No olviden el tremendo privilegio que es estar sanos, tener trabajo y comida. No lo minimicen, ni lo pierdan de vista nunca. Y sobre todo, agradezcan por ello.
A la gente le gusta saber de ti. No para alegrarse. Para comparar. Para medirse. Para sentirse mejor o peor según cómo te vaya. Por eso la discreción no es frialdad. Es protección. Cuanto menos sepan, menos pueden usar en tu contra.