Martin Lutero se enojó, no le gustó la Iglesia católica y fundó la iglesia luterana.
A Calvino no le gustó la iglesia luterana y fundó la iglesia reformada o calvinista.
A Enrique VIII no le gustó que le negaran su matrimonio católico y fundó la Iglesia anglicana.
A John Smith no le gustó la iglesia anglicana y fundó la iglesia bautista.
A William Miller no le gustó la iglesia bautista y fundó la adventista.
A Ellen G White no le gustó mucho lo que decía William Miller y fundó la iglesia adventista del séptimo día.
A Charles T Russell no le gustó la iglesia adventista y fundó a los testigos de Jehová.
A Joseph Smith no le gustó la Iglesia metodista y fundó la iglesia de Jesucristo de los santos de los ultimos días (los mormones)
A John Wesley no le gustó la iglesia anglicana y fundó la iglesia metodista.
A algunos pastores no les gustó la iglesia metodista y fundaron la iglesia pentecostal.
A muchos no le gustó la iglesia pentecostal y fundaron miles de iglesias como: pare de sufrir, asambleas de Dios, la luz del mundo, y un largo etcétera.
Ya ven que desmadre se hace por un un enojo?… 🤔
Subieron una clase de Sarlo sobre Borges. No todo puede ser el Changuito Zeballos o streamers hablando acerca de sí mismo y sus medios. Acá:
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#Tolstoi falleció el 20 noviembre 1910 (7 de octubre según el calendario juliano) Días antes se había marchado de su casa sin avisar a nadie. Falleció en la casa de un empleado del ferrocarril, a 300 km. Llevaba un ejemplar de "Los hermanos Karamazov", de #Dostoievski.
Pidió ser enterrado en un bosque de la finca familiar de Tula, bajo unos árboles plantados por él en su juventud. Su deseo se cumplió con la humildad que había exigido: un túmulo de tierra cubierto por la hierba. Stefan Zweig dijo que era la tumba más bella del mundo.
Frankenstein de Guillermo del Toro no es una historia de monstruos ni de terror, sino una reflexión sobre el desamparo y lo que ocurre cuando nadie sostiene la vida. ¿Qué hace posible que alguien exista?
La criatura nace, pero no es recibida. No hay sostén, no hay mirada, no hay palabra que lo ubique simbólicamente. Hay vida, pero no lugar. En términos de Winnicott, nace el cuerpo, pero no el ser. En lectura lacaniana, entra al mundo sin una inscripción en el Otro.
Llega desnudo y confundido y el único significante que recibe es rechazo. Desde ahí comienza su errancia. No hay monstruo sin un primer gesto de desamparo.
Por otro lado, Victor Frankenstein quiere producir vida sin sostenerla. Crear sin cuidado ni deseo. No quiere un hijo, quiere un logro y por eso lo abandona. Y es en ese abandono donde aparece lo siniestro. Victor encarna a ese Otro que exige perfección y que, ante la falla, expulsa.
Lo monstruoso del monstruo es la ternura brutal encarnada en un cuerpo enorme y torpe que solo quiere ser visto y no devorado por la demanda del Otro, sino sostenido por una presencia que pueda alojarlo. Intenta acceder al lazo, al lenguaje, a la comunidad, a la mirada. Quiere entrar en el mundo de los otros, pero su diferencia les resulta intolerable. Entonces, cuando responde con violencia, es un intento desesperado por la mirada que le de existencia.
La trama insiste en el cuerpo. La piel cicatrizada, las suturas gruesas, la torpeza del movimiento. Un cuerpo que no encaja en ningún ideal; un cuerpo expulsado por lo que muestra. Y aun así, ese cuerpo fragmentado nos recuerda que somos ensamblajes, que nadie nace completo. Y que pasamos la vida suturando pérdidas que, a veces, nunca cierran del todo.
El monstruo también ama. Ama a la familia que observa en silencio, oculto. Ama a la mujer que lo mira. Ama al mundo que intenta descifrar él mismo, porque nadie le traduce la experiencia emocional que lo atraviesa. Pero el mundo no puede ni quiere amarlo. Y ahí aparece la falla. Esa es la tragedia, querer ser amado por alguien que no puede alojarnos.
Finalmente, la película nos interpela cuando el hermano de Victor le dice: "tú eres el monstruo", como si algo de la criatura le mostrara su propia monstruosidad. Por ello, la historia no juzga al monstruo. Pregunta quién lo golpeó de esa manera y cuál es su relato, lo hace hablar. Esto me recuerda el texto de Paul B. Preciado, "soy el monstruo que os habla".
Monstruoso es, entonces, un otro no visto, rechazado, dejado al desamparo. Un otro en su radical diferencia. Lo que llamamos monstruoso es, casi siempre, un llamado.
Frankenstein de Guillermo del Toro no es una historia de monstruos ni de terror, sino una reflexión sobre el desamparo y lo que ocurre cuando nadie sostiene la vida. ¿Qué hace posible que alguien exista?
La criatura nace, pero no es recibida. No hay sostén, no hay mirada, no hay palabra que lo ubique simbólicamente. Hay vida, pero no lugar. En términos de Winnicott, nace el cuerpo, pero no el ser. En lectura lacaniana, entra al mundo sin una inscripción en el Otro.
Llega desnudo y confundido y el único significante que recibe es rechazo. Desde ahí comienza su errancia. No hay monstruo sin un primer gesto de desamparo.
Por otro lado, Victor Frankenstein quiere producir vida sin sostenerla. Crear sin cuidado ni deseo. No quiere un hijo, quiere un logro y por eso lo abandona. Y es en ese abandono donde aparece lo siniestro. Victor encarna a ese Otro que exige perfección y que, ante la falla, expulsa.
Lo monstruoso del monstruo es la ternura brutal encarnada en un cuerpo enorme y torpe que solo quiere ser visto y no devorado por la demanda del Otro, sino sostenido por una presencia que pueda alojarlo. Intenta acceder al lazo, al lenguaje, a la comunidad, a la mirada. Quiere entrar en el mundo de los otros, pero su diferencia les resulta intolerable. Entonces, cuando responde con violencia, es un intento desesperado por la mirada que le de existencia.
La trama insiste en el cuerpo. La piel cicatrizada, las suturas gruesas, la torpeza del movimiento. Un cuerpo que no encaja en ningún ideal; un cuerpo expulsado por lo que muestra. Y aun así, ese cuerpo fragmentado nos recuerda que somos ensamblajes, que nadie nace completo. Y que pasamos la vida suturando pérdidas que, a veces, nunca cierran del todo.
El monstruo también ama. Ama a la familia que observa en silencio, oculto. Ama a la mujer que lo mira. Ama al mundo que intenta descifrar él mismo, porque nadie le traduce la experiencia emocional que lo atraviesa. Pero el mundo no puede ni quiere amarlo. Y ahí aparece la falla. Esa es la tragedia, querer ser amado por alguien que no puede alojarnos.
Finalmente, la película nos interpela cuando el hermano de Victor le dice: "tú eres el monstruo", como si algo de la criatura le mostrara su propia monstruosidad. Por ello, la historia no juzga al monstruo. Pregunta quién lo golpeó de esa manera y cuál es su relato, lo hace hablar. Esto me recuerda el texto de Paul B. Preciado, "soy el monstruo que os habla".
Monstruoso es, entonces, un otro no visto, rechazado, dejado al desamparo. Un otro en su radical diferencia. Lo que llamamos monstruoso es, casi siempre, un llamado.
"Latinoamérica" de Calle 13, junto a Toto la Momposina es la canción más influyente del siglo XXI según la Revista Rolling Stone.
¡El himno de nuestra bella Latinoamérica!
Se cumplen 37 años del estreno de Cinema Paradiso (1988)
Ha pasado mucho tiempo y sigue emocionando con el primer día.
Hay películas que quedan en el recuerdo para siempre, está es una de ellas.
¿Obra maestra?
Para quienes aún no lo han visto:
El documental Fragmentos de otra historia, hoy a las 8:00 p.m. por @SenalColombia.
Un recuerdo del valor de los archivos audiovisuales en la lucha por la verdad de las víctimas de la Toma y Retoma del Palacio de Justicia.
Acabo de ver la miniserie documental de Juan Gabriel. Lloré... Cómo no amarlo. Les dejó unas frases que recogí.
"Estoy más solo que la Luna"
"Todo lo que se pueda pagar con dinero sale barato"
"Lo que se ve no se pregunta"
"Y para terminar, no se tomen la vida tan en serio"
"Tanto nadar para morir en la orilla".
"Felicidades a todas las personas que están orgullosas de ser lo que son"