Si a los bares petados, los guiris borrachos, las despedidas de soltero y los precios desorbitados ahora le sumas que además te pueden pegar un tiro la verdad es que se está quedando un centro de Málaga precioso para no ir nunca.
Tú lo llamas “vacaciones para recargar pilas” yo lo llamo “las dos semanas donde recuerdo que el trabajo me está robando la vida y me cabreo hasta que se me vuelve a olvidar”.