Creo que estaba la dueña ahí y me dijo algo como: “¿Pero hasta ahorita, ya a la mitad, los empezaste a sentir malos?”. Le dije que sí y ya no recuerdo qué más comentó, pero me cambió los coditos por otros. Yo pregunté si me podían dar otra cosa y me dijeron que no.
Después llegó una amiga que también había comprado coditos y me ofreció de los suyos, que todavía estaban como a la mitad. Le pregunté por qué y me dijo que sentía que también estaban medio rancios o ya pasados. Entonces agarré esos y fui a reclamarlos a la cafetería.