilados “No tened miedo porque los moritos tienen buena puntería”.
El coadjutor de la parroquia de La Concepción (Huelva), Luis Calderón Tejero realizó un fichero de “rojos” que, después de la guerra, se convirtió en «información cualificada» del Tribunal para la Represión de la Masonería y el Comunismo”.
El predicador de la iglesia de la Merced de Burgos pedía un castigo implacable: «Que su semilla sea borrada, la semilla del mal, la semilla del diablo, los hijos de Belcebú son los enemigos de Dios».
Rodríguez se llamaba el cura verdugo del penal de Ocaña, encargado de dar los tiros de gracia con su pistola star a los fusilados, otras veces los golpeaba con un martillo en la cabeza.
Enrique Pla y Deniel, obispo de Salamanca: La guerra es “necesaria” y “una gran escuela forjadora de hombres”. En 1939, exterminada la II República Gomá recibió de Franco, en la iglesia madrileña de Santa Bárbara, el espadón de caudillo victorioso y paseó al dictador bajo palio con varios obispos saludando brazo en alto, al modo fascista.
(Recopilatorio realizado por Tulio Riomesta para Tercerainformación)
Torturadores premiados.
Miembros de la guerra sucia contra ETA, torturadores del franquismo que reciben distinciones en democracia, ascensos, indultos y condecoraciones a maltratadores con sus víctimas muertas por las palizas en dependencias policiales, sentenciados por torturas en comités europeos contra estas prácticas... EL TEMPS traza una radiografía incompleta de aquellos agentes de seguridad que fueron premiados o conservaron los galardones pese a participar en estas acciones represivas.
Era un día de fiesta en la policía española. Entre vinos y comidas adornadas con banderitas españolas, se celebraba la festividad de los Ángeles Custodios, patrón del Cuerpo Nacional de Policía (CNP). En la comisaría del distrito madrileño de Ciudad Lineal estaban presentes varios mandos policiales. Pero también destacaba, con una copa en la mano, Antonio González Pacheco, más conocido como Billy el Niño. Policía durante el régimen franquista, está imputado por torturas en Argentina, aunque sus técnicas de interrogatorio, marcadas por ahogamientos y palizas, según relatan sus víctimas, se produjeron en el Estado español.
La presencia del presunto torturador levantó polémica. Como también lo hicieron sus cuatro condecoraciones policiales que aumentan su pensión de por vida en un 50%. González Pacheco fue galardonado en 1972 por el franquismo con una medalla que incrementaba su paga un 10%. En 1977 recibió otra condecoración con la que se aseguraba una subida del 15%. Fue otorgada por Rodolfo Martín Villa, entonces ministro del Interior, jerarca del régimen fascista de Francisco Franco e implicado en la represión mortal de Vitoria en 1976 cuando ocupaba el cargo de ministro de Relaciones Sindicales. El supuesto torturador recibió dos medallas más en 1980 y 1982.
Billy el Niño, sin embargo, no es el único miembro de la policía franquista condecorado pese a las acusaciones de malos tratos. El jefe de la Brigada Político-Social de Guipúzcoa, Melitón Manzanares, fue galardonado durante el franquismo. Más aún: en 2001 fue reconocido con la Real Orden de Reconocimiento Civil a título póstumo por el ejecutivo del popular José María Aznar. Asesinado por ETA, la distinción provocó la indignación de las víctimas que habían sufrido sus métodos de tortura.
Incluso, y como González Pacheco, hay tres agentes investigados por torturas en Argentina que cobran un sueldo gracias a las condecoraciones obtenidas. Jesús González Reglero es uno de ellos. Integrante del grupo Anti-Grapo dirigido por Billy el Niño y relacionado con la ultraderecha, recibió la Cruz al Mérito Policial con distintivo rojo. Pascual Honrado de la Fuente, “el más bestia de todos”, según el testimonio de una de sus víctimas, también contaba con ese galardón.
El tercer miembro de los cuerpos de seguridad del Estado con esta prebenda era Jesús Martínez Torres, que después trabajó en la empresa armamentística Santa Bárbara. Fue señalado como torturador por el médico progresista Mikel Azkue o por trabajadores que en 1975 organizaron diversas acciones sindicales, tal como recogía El País en un reportaje de 1985. Ascendido a comisario general de Información en 1982, acumuló más medallas que las recibidas en 1972 y 1974. Imputado, aunque más tarde absuelto, por el terrorismo de Estado del Grupo Antiterrorista de Liberación (GAL), en 1988 recibiría la Medalla de Oro al Mérito Policial y en 2013 sería reconocido como comisario honorario del CNP. Fue galardonado también en 1984 junto al oscuro policía José María Escudero Tejada, según denunció hace unas semanas en el Congreso de los Diputados la parlamentaria de EH Bildu, Marian Beitialarrangoitia. La diputada abertzale, además, reveló que había aproximadamente 100 casos similares. EL TEMPS radiografía los más controvertidos.
La sombra de los GAL
El compañero de distinción de Martínez Torres, el inspector Tejada, había sido premiado años antes. En 1976, ostentando la graduación de inspector, recibió la Cruz al Mérito Policial. El Ministerio de Gobernación entregó el mismo reconocimiento a otro inspector policial, Francisco Álvarez Sánchez, que se convertiría con los años en responsable del Gabinete de Operaciones Especiales del Ministerio del Interior y jefe superior de la policía española en Bilbao.
Ese agente admitiría décadas más tarde ser el responsable del secuestro frustrado del miembro de ETA José María Larretxa. La confesión la realizó durante la investigación de los GAL. De hecho, por aquella acción de la guerra sucia contra ETA fueron condenados Jesús Alfredo Gutiérrez, que después acabaría dirigiendo el 091 en Barcelona, y Sebastián Sotos García, quien recibiría una Cruz al Mérito Policial con distintivo blanco, la Cruz de Plata con distintivo rojo, la Medalla al Servicio Policial, la Cruz a la Dedicación al Servicio Policial y otra condecoración de los gobiernos de Aznar, Felipe González, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy, tal como destapó el senador de EH Bildu, Jon Iñarritu. Cinco medallas de cuatro ejecutivos distintos.
Conocido como GALvarez, Álvarez Sánchez sería condenado en 1998 por el secuestro del francés Segundo Marey, al que confundieron con un integrante de ETA. Aunque salió con vida, fue sistemáticamente torturado, según relató la víctima. Junto con Álvarez, sería sentenciada toda la plana mayor del Ministerio del Interior de entonces: desde el ministro socialista José Barrionuevo al secretario de Estado Rafael Vera, también del PSOE. Sin embargo, recibirían el indulto parcial.
Uno de los centros desde los que operó la guerra sucia contra ETA fue el cuartel de la Guardia Civil de Intxaurrondo, ubicado en San Sebastián. El 12 de octubre, día de la Hispanidad y de la Benemérita, fueron condecorados dentro de aquellas instalaciones el general Enrique Rodríguez Galindo y el teniente coronel Ángel Vaquero. Ambos fueron condenados en el año 2000 por el crimen de Juan Ignacio Zabala y José Antonio Lasa, dos miembros de ETA que fueron secuestrados, torturados, asesinados y enterrados en cal viva por los GAL, de los cuales formaban parte Galindo y Vaquero. El agente Felipe Bayo, procedente del viejo Centro Nacional de Inteligencia español y también sentenciado por ese homicidio, recibiría la Cruz de Plata de la Guardia Civil en 1984.
Entre los encarcelados por aquel acto de terrorismo de Estado también destacaba el sargento Enrique Dorado. Implicado en la muerte de Mikel Zabalza, fue arrestado cuatro meses por tráfico de tabaco, detenido por un robo y condenado por torturas a Jokin Olano. Según publicó El Mundo, Dorado había recibido doce felicitaciones de la Guardia Civil por sus acciones anti-ETA, la Cruz al Mérito Militar y cuatro cruces al Mérito de la Guardia Civil con distintivo rojo. Expulsado de la Benemérita, disfrutó de una pensión de 1.800 euros.
En aquel cuartel, y el mismo día que Galindo y Vázquez, recibieron la Cruz de Plata de la Orden del Mérito del Cuerpo de la Guardia Civil Rafael Sánchez Fernández y José Domínguez Tuda, procesados en aquel momento por torturar al miembro de Herri Batasuna Joxe Mari Olarra y a dos de sus hermanos. También recibieron esta distinción los agentes acusados de tortura Alejandro Iglesias Blanco y Miguel Alonso Manzano. Manzano estaba involucrado en los malos tratos al hermano de un parlamentario vasco junto con el propio Domínguez. El letrado defensor de los uniformados, el teniente coronel del Ejército del Aire José Antonio Suárez de la Dehesa, logró también esta condecoración. Más aún: Interior lo nombró en 1984 asesor jurídico de la Dirección de la Seguridad del Estado. Vinculado a sectores de extrema derecha, se opuso al regreso de Santiago Carrillo al Estado español.
Domínguez Tuda, junto con otros dos miembros de la Benemérita condenados por torturas a los hermanos Olarra, fue indultado en 1991. Doce meses después volvería a ser sentenciado por maltratar a Olano. Si en la anterior ocasión fue indultado por el entonces ministro del Interior José Luis Corcuera, en 1995 recibiría la medida de gracia del denominado superministro de Interior y Justicia Juan Alberto Benlloch, junto con el otro agente condenado. “Han mostrado en los últimos once años de servicio en tareas de investigación del terrorismo que están efectivamente reinsertados”, argumentó el ministro.
Condenado en 1997 por “un delito de torturas a la pena de ocho años y un día de inhabilitación especial”, Leoncio Castro, según publicó El Mundo, recibió la Cruz Roja al Mérito de la Guardia Civil. Esa misma información afirmaba que Castro era el jefe de operaciones de los GAL en Navarra. Trabajador del sector de la vigilancia privada después, la Audiencia de Vizcaya lo consideró autor material del maltrato a Ana Ereño, periodista de Egin. Otro comandante de la Guardia Civil, José Ramón Pindado Martínez, fue condecorado en 1985, como reveló la parlamentaria abertzale Marian Beitialarrangoitia. Una década más tarde fue procesado por torturar a varios miembros de ETA político-militar entre 1985 y 1989. El juez Baltasar Garzón lo detuvo en una redada contra el narcotráfico y el servicio de inteligencia español lo vinculó en un informe al “caso del tiro en la nuca”, es decir, a la supuesta manipulación de pruebas sobre la muerte de la miembro de ETA Lucía Urigoitia.
La diputada de EH Bildu también denunció el pasado 22 de octubre en el parlamento español que “el guardia civil José Martínez Salas, que mató de un tiro en la nuca a Gladys del Estal en una protesta en Tudela contra la central de Lemoniz, recibió la Cruz del Mérito Militar en 1992”. Hay casos, sin embargo, que van más allá de las fronteras del País Vasco. Interior condecoró en la pasada legislatura a ocho agentes de la Benemérita absueltos de maltratar a una persona migrante.
De indultos y ascensos
Hasta la muerte. “Colgado en una barra varias veces mientras me daban golpes con los pies, quemándomelos sin saber con qué; saltando encima de mi pecho; los porrazos, los puñetazos y las patadas fueron en todas partes”, relató Joxe Arregi, un joven presuntamente ligado a ETA que vio cómo le segaban la vida con aquellas torturas. “De los 73 agentes que participaron en los interrogatorios, solo dos fueron condenados”, censuró Beitialarrangoitia. Se trataba de Antonio Gil Rubiales, “que había sido condecorado con anterioridad”, según la diputada independentista. “El otro agente condenado, Julián Marín Ríos, fue condecorado ese mismo año 1981, cuando ya estaba procesado por la muerte de Joxe Arregi”, relató desde la tribuna del Congreso. Ambos policías fueron indultados en 1990 por Felipe González. Gil Rubiales, uno de ellos, ascendió en 2005 al ser nombrado comisario provincial jefe de la policía española en Tenerife.
El coronel en la reserva de la Guardia Civil José Pérez Navarrete, condecorado en 2016, también estuvo condenado por las torturas a Juana Goikoetxea. Sin embargo, fue indultado en 1993 por el gobierno del PSOE junto con el resto de sentenciados: los agentes Emilio Parra, Alejandro Iglesias, Julio Saavedra y José Antonio Hernández del Barco. Absuelto de otra querella de torturas y asesor durante un tiempo de Vera, fue premiado por el Gobierno español al formar parte del equipo de la Presidencia española del Consejo de la Comisión Europea, tal como reveló el diario Gara.
Más polémico, sin embargo, fue el nombramiento del miembro de la Guardia Civil José María de las Cuevas como representante del Comité para la Prevención de la Tortura en 2001. No en vano, en 1997 fue condenado por maltratar al miembro del grupo violento ETA Kepa Urra. Con una rebaja de pena por el Tribunal Supremo, De las Cuevas fue indultado por Aznar junto con los otros responsables de desnudarlo, golpearlo y arrastrarlo por el suelo.
Condecorado con cinco cruces al Mérito de la Guardia Civil con distintivo rojo y con la Legión de Honor francesa, Manuel Sánchez Corbí fue otro de los agentes condenados por torturar a Urra y posteriormente indultados por el PP. Ascendido a capitán durante su procesamiento por ese caso, dirigió en los últimos tiempos la Unidad Central Operativa de la Benemérita, un cuerpo encargado de las investigaciones contra la corrupción. Destituido por el actual ministro del Interior, el magistrado conservador Fernando Grande-Marlaska, recibió una nueva distinción tras abandonar el cargo.
La lista de agentes indultados condenados por torturas es aún más larga. Hasta 15 agentes recibieron esta medida de gracia en 2001. Entre ellos destacaba Julio Hierro, condenado por prevaricación en el caso de los malos tratos a la periodista de Egin Ana Ereño e indultado por parte del ejecutivo del PSOE por su participación en el secuestro de Segundo Marey. También fue sentenciado por propinar golpes en la espalda, los testículos y el cuello a Ramón Quintana Garmendia y por las acciones represivas contra José Otero García, ambos miembros de un grupo armado minoritario. Otro de los indultados fue Pedro Laiz González, que participó en las agresiones represivas por las que condenaron a Hierro. El tercer policía sentenciado fue Paulino Navarro, que ascendió hasta ocupar el puesto de número dos en la comisaría asturiana de Avilés.
Con otros indultados condenados por torturas y posteriormente ascendidos como Héctor Moreno García, jefe de la policía española en Cantabria, José Fraila Ayuso consiguió la medalla al mérito policial en 2005 antes de pasar a la empresa privada como responsable de seguridad en Metrovacesa. Fraila Ayuso había sido inhabilitado durante diez meses por el trato represivo a un supuesto miembro del Grapo, según Gara. Un caso similar fue el de José García Maldonado, condenado a un año de prisión por torturas y condecorado décadas más tarde con la cruz al mérito policial. Son algunos ejemplos de los torturadores premiados en el Estado español.
(Texto de Moisés Pérez para El Temps)
Los raperos que se han hecho ultras, lo han hecho porque no se comían una mierda, así entran en un mercado nuevo, donde no prima la calidad, prima el odio.
Pero, como os digo siempre, esto pasará, en cuanto Trump deje de financiar a la internacional neofascista.
Este ultraderechista se llama Alejandro Pérez de la Sota y era líder de VOX en Salamanca. Hoy ha sido apartado del Colegio de Abogados por denuncias por presunta sumisión química a mujeres. Sigue en su cargo de concejal en el grupo mixto. Come jamón.
España, la transición y su "democracia".
1939: El agente fascista Roberto Conesa se infiltra en el Socorro Rojo Internacional. Trece jóvenes comunistas son conducidas al pelotón de fusilamiento. Serán recordadas como las 13 rosas.
1979: El veinte de abril de ese año, el mismo verdugo, Conesa, participa en el asesinato, en plena calle, del dirigente del PCE(r) Juan Carlos Delgado de Codes.
Empresas, empresarios, iglesia y Estado, los esclavistas del fascismo español.
España, 400.000 esclavos trabajando hasta 1957.
- Instituciones públicas que usaron presos esclavos: Secretaría General del Consejo de Estado, Astilleros de Cádiz, Consejo Superior de Protección de Menores, Sindicato Nacional del Espectáculo, Regiones Devastadas de varias provincias, gobiernos civiles, direcciones generales, ayuntamientos… Fundación Generalísimo Franco y la Jefatura de FET de las JONS en Lérida.
- La iglesia usó trabajadores esclavos para obras en parroquias, conventos y otros edificios de Madrid, Barcelona, Cuenca, Murcia o Valladolid.
- Empresas privadas, metalurgia (Múgica, Arellano y Cía., Babcock & Wilcox, La Maquinista Terrestre y Marítima, Talleres Mercier o Industrias Egaña), la minería (Carbones Asturianos, Minera Estaño Silleda, Duro Felguera, Minería Industrial Pirenaica o Minas de Sillada), la construcción (Sociedad Constructora Ferroviaria o Ibérica de Construcciones y Obras Públicas), agricultura, mecánica, zapatería, espartería y fábricas de muebles, cristal, guantes o alpargatas.
Ha quedado en evidencia que La Sexta ha utilizado a un actor haciéndose pasar por enfermero.
Una muestra más de que los medios han perdido su carácter comunicativo e informativo, y hoy son meros medios de propaganda al servicio del capital.
De plena vigencia lo que decia Malcolm X hace medio siglo, "si no estáis prevenidos ante los medios de comunicación, os harán amar al opresor y odiar al oprimido".
Hoy 9 de junio se cumplen dos años del fallecimiento de Juan Jesús Calo Silva, conocido popularmente por el nombre de 'Chanquete', en el municipio de Fisterra (A Coruña), donde trabajó como marinero.
En 1957, Juan Jesús puso rostro a la diáspora gallega con una fotografía realizada por Manuel Ferrol y en la que también aparecía su padre, Manuel Ángel Calo 'O Jurjo', quien murió en 2006.
La imagen mundialmente conocida 'El Padre y el Hijo' forma parte de la serie Emigración, sobre las despedidas entre los emigrantes y sus familias en el puerto de A Coruña. Este reportaje fue realizado por Manuel Ferrol el 27 de noviembre de 1957.
Manuel Ferrol fue uno de los fotógrafos españoles e internacionales más importantes del siglo XX. En lo años 50 montó su primer estudio en A Coruña y años más tarde, en 1957, tomó la fotografía 'El Padre y el Hijo', considerada una de las imágenes más vistas del mundo.
"Puerto Real, una localidad situada en la bahía de Cádiz y cuya economía giraba en torno a un enorme astillero, supo a finales de 1986 que el gobierno planeaba cerrarlo. Pero, a diferencia del resto de localidades, en Puerto Real la CNT tiene fuerza suficiente como para oponer resistencia a los planes del Estado.
Mientras los sindicatos «representativos» insisten en criticar la política del gobierno, la CNT explica a la gente que la crisis es un problema del capitalismo y que son sus ejecutivos los que tienen que buscar las soluciones que para eso cobran: la obligación del pueblo es defender sus puestos de trabajo y luchar por una sociedad justa, sin caer en trampas de hacer planes alternativos. La CNT dinamiza las asambleas, las radicaliza para que se exprese claramente cuál es su sentir, habla con la gente...
El 8 de enero de 1987 se celebra una asamblea en el astillero, y a propuesta de CNT se corta la carretera de acceso a Cádiz; en esta jornada se enfrentan a la policía: se forman barricadas, la policía carga y se producen algunos heridos. Será el primero de una serie de días en los que el pueblo de Puerto Real luchará contra las fuerzas de represión, los medios de comunicación, las manipulaciones políticas de partidos y sindicatos... barricadas cada martes, cortes de tráfico, manifestaciones, concentraciones, asambleas, protestas estudiantiles...
El 10 de febrero arde una arqueta de telefónica dejando 14.000 teléfonos fuera de servicio. El gobernador civil, Mariano Baquedo, afirma que «los disturbios son ocasionados por una minoría de trabajadores. Todos los demás no comparten los métodos violentos empleados por esta minoría» y amenaza con ocupar los astilleros (lo que se intentará días después).
La CNT le responde que «los cortes de tráfico se decidían por mayoría en las asambleas, por lo que no es cierto que esas manifestaciones sean protagonizadas por una minoría de violentos. No somos violentos. Violentos son ellos que nos roban la dignidad quitándonos el trabajo. Estamos hartos de mil y una promesas incumplidas y no nos dejan otro camino que luchar permanentemente por nuestros puestos de trabajo. Que contraten barcos, verán cómo no estaremos en la carretera ni en la calle, sino trabajando».
Las fuerzas policiales intentan asaltar la factoría a comienzos de marzo, acorralando a los trabajadores que se refugian en un barco en construcción, quedando sitiados hasta que la llegada masiva de personas a la factoría (unos 3000) desborda totalmente a la policía que inicia su repliegue seguida de gritos de ¡A la calle! Y ¡Fuera de mi casa!
Las mujeres se autoorganizarán como asamblea mientras que los sindicatos «representativos», incapaces de contener a la gente, son agredidos.
El gobernador civil en un ataque de nervios declara a la prensa que «son una banda de terroristas. A veces estoy deseando el estado de excepción... en cualquier caso yo sólo soy gobernador civil y mi misión no es contratar barcos».
La CNT le responde: «Se está llevando a los trabajadores a un clima de desesperación... pero claro, esto al señor gobernador debe importarle bien poco. No es de su competencia. Demasiado ocupado anda el hombre apareciendo en inauguraciones, entregas de placas y otras fiestas a las que es tan aficionado». Al día siguiente será cesado en su cargo por su evidente incompetencia, pero la policía continuará su política de acciones de terror organizado, a las que se une la empresa declarando ilegalmente el cierre patronal. El 9 de abril, son ya 8.000 personas las que cortan la carretera, y hasta los niños juegan a policías y manifestantes.
El 27 de mayo 27.000 personas se manifiestan por las calles, y el Estado y Comité de Empresa inician negociaciones para parar las protestas. El protagonismo pasa entonces a las mujeres, que continúan con su política de enfrentamientos y cortes de carretera, siendo apaleadas, atacadas con gases, pelotas de goma, chorros de agua a presión, porras..., repitiendo a pesar de ello sus acciones sin echarse atrás, mostrando bastante más coherencia que los hombres; el 7 de julio un niño de 12 años es herido y apaleado cuando defendía a su madre. El 9 de junio, la CNT reinicia las protestas en solitario, y el gobierno finalmente se rinde: «milagrosamente» el astillero tendrá trabajo, gracias a contratos con Francia para la construcción de barcos. La fuerza de las asambleas populares, el rechazo al politiqueo y el «problema de orden público» fueron la base de la victoria: sin ello, el astillero de Puerto Real habría sido desaparecido víctima de la reconversión."
(Publicación original de Colectivo Editorial Amor y Rabia)
"Estamos atacando la Franja de Gaza desde todos los frentes, hemos ocupado el 60% del territorio de Gaza y pronto alcanzaremos el 70%. En Líbano, hemos capturado el castillo de Beaufort y estamos destruyendo todas las aldeas libanesas fronterizas".
El Fuhrer sionista, Netanyahu, se dirigió hoy a las masas sanguinarias psicopáticas de "Israel" a presumir de que están ocupando el 60% de Gaza, mientras la bombardean desde todos los frentes, y de que están arrasando todas las casas de las familias del sur del Líbano.
Todo esto bajo un supuesto "cese al fuego", hasta los nazis en la WW2 intentaron esconder los cuerpos y sus crímenes en los campos de concentración... estos genocidas sionistas hacen ruedas de prensa exponiendo sus crímenes de guerra como trofeos.
En 1946, antes incluso de la creación del Estado de Israel, ya había ataques, expulsiones y limpieza étnica sobre Palestina. Pero hoy intentan venderte que todo empezó el 7 de octubre de 2023.
Sin contexto histórico no hay información: hay propaganda.
El reportaje completo puede verse aquí 👇
https://t.co/cIjlt86nbu
Han dejado de hablar de Plus Ultra y Zapatero porque se ha descubierto que el Juez "Manporrero de la derecha" (Garcia Castellon) y el dueño de la sociedad anonima de VOX 'Julio Ariza" , viajaban gratis en sus aviones mientras tildaban a la compañía de corrupta.
#corruPPtos
Esta peña que se ríe de sus propios chistes banalizando el acoso fascista son policías. Hay 20.000 Policías Nacionales afiliados a JUPOL, aprox un 26% del cuerpo. 1 de cada 4 Policías Nacionales están afiliados al sindicato policial que pone este tuit. Casos aislados, ya.
Un capitán de la UCO denuncia que cuatro compañeros filtraban datos, fabricaban pruebas y cobraban mordidas en las tramas de hidrocarburos - Infobae https://t.co/k3QAGVQgJ8
Te hablan de democracia mientras Pablo Hasel se pudre en prisión y un excremento humano como el famoso "Dandy de Barcelona" no hay día que no haga apología de la violación, del franquismo, etc...
Esta farsa es insoportable.
La oscura memoria de Santa Isabel, un campo de concentración franquista a 500 metros de la catedral de Santiago.
En línea recta no son más de 500 metros los que separan el Pavillón Municipal de Santa Isabel de uno de los centros universales de la cristiandad, la Praza do Obradoiro de Santiago de Compostela, donde la catedral alberga –supuestamente– la tumba del apóstol. A pie se pueden recorrer en cinco minutos. El mito religioso y la realidad olvidada a apenas medio kilómetro de distancia: el solar que hoy ocupa el concurrido complejo deportivo público, que cuenta con piscina cubierta, gimnasio y canchas, lo ocupó, hasta 1973, un cuartel militar. Entonces se encontraba en ruinas, pero entre 1939 y 1946 fue una de las prisiones más pobladas del universo concentracionario del primer franquismo. Vecinos e historiadores han contado ahora con el Ayuntamiento para instalar un monolito en las inmediaciones e intentar que la zona deje de ser un “lugar de amnesia”.
Unas 1.500 personas, el 98 o 99% presos políticos, llegaron a ocupar las instalaciones en el año 1940. Procedían sobre todo de Levante y de las provincias orientales de Andalucía, las últimas regiones de la península en caer bajo la bota fascista. Eran mayoritariamente jornaleros o profesionales liberales. Hubo algún gallego, pero testimonial. Solo existen datos concretos de ese año, son que se conservaron en el Archivo Municipal de la ciudad y en el que figuraban bajo la etiquera de “transeúntes”. “Esa es la foto fija de la cárcel”, relata a https://t.co/E7mgJEGeqL el profesor Antonio Míguez Macho, decano de la Facultade de Xeografía e Historia de Santiago de Compostela y miembro del grupo de investigación Histagra, uno de los impulsores de recuperar esta memoria, “porque la información penitenciaria del franquismo”, en ese tramo inicial de la dictadura, “es muy fragmentaria. En el cuartel solo había algunas fichas sueltas”.
Lo que conocen mejor los especialistas es la historia del edificio, construido en el siglo XVIII y considerado de valor dentro de la denominada arquitectura militar. A lo largo de los siglos funcionó intermitentemente como cuartel. Las condiciones no eran las mejores: húmedo y frío, cercado por dos ríos, el Sarela y el de los Sapos. De hecho, en 1925, pleno régimen de Primo de Rivera, los militares se trasladaron al Pazo do Hórreo –actual sede del Parlamento de Galicia– y el cuartel de Santa Isabel, también llamado cuartel dos Sapos, quedó inactivo. En los años de la República sufrió un incendio. Ni siquiera durante la Guerra Civil, con Galicia sometida a los alzados desde casi el inicio, lo usó el bando golpista. Entonces, la prisión en la que encerraron a demócratas, obreros y legítimos representantes de las izquierdas estaba en los bajos del Pazo de Raxoi, en el mismo Obradoiro, enfrente a la catedral. La temida Falcona. Hoy es sede del Gobierno local y de algunas dependencias de la Xunta de Galicia.
“Son los propios internos de la Falcona los que, obligados a trabajos forzados, se encargan de convertir en prisión el cuartel de Santa Isabel a partir de 1939”, relata Míguez Macho, “la derrota republicana hizo que el franquismo necesitase espacios penitenciarios más grandes”. En 1940, la administración fascista eleva Santa Isabel a prisión central, lo que le da mayor entidad dentro del sistema represivo de Franco, y la convierte en una de las más grandes en Galicia. Sobre quién la dirigía no existe documentación. “El mundo de los carceleros es desconocido, hay un enorme vacío. Pero en un lenguaje universal, lo que hubo allí fue un campo de concentración”, argumenta Míguez Macho, “instalaciones que tenían como fin dar salida a importantes contingentes de población reclusa”. A pocos kilómetros de Santiago hubo otro, el de Lavacolla, cuyos internos construyeron –de nuevo mediante trabajos forzados– las pistas del aeropuerto. Una tesis de Rafael García Ferreiro estudia la violencia franquista en Santiago de Compostela y es una de las escasas investigaciones que mencionan Santa Isabel.
La ayuda de los vecinos a los presos
A la cárcel llegaban, ya se dijo, condenados de las últimas provincias resistentes. “Muchos sufrían un periplo penitenciario”, explica, “la política del franquismo era de dispersión. Quería apartar a los presos de su zona de origen, y que no permaneciesen demasiado tiempo en el mismo sitio”. La situación en el cuartel resultaba “dantesca”, según lo certificaron algunos testimonios. Por ejemplo, el de Francisco Bejarano, un médico nacido en Valladolid, militante del Partido Comunista, condenado a muerte e indultado, que había pasado por el campo de concentración de Camposancos, en A Guarda, y que, tras su liberación en 1945, se instaló en Ourense. “Él mismo atendía a otros presos durante su estancia en Santa Isabel”, recuerda Míguez Macho, “y relataba una situación de hambre generalizada, problemas sanitarios, dos, tres o cuatro muertes diarias por inanición o enfermedades”.
No se sabe el total de personas que murieron en Santa Isabel. Es más, resulta complejo calcular incluso cuántos presos murieron en las prisiones franquistas. “Los reclusos son víctimas de la misma violencia que fusilados o paseados, de los que existe un cálculo más fiable”, aduce el historiador. Histagra, el grupo de investigación de la Universidade de Santiago de Compostela del que forma parte, coordina en estos momentos la elaboración de un censo estatal de víctimas por encargo de la Secretaría de Estado de Memoria Democrática y en cumplimiento de la ley sobre la materia aprobada en 2022.
La “presencia oculta” de la prisión
La “memoria traumática” de Santa Isabel –así la califica Míguez Macho– se había prácticamente disuelto. “La decisión de trasladar la prisión desde Raxoi significaba también expulsarla fuera de la ciudad, ocultar su presencia”, considera. Eran 500 metros los que la separaban de la catedral pero, en aquella época, suponían pasar del corazón del casco histórico a un descampado. Los vecinos más próximos eran los del barrio de Vista Alegre. Fueron ellos los que prestaron algún tipo de auxilio a los internos, proporcionándoles mantas, alimentos. Ninguno contaba con familia ni allegados en las proximidades. Cuando el régimen franquista clausuró la cárcel, en 1946, eran 1.000 los presos que sobrevivían en su interior.
Había finalizado la II Guerra Mundial y Franco estaba interesado en asear su imagen exterior. La dictadura se recolocaba en el tablero internacional al tiempo que se dibujaban los bloques de la Guerra Fría. “Hubo entonces muchos indultos. Con dos objetivos: reducir la población reclusa y limpiar la imagen del país”, dice, “porque el régimen había sido aliado del nazismo y del fascismo italiano”. Liberados o trasladados a otras prisiones sus inquilinos, el cuartel de Santa Isabel nunca volvió a ser utilizado. Aquello se transformó en pasto de la maleza y en territorio de juego para los niños de la zona. En los 60, una finca adyacente acogió el primer estadio municipal de fútbol, también Santa Isabel de nombre. En 1973, el cuartel sucumbió a los aires del desarrollismo tecnócrata y la piqueta lo redujo a escombros. “Era el final del franquismo y el régimen quería sacarse de en medio determinado pasado más turbulento”, entiende Míguez Macho. Diez años más tarde, el Concello levantó el actual pabellón deportivo.
La idea de erigir un monolito que recordase el oscuro pasado de Santa Isabel la impulsó la plataforma vecinal del barrio de Galeras. Histagra se sumó a la iniciativa. Los tres últimos gobiernos municipales –de Compostela Aberta, de Partido Socialista y de BNG con Compostela Aberta– lo asumieron como propio y hace unas semanas lo inauguró la alcaldesa Goretti Sanmartín. Asistieron representantes de todos los grupos municipales. “Queríamos que ese lugar de amnesia pasase a ser un lugar de memoria democrática”, resume el historiador.
(Artículo de Daniel Salgado)
El 8 de junio de 1986 apareció muerto a causa de la desatención sanitaria en Herrera de la Mancha el preso político Joseba Asensio Artaraz, «Kirruli», con sólo 27 años.
En 1980 fue detenido, incomunicado y torturado durante nueve días en la DGS de Madrid, a manos del policía “Billy el Niño”. Después de esto conoció de primera mano varias prisiones españolas como las de Burgos, Soria, Puerto de Santa María, Alcalá-Meco y Herrera de la Mancha. Apenas faltaban unos pocos meses para que recobrara la libertad, tras cumplir seis años encarcelado.
Joseba Asensio muere como resultado de una grave desatención médica por parte de Instituciones Penitenciarias, a pesar de que sufría tuberculosis. En enero de 1982, después de una huelga de hambre de 36 días, los médicos de Carabanchel le diagnosticaron una pleuritis. A pesar de que el médico que le trataba en el hospital intentó que permaneciera ingresado, Joseba fue sacado del hospital y trasladado a Puerto de Santa María. Ante cualquier recaída le daban jarabe y pastillas para la tos, sin ningún tipo de examen. Kirruli hizo unas diecinueve visitas al médico del centro, la última de ellas tan sólo nueve días antes de su muerte; no le diagnosticaron más que «gripes y fuertes catarros». La autopsia, sin embargo, reflejó «algo terrible»: un pulmón se le había reducido al tamaño de una nuez.
Pero al Estado no le bastó con asesinarlo, sino que la represión continuó en el funeral de Kirruli. En la capital vizcaína la Policía cargó contra la comitiva fúnebre que portaba el féretro, provocando cuarenta heridos que fueron hospitalizados. Varias televisiones europeas se hicieron eco y no dudaron en filmar esta actuación policial. Tres inspectores de la Policía llegaron a disparar fuego real, lo que provocó un pánico generalizado.