Cuánto dolor habrán causado las palabras, los silencios, las ausencias que en mi corta vida he propiciado.
Sinceras disculpas..
Así caigan en oídos sordos..
Disculpas, sin espera de perdones.
He hecho de mi con lo poco y con lo mucho que he sabido vivir.
Y así, con el rencor que te caracteriza
Te hiciste presente una vez más
Y con palabras como afiladas dagas
Arrancaste con dolor un poco más de mi ser.
Condenando mi distancia, mis pausas, mi deseo de no ver ni sentir
Condenando el falso olvido de quién decide no oír.
Alejarse, partir sin despedidas, soltar, y aún así volver en los recuerdos.
No adiós sin duelo, no hay duelo sin angustia, y no hay angustia sin dolor.
El dolor de dos miradas que ya no pueden encontrarse, de un abrazo que no va a ser devuelto, de un saludo impronunciable.