Ayer paso mi Jefe al trabajo, despues de ver el desempeño que había puesto, me llamo y felicito frente a los demás; llevaba más de nueve meses intentándolo una y otra vez hasta que lo logre, sentí un calorsito en el pecho.
Se marchito y su voz estuvo por apagarse. Bailaba en las sombras, diluía su silueta sin parpadear, vivía el instante en que se había decidido a perder y en un hefímero segundo; un fulgor cálido subió hasta su pecho permitiéndose nacer de nuevo.