Vivo en el número siete, calle Melancolía.
Quiero mudarme hace años al barrio de la alegría.
Pero siempre que lo intento ha salido ya el tranvía
y en la escalera me siento a silbar mi melodía.
Si uno fuera un verdadero poeta sentiría cada momento como poético. Es decir, uno viviría amando la vida.
Uno tendría que amar también las desdichas, los fracasos, las soledades. Es como el material para el poeta sin el cual él no podría componer.
Me han sucedido muchas cosas, como a todos los hombres. He encontrado placer en muchas cosas: nadar, escribir, contemplar un amanecer o un atardecer, estar enamorado.
#Entrevista
No soy ni un pensador ni un moralista, sino sencillamente un hombre de letras que refleja en sus escritos su propia confusión y el respetado sistema de confusiones que llamamos filosofía, en forma de literatura.
Ahora comprendo cuál era el ángel que entre nosotros pasó, era el más terrible, el implacable, el más feroz.
Ahora comprendo en total este silencio mortal, ángel que pasa, besa y te abraza, ángel para un final.