Solo paso a recordarles que en Argentina votaron por el loquito que se identifica con un felino, y ahora están trabajando 12 horas diarias y comiendo carne de burro.
Un besote bien grande a todas esas mujeres que una vez fueron las niñas que nos defendieron a los niños gays de los bravucones de la escuela. Gracias a ellas, muchos pudimos sobrevivir al rechazo, la violencia y la burla. No estaríamos aquí sin ellas.
Los domingos para mí mamá eran un evento canónico, ella lo llamaba: “Domingo mi amor te quiero”. Siempre despertaba feliz, iba al mercado, hacía sancocho y después invitaba a todos para que vinieran a comer. Ahora solo estoy inundado de ese recuerdo que me desbarata.