Cientos de millones de personas en todo el planeta viven sumidas en la pobreza extrema. Y, sin embargo, existen riquezas desproporcionadas que permanecen en manos de unos pocos. Es una situación injusta ante la que no podemos dejar de interrogarnos y de comprometernos para cambiar las cosas. En la base de la desigualdad no hay una falta de recursos, sino la necesidad de afrontar problemas solucionables relativos a una distribución más justa, que debe llevarse a cabo con sentido moral y honestidad.
Estaba en una fiesta con gente de izquierda y me dicen “el que no vive para servir, no sirve para vivir”. Acto seguido me sirven un guaro.
Aprendan economistas, eso sí es comunismo.
Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que Bad Bunny ganó el SuperBowl.