@Mister_A_ZGZ@VCF_FanOnFire Dime un país de Sudamérica en el que esté gobernando la derecha que no haya salido democraticamente y sea, actualmente, una dictadura.
@Mister_A_ZGZ No, solo a los hijos y nietos exiliados que nunca han vivido en España. No se de qué te preocupas, llevas 3 banderas palestinas y ninguna española, asumo que Palestina te importa más que España así que, preocúpate por las leyes de allá.
@Once29Peru De hecho son super amables, me la paso genial. Somos muy parecidos, los mexicanos me parecen con un sentido del humor buenísimo, muchísimo mejor que el peruano que peesonalmente me hace cero gracia.
@Once29Peru Como peruana que ha viajado mucho a México y me quedo en casa de una amiga mexicana cada que voy, te digo que cero odio. Paso desapersibida!
Llamar "hijo de puta" a Pedro Sánchez es, indudablemente, producto de una degradación personal, un desahogo impropio de cualquier persona que se tenga por educada. Y no porque sea el presidente (que él más que nadie debería sentir que el insulto le viene, también, conceptuado en el sueldo), sino porque tal expresión solo demuestra que uno ha rendido definitivamente sus argumentos, que ha entregado sus armas racionales y ha sucumbido a la vulgaridad pasional.
Esto es así. Pero llamar "hijo de puta" a Pedro Sánchez se ha vuelto inevitable. El "hijo de puta" es el peaje que se nos ha hecho obligatorio a muchos españoles para poder transitar por los caminos oscuros y retorcidos a los que nos ha llevado la política del líder socialista. Cuando Sánchez promete acabar con la politización de la justicia y convierte al Tribunal Constitucional o a la Fiscalía General en un órgano más de su gobierno; cuando dice que no pactará con Bildu y hace del pacto con Bildu su nexo más sólido con el Parlamento; cuando declara que no habrá amnistía a los golpistas catalanes y al rato hace de la ley de amnistía su bandera política; cuando en su discurso de investidura amenaza con levantar un muro entre españoles; cuando se desinhibe de apagones, descarrilamientos, riadas o invasiones; cuando ha hecho de la resistencia en el cargo su única brújula moral... Poco más hay que decir de Pedro Sánchez salvo que es un hijo de puta.
No querríamos decirlo. En absoluto. Esas palabras, repito, nos degradan como personas y nos empeoran como sociedad. Pero llamar "hijo de puta" a Pedro Sánchez es lo único que nos queda cuando un presidente del gobierno ya no atiende a razones, cuando la realidad ya no le toca ni le alude, venga de un juez, de la Policía, de la Guardia Civil o de simples ciudadanos que ven su país como un edificio desmoronándose al que han cerrado todas las puertas, al que se ha negado toda posible solución. Lo que nos faltaba era esa "Ley de Nietos" que Sánchez quería imponer para que ni el voto nos sirviera para quejarnos, para poder perpetuarse definitivamente en La Moncloa como el emperador que siempre ha querido ser. El muy hijo de puta.
Esta chirigota esta recibiendo críticas despiadadas y palos de la Izquierda, a troche y moche, así que hay que contrarrestarlo y divulgarlo masivamente.
Es la libertad de las chirigotas de Cádiz.
Leído en algún lado....
Me pareció interesante traerlo a colación
En 1926, Mussolini hace arrestar a un intelectual sardo de 35 años. En el juicio, el fiscal habría dicho: «Debemos impedir que este cerebro funcione durante veinte años».
Se llamaba Antonio Gramsci.
Su cerebro nunca dejó de funcionar.
En prisión, llenó miles de páginas que se convirtieron en uno de los textos políticos más influyentes del siglo XX.
Gramsci se planteaba una pregunta simple. ¿Por qué la revolución comunista tuvo éxito en Rusia pero fracasó en todo Occidente?
Su respuesta: en Occidente, el poder no se sostiene solo por el Estado, la Policía y el Ejército.
Se sostiene por la "cultura".
Por lo que la gente encuentra normal, evidente, «de sentido común».
Lo llama hegemonía cultural.
Entonces, para tomar el poder, no hay que tomar primero el palacio.
Hay que tomar primero las mentes.
Las escuelas.
Las universidades.
Los periódicos.
El teatro.
La edición.
Los tribunales.
Eso es la «guerra de posición»: una conquista lenta, institución por institución. Cuando la cultura bascula, la política la sigue sola.
Cuarenta años después, el activista alemán Rudi Dutschke lo convertirá en un eslogan: la larga marcha a través de las instituciones.
Durante décadas, hemos vivido con un enigma que nadie lograba explicar realmente.
¿Por qué muchos artistas son de izquierda?
Muchos actores.
Muchos cantantes.
Muchos profesores.
Muchos periodistas.
Una buena parte de la magistratura.
¿Por qué un país podía votar a la derecha elección tras elección y ver sin embargo que su cultura hablaba con una sola voz?
Nos respondían: «Es porque la gente educada es de izquierda».
La respuesta es más simple.
Gramsci había escrito la receta, y se aplicó.
Cuando controlas quién obtiene la subvención, el puesto, la buena crítica, el premio, la invitación al plató, controlas lo que se convierte en «la cultura».
¿Por qué tantos países en desarrollo, especialmente en América Latina, volvían a votar una y otra vez por gobiernos socialistas o de izquierda radical? Venezuela, Bolivia, Nicaragua, la Argentina de los Kirchner, la Colombia de Petro. La economía se derrumbaba, los cárteles prosperaban, el caos se instalaba.
Y sin embargo el mismo voto regresaba.
La pobreza no es un accidente del sistema.
Es un electorado.
Y alrededor, hay todo un ecosistema de ONG, de medios «independientes» y de programas de «sociedad civil», financiado con dinero estatal.
¿Quién mató a Mari Carmen?
Quienes me seguís desde hace tiempo sabéis que tengo un máster en Neuropsicología. Para las prácticas las circunstancias de la vida terminaron llevándome a trabajar en dos centros de día diferentes para personas mayores.
Lo cuento no para revestirme de una autoridad que no me corresponde, sino para dejar claro que he convivido profesionalmente con personas ancianas.
Aun así, no hace falta creerme a mí. En la Cadena SER ya intervino un gerontólogo para explicar algo bastante elemental: una persona anciana no muere, en sentido clínico, «de ansiedad y agotamiento».
La ansiedad, el estrés o el cansancio pueden agravar patologías previas, precipitar una descompensación o empeorar de manera dramática una situación de fragilidad, pero la causa médica de la muerte será otra.
Mari Carmen falleció después de permanecer unos quince días ingresada. Según ha contado su propia familia, fue sedada, y antes de la sedación pudo despedirse de sus seres queridos. Ese dato indica que el equipo médico era consciente de que se encontraba ante una situación clínica muy grave, probablemente irreversible.
No conocemos su historia clínica, de modo que sería irresponsable afirmar qué enfermedad padecía o cuál fue exactamente la cadena de acontecimientos que condujo a su muerte. Sabemos que se ha hablado de un fallo multiorgánico.
Un fallo multiorgánico no aparece porque una persona esté estresada o cansada: significa que varios órganos vitales empiezan a fallar y suele producirse como consecuencia de una enfermedad grave, una infección, una descompensación severa... o un proceso previo.
¿Pudo influir el estrés que Mari Carmen sufrió durante las semanas anteriores? Por supuesto. En una persona de 87 años, especialmente si ya existe fragilidad o alguna patología previa, un episodio de estrés intenso puede actuar como factor precipitante o agravante. Puede alterar el sueño, el apetito, la tensión arterial, el ritmo cardiaco y contribuir a descompensar enfermedades que hasta entonces estaban relativamente controladas.
Pero una cosa es decir que el estrés pudo contribuir a empeorar su estado y otra muy distinta afirmar que Mari Carmen murió «de estrés y agotamiento» o que «la mató la derecha»,.
Para sostener cualquiera de esas afirmaciones haría falta conocer su historia clínica, la causa médica de la muerte y la cadena causal concreta que condujo hasta ella. Y no la conocemos.
Lo que sí sabemos es que Mari Carmen se convirtió, antes de morir, en un símbolo político.Y eso explica en buena medida lo que estamos viendo ahora. Una victima identificable, una injusticia fácil de explicar, imágenes televisivas, emoción y la posibilidad de señalar a un adversario.
En un desahucio no hace falta que la persona desahuciada esté en la vivienda puede estar su abogado o cualquiera que actúe en su representación. Pero necesitaban LA FOTO.
Por eso esas doscientas personas que estaban congregadas ante su puerta no le dijeron algo tan simple como "Mari Carmen, te ofrecemos la casa de una de nosotras" o "vete a casa de tu primo Vicente" o "vete a una de las soluciones habitacionales que te han propuesto", " vete a una residencia porque estás enferma y necesitas cuidado constante".
Les importó un comino el grado de deterioro estado de salud de Maricarmen y decidieron que se quedara allí hasta el final.
Por la foto.
Mari Carmen atravesó un pasillo. dentro de una marea de gente como se ve wn las fotos. A cada lado había doscientas personas gritando y un sinfín de fotógrafos con flashes. Una mujer enferma y agotada sometida a una experiencia que ni siquiera una persona joven podría haber aguantado bien.
Todo por una foto. Le hicieron quedarse hasta el final, incluso si podía haber estado su abogada, incluso si tenía a dónde ir, circunstancia que otros desahuciados no disfrutan
Que ahora tengan la desfachatez de decir que le mató la derecha me parece sintomático de la enorme manipulación emocional a la que nos han sometido