No sé a quién le haga falta leer esto, pero vuelve a romantizar tu creatividad. Escribe, hornea, decora, baila, fotografía, pinta, crea. Haz cosas que te emocionen, aunque nadie las vea. No todo lo que haces tiene que ser útil; algunas cosas simplemente tienen que hacerte felíz.
Mi momento mas maduro ha sido aprender a amar el desapego, si alguien me acompaña, está bien; si no, tambien, si alguien quiere hablar conmigo, lo valoro; si no, lo respeto, cero apegos, mucho amor para quienes me rodean, pero sin expectativas ni obligaciones.
Hay un duelo del que casi nadie habla: despedirte de las vidas que imaginaste para ti. De la relación que pensabas que iba a durar para siempre. Del trabajo que jurabas que ibas a conseguir. De la ciudad donde creías que ibas a vivir. De la versión de ti que existía solo en tus planes. Y aunque duela aceptarlo, crecer también significa reconciliarte con todo aquello que ya no será. No porque hayas fracasado, sino porque la vida cambió de dirección.
Porque mientras sigas aferrándote a la vida que no ocurrió, te vas a perder la oportunidad de construir una que incluso podría hacerte más feliz de la que alguna vez imaginaste.