Ojalá esta noche la luna pase a saludar. Yo estaré frente al mar, abrazado a su sonido y a su inmensidad, en ese estado inexplicable donde todo se calma. Extraño contarle mis secretos a alguien, pero por ahora el mar los guarda. Y aquí, curiosamente, soy feliz.
Pensé que el vino era para olvidar. Esta noche entendí que también sirve para recordar con calma. En cada copa hay un recuerdo, un deseo y un anhelo que se resiste a morir.
Si de verdad los hombres fuéramos tan terribles como nos pintan, el universo ya nos habría puesto un recordatorio mensual en forma de cólicos, cambios de humor y dolor. Pero aquí seguimos... solo con la mala fama.
Si dicen que soy ese hombre que cualquiera quisiera a su lado, entonces, ¿por qué estoy solo? Tal vez porque para unas soy un error, para otras una oportunidad perdida... y para algunas más, un sueño que nunca se atrevieron a vivir.
No todos saben reconocer el valor de quien tienen enfrente. A veces dejan ir a alguien que solo quería cuidar, sumar y dar lo mejor de sí.
Yo me quedo con la tranquilidad de haber sido sincero. Tú, quizás algún día, con la duda de lo que dejaste pasar.
Dejé de correr detrás de quien siempre encontraba cómo alejarse. Entendí que quien de verdad pertenece a tu vida no te obliga a mendigar presencia. Se queda cuando todo arde. Los demás son cobardes disfrazados de promesas.
Qué fastidio esa gente que, para sentirse parte de algo, tiene que opinar de todo y meter la nariz donde nadie la llamó.
Viven tan vacíos que convierten la vida ajena en su personalidad.
Critican, juzgan y dan opiniones que nadie pidió.
Qué pobreza mental tan hpta!!!