La Tesorería General de la Seguridad Social alcanza ya un patrimonio neto negativo de 116.100 millones de euros según cifras oficiales remitidas al Tribunal de Cuentas
Una vivienda nueva de 400.000 €:
-IVA (10%): 40.000 €,
-AJD del comprador: 6.000 €
-Licencia, ICIO y tasas municipales: 10k €.
-AJD de la obra nueva y la división horizontal 6.000 €.
-Suelo: cesión del 10% del aprovechamiento al ayuntamiento, plusvalía,!IRPF/IS de quien vendió el terreno: 20k €.
-Impuesto de Sociedades del promotor: el 25% sobre un margen del 12%, unos 12.000 €.
-Cotizaciones e IRPF de la mano de obra: 35.000 €.
En total el estado se lleva 140.000 € que es casi el 40% del coste de la vivienda.
El verdadero fondo buitre es el estado.
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A Statement of Conscience on October 7
I will not start by saying ‘as a Muslim’ or ‘as an imam’, but as a human being.
On October 7, over 1,200 innocent people were killed in a single day. Families were shot in their homes. Young people out dancing were hunted across open fields. Over 250 people, including children and the elderly, were dragged into Gaza as hostages. I think of a mother hiding in a safe room with her baby’s mouth covered. I think of a father listening as the line went quiet. I think of families who waited month after month for someone to come home, only to receive a coffin. I didn’t need my faith to recognize the evil of what happened. My heart told me first.
But I’m a Muslim and an imam, and I owe the world one honest sentence: what was done that day was a crime against God. God teaches that whoever kills one innocent soul, it is as if he had killed all humanity.
This day has an author: Yahya Sinwar. He planned it, ordered it, and knew what would follow. Every death of that day and war he started rests on him and Hamas leaders who sat in tunnels and foreign hotels and called slaughter a victory. It rests on every Palestinian leader who cheered, excused, handed out sweets, or said nothing. They chose this. They own it.
But Sinwar did not invent himself. He was the fruit of a tree planted almost a century ago by the Muslim Brotherhood. Hamas named itself in its founding charter as the Brotherhood’s branch in Palestine. The Brotherhood’s poison is slow. It arrives through study circles, youth camps, charity boxes, and kind words to lonely young men. Drop by drop, it teaches him that his religion is a political party, his neighbour is his enemy, the Jew is the cause of his sorrow, and God is pleased by rage. By the time the gun arrives, the soul is already taken.
I have seen this poison in mosques where sermons became rallies and young men could recite slogans but not sit still for a verse on mercy. Every people that let the Brotherhood in has paid in blood and ruined generations. It has never built anything it did not first set on fire.
Behind Hamas stands another hand: the IRGC. It was the IRGC’s money, weapons, and training that turned a hateful idea into an army. One calls itself Sunni and the other Shia, and they may curse each other’s creeds, but they are united in what they worship. It is not God. It is power. The same IRGC that armed the killers of October 7 shoots Iranian girls for showing their hair, hangs young men for asking to be free, and has left graves from Tehran to Damascus to Beirut. They speak in God’s name. So did Pharaoh speak in the name of heaven.
So let me say this clearly. Hamas and the IRGC are not merely enemies of Islam. That would be too small a charge, as if their crime were only against us. They are enemies of God. God is the Giver of life, yet they deal in death. God calls Himself the Most Merciful, yet they have made cruelty a sacrament. God honoured the children of Adam, yet they look at a child and see a target or a shield. To murder what God created and sign His name to it is the oldest blasphemy.
And we Muslims have been too quiet. Some of us were afraid. Some told ourselves it was not our business. Some, God forgive them, felt something other than horror that morning and never confessed it. Silence was the soil this poison grew in. I will not add to it.
So on this anniversary, let us say plainly what our scripture already says. The Jews are not our enemies. They are our cousins in Abraham, and their dead were created by the same God who created us. Today belongs to them: the murdered, the hostages, and families who still set a place at the table. To them I say: I am sorry for what was done to you by men who used the words of my prayers. You’re not alone in your grief or remembrance.
The enemies of God are those who murder in His name. We know their names. It is time we said them from our own pulpits, in our own voices, before they speak for us again.
Imam Tawhidi
In 2015, at the ECHO Klassik Awards, pianist Menahem Pressler, then 92 years old, was honoured with a Lifetime Achievement Award. After accepting the award, he asked if he could sit down at the piano and play a short piece.
He chose Chopin’s Nocturne in C-sharp minor. There was no orchestra, just a piano and a man who had devoted his entire life to music. The piece is not long, but under Pressler’s fingers, each note seemed to unfold slowly, delicately, and intimately, like a story being told through sound.
« Woke » es cuando tú:
1. reduces a los individuos a identidades de grupo
2. Reduces estas identidades de grupo a «víctimas» y «opresores»
3. Reduces cualquier desacuerdo con estas reducciones a «opresión» o «fanatismo».
-Gurwinder
🇨🇳 China ya es una SUPERPOTENCIA industrial, científica y tecnológica.
Y lo ha logrado *deprisa*.
Van 10 gráficos alucinantes👇
🏭 1. Es la fábrica del planeta. Genera el 28% del valor manufacturero mundial. Más que EEUU, Japón y Alemania… juntos.
La belleza del catolicismo en su forma tradicional es algo inigualable. Las pocas veces que se despliega en todo su esplendor no deja de conmover hasta las piedras
Por el fondo, por las formas y por todo, el discurso económico más importante que se ha dado en este siglo XXI. Bastos no ganará el Nobel pero, a diferencia de otros economistas, tiene un mensaje práctico que puedes implementar hoy mismo para mejorar tu vida
(Mi versión libre)
DISCULPAS EN NOMBRE DE EUROPA POR LA IZQUIERDA WOKE
Debemos disculparnos en nombre de los pueblos de Europa por haber sido el origen de la genealogía intelectual que, cruzando el Atlántico, engendró la peor basura ideológica de nuestro tiempo: la izquierda woke.
Europa dio al mundo a Aristóteles y Santo Tomás, la lógica y la ley natural. A Descartes y Kant, la razón y el método. A Locke y Hume, el individuo y la costumbre. A Burke, Chesterton y C.S. Lewis, Ramiro de Maeztu y Ortega y Gasset: la tradición cristiana y el sentido común.
Y luego, entre las ruinas intelectuales del siglo XX —tras dos guerras que arrasaron la fe en la verdad y en el progreso– Europa dio a luz a una constelación de pensadores que, desde París hasta Fráncfort, desde Turín hasta Birmingham, forjaron el arma ideológica de la izquierda woke que paraliza a Occidente hoy.
Empecemos por Italia. Antonio Gramsci, escribiendo desde la cárcel, enseñó que el poder no se ejerce solo por la fuerza, sino por la hegemonía cultural: quien controla el sentido común del lenguaje controla la época entera, y por tanto la batalla decisiva no es económica sino cultural, librada institución por institución.
En Alemania. Horkheimer y Adorno, y después Marcuse, dieron forma a la Teoría Crítica: la idea de que la razón ilustrada misma es sospechosa, cómplice de la dominación; que incluso la tolerancia liberal es, en realidad, "tolerancia represiva", un mecanismo más para silenciar lo verdaderamente disidente en nombre del orden establecido.
En Inglaterra, Raymond Williams y Stuart Hall, desde el Centro de Estudios Culturales de Birmingham, enseñaron a leer la cultura popular, la clase y la raza como campos de batalla simbólica, y sentaron las bases de lo que después se llamaría, ya en América, estudios de identidad.
Y en Francia, por supuesto, Foucault, Derrida y Deleuze. Tres hombres brillantes que, con la elegancia del lenguaje francés, culminaron el edificio. Foucault enseñó que la verdad no existe, que solo hay relaciones de poder disfrazadas de conocimiento: la ciencia, la razón, la justicia, la escuela, la prisión, la sexualidad, todo es puesta en escena de la dominación. Derrida enseñó que los textos no tienen significado estable, que toda lectura es una traición, que el autor ha muerto y el lector manda. Deleuze enseñó a preferir el rizoma al árbol, el nómada al sedentario, el deseo a la ley, el devenir al ser.
España, tan fértil en otros terrenos del pensamiento, no aportó a esta genealogía particular de la izquierda woke ningún nombre central. Quizá sea prueba de que esta patología fue, en su fase teórica, sobre todo latino-germano-anglosajona, aunque España, como el resto de Occidente, sufre hoy sus consecuencias con la misma intensidad que quienes la inventaron.
Tomadas individualmente, estas son tesis discutibles. Combinadas, exportadas y popularizadas, forman un sistema. Y este sistema es venenoso.
Porque eso fue lo que sucedió. Estos textos cruzaron el Atlántico. Los departamentos de Yale, Berkeley y Columbia los absorbieron en la década de 1980, mezclando sin pudor a Foucault con Gramsci, a Derrida con la Escuela de Fráncfort, a Deleuze con los Estudios Culturales británicos. Allí encontraron un terreno fértil que no existía en Europa: el puritanismo estadounidense, su sentimiento de culpa racial, su obsesión con la identidad. Ese sustrato europeo se unió a esa hidra americana, y el fruto de esta unión se llama wokismo.
Judith Butler lee a Foucault e inventa el género performativo. Edward Said lee a Foucault e inventa el poscolonialismo académico. Kimberlé Crenshaw hereda a la vez la hegemonía cultural de Gramsci, la sospecha hacia la razón de la Escuela de Fráncfort y los marcos de raza y clase de Birmingham, e inventa la interseccionalidad.
En cada etapa, el principio subyacente es europeo: no hay verdad, solo poder. Por lo tanto, toda jerarquía es sospechosa, todas las instituciones opresivas, todas las normas violentas, todas las identidades construidas y, por ende, negociables. Y todas las mayorías culpables.
Así fue como un puñado de filósofos europeos, que probablemente nunca imaginaron las consecuencias prácticas de lo que escribieron, proporcionaron el sistema operativo a toda una generación de activistas, burócratas académicos, gerentes de recursos humanos, periodistas y legisladores americanos. Así es como terminamos con una civilización que ya no puede decir si una mujer es mujer, si su propia historia merece ser defendida, si existe el mérito o si la verdad se puede distinguir de la opinión.
Todo eso son tonterías por una simple razón, y es necesario decirlo con calma. Una civilización se sustenta en tres pilares: la creencia en que existe una verdad accesible a la razón, la creencia en que existe el bien distinto del mal, y la creencia en que existe una herencia que se debe transmitir.
Estos pensadores europeos se propusieron dinamitar esos tres pilares. No por malicia, sino como ejercicio intelectual, por una fascinación por la sospecha. Aunque también por hastío hacia la burguesía que los había alimentado. El resultado es innegable. Toda una generación ha aprendido a deconstruir y nunca ha aprendido a construir. Toda una generación sabe sospechar y ya no sabe admirar. Toda una generación ve poder por todas partes y belleza en ninguna.
Debemos disculparnos porque los europeos tenemos una responsabilidad particular. Son nuestros idiomas, nuestras universidades, nuestras editoriales, nuestro prestigio lo que le ha dado a este nihilismo su elegante envoltorio. Sin la legitimidad de la Sorbona y Vincennes, de Fráncfort, de Turín, de Birmingham, estas ideas jamás habrían cruzado el océano. Hemos exportado la duda como otros exportan la droga.
Gracias a Dios, lo que se está construyendo ahora, en Silicon Valley, en laboratorios de IA, en startups, en laboratorios tecnológicos, en todos los lugares donde la gente todavía crea y fabrica cosas en lugar de desarmarlas, es la respuesta. Una civilización se reconstruye con ingenieros, con creadores, con artistas, con constructores, con fe, no con “comentaristas de la duda”. Con aquellos que creen que la verdad existe y que vale la pena buscarla. Con aquellos que defienden una jerarquía de belleza, verdad y bondad, y que no se avergüenzan de compartirla.
REDEFINIENDO A HITLER: EL TRUCO DEL VOCABULARIO
¿Cómo pudo la izquierda ganar durante setenta años en Occidente, cuando ya todos sabíamos que el socialismo era un desastre?
Muy sencillo. Situaron a Hitler en la extrema derecha, cuando en realidad está en la izquierda.
A partir de ahí, el cepo de la trampa se cierra solo. Cualquiera que intente defender el liberalismo y la libertad acaba, por ese cambio de lenguaje, en el bando opuesto. Y el bando opuesto es el nazismo.
Por eso llamaron nazis Charlie Kirk y a Elon Musk. Por eso sitúan a Javier Milei en la “extrema derecha” y a Alicia Weidel en el nazismo. Por eso tildan a Sarah Knafo de xenófoba y racista (aún no se han atrevido a llamarla «nazi» porque es judía). En España se atreven a llamar nazis a los líderes de los partidos de derechas e incluso a los jueces que persiguen la corrupción del gobierno social-comunista.
El truco es viejo. Redefinir el lenguaje.
Milei fue de los primeros que se atrevió a subrayar en público que Hitler era socialista, porque el nazismo era “nacionalsocialismo”: Todo dentro del Estado, nada fuera del Estado. Y que el fascismo era también una forma de socialismo: Todo en el Estado.
Por eso la líder de AfD dice ahora abiertamente que Hitler aplicaba políticas de izquierda. Que no era liberal. Que representaba al Estado frente al individuo y la libertad.
Esa verdad empieza a abrirse paso. El imperio de mentiras se está derrumbando. Lo que lo hará caer no serán sus luchas internas entre facciones, sino la recuperación del significado del vocabulario.
Los descabellados déficit, deuda públicas e inflación de muchos países occidentales no son un mero contratiempo financiero. Son la factura de décadas de políticas estatalistas que prometían protección pero han generado dependencia.
El *wokismo* no es el corazón de este sistema. Es solo la espuma. Es la última capa de justificación moral para un colectivismo y planificación estatal que ya apenas se sostiene.
La verdadera división ya no es izquierda contra derecha. Es *Control* frente a *Libertad*. Por un lado está todo el colectivismo, sea cual sea su nombre: socialismo, nacionalsocialismo, planificación central, *wokismo* estatal. Por el otro, quienes queremos libertad para que la gente construya.
Nuestros enemigos no son malas personas. Son personas con malos diccionarios y mapas mentales. La reprogramación es posible. Tan solo hay que recuperar las palabras.
Así que, pidamos perdón en nombre de Europa y pongámonos a construir.
Je veux présenter mes excuses, au nom des Français, pour avoir enfanté la French Theory (qui a enfanté la pire des merdes idéologiques : le wokisme).
Nous avons donné au monde Descartes, Pascal, Tocqueville. Et puis, dans les ruines intellectuelles de l'après-68, nous avons donné Foucault, Derrida, Deleuze. Trois hommes brillants qui ont fabriqué, dans l'élégance de notre langue, l'arme idéologique qui paralyse aujourd'hui l'Occident.
Il faut comprendre ce qu'ils ont fait. Foucault a enseigné que la vérité n'existe pas, qu'il n'y a que des rapports de pouvoir déguisés en savoir. Que la science, la raison, la justice, l'institution médicale, l'école, la prison, la sexualité, tout n'est qu'une mise en scène de la domination. Derrida a enseigné que les textes n'ont pas de sens stable, que tout signifiant glisse, que toute lecture est une trahison, que l'auteur est mort et que le lecteur règne. Deleuze a enseigné qu'il fallait préférer le rhizome à l'arbre, le nomade au sédentaire, le désir à la loi, le devenir à l'être, la différence à l'identité.
Pris isolément, ce sont des thèses discutables. Combinées, exportées, vulgarisées, elles forment un système. Et ce système est un poison.
Car voici ce qui s'est passé. Ces textes, illisibles en France, ont traversé l'Atlantique. Les départements de Yale, de Berkeley, de Columbia les ont absorbés dans les années 80. Ils y ont trouvé un terreau qui n'existait pas chez nous : le puritanisme américain, sa culpabilité raciale, son obsession identitaire. La French Theory s'est mariée à ce substrat, et l'enfant de ce mariage s'appelle le wokisme.
Judith Butler lit Foucault et invente le genre performatif. Edward Said lit Foucault et invente le post-colonialisme académique. Kimberlé Crenshaw hérite du cadre et invente l'intersectionnalité. À chaque étape, la matrice est française : il n'y a pas de vérité, il n'y a que du pouvoir, donc toute hiérarchie est suspecte, toute institution est oppressive, toute norme est violence, toute identité est construite donc négociable, toute majorité est coupable.
Voilà comment trois philosophes parisiens, qui n'ont probablement jamais imaginé leurs conséquences pratiques, ont fourni le logiciel d'exploitation à une génération entière d'activistes, de bureaucrates universitaires, de DRH, de journalistes, de législateurs. Voilà comment on a obtenu une civilisation qui ne sait plus dire si une femme est une femme, si sa propre histoire mérite d'être défendue, si le mérite existe, si la vérité se distingue de l'opinion.
C'est de la merde pour une raison simple, et il faut la dire calmement. Une civilisation se tient debout sur trois piliers : la croyance qu'il existe une vérité accessible à la raison, la croyance qu'il existe un bien distinct du mal, la croyance qu'il existe un héritage à transmettre. La French Theory a entrepris de dynamiter les trois. Pas par méchanceté. Par jeu intellectuel, par fascination du soupçon, par haine de la bourgeoisie qui les avait nourris. Mais le résultat est là. Une génération entière a appris à déconstruire et n'a jamais appris à construire. Une génération entière sait soupçonner et ne sait plus admirer. Une génération entière voit le pouvoir partout et la beauté nulle part.
Je m'excuse parce que nous, Français, avons une responsabilité particulière. C'est notre langue, nos universités, nos éditeurs, notre prestige qui ont donné à ce nihilisme son emballage chic. Sans la légitimité de la Sorbonne et de Vincennes, ces idées n'auraient jamais traversé l'océan. Nous avons exporté le doute comme d'autres exportent des armes.
Ce qui se construit maintenant, en silicon valley, dans les labos d'IA, dans les startups, dans les ateliers, dans tous les lieux où des gens fabriquent encore des choses au lieu de les déconstruire, c'est la réponse. Une civilisation se reconstruit par les bâtisseurs, pas par les commentateurs. Par ceux qui croient que la vérité existe et qu'elle vaut qu'on s'y consacre. Par ceux qui assument une hiérarchie du beau, du vrai, du bon, et qui n'ont pas honte de la transmettre.
Alors pardon. Et au travail.
She didn’t try to outdo “Jolene.” She just sat down and sang it. No bigger vocals, no flashy arrangement, no need to prove anything—just Miley, daylight, and a voice full of feeling. Sometimes, simplicity says it all. 🎶✨