La próxima vez que NO te guste tu vida, recuerda que todo depende de la perspectiva.
Tengo un amigo que lee 2-3 libros a la semana, entrena 3 veces al día, no tiene problemas de dinero y hay gente queriendo acostarse con él todo el tiempo.
Y aun así no para de quejarse de lo mucho que odia la cárcel.
La relación de un hombre con su padre cambia en seis fases a lo largo de su vida, dependiendo de su edad.
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(No creerás en qué fase la mayoría lo entiende demasiado tarde.)
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Fase 1: La fase del héroe (de la infancia a los 12)
Zapatero, 1,5millones de € con su mujer en una cuenta, las hijas, parecido gracias a Plus Ultra y Venezuela.
Y mi padre, de 68 años acojonado
porque tiene 4 gallinas sin declarar para distraerse y con una pensión de 1.190€ después de 47 años cotizados.
Hospital.
21 : 40.
Urgencias llenas.
Gente tosiendo.
Televisión encendida sin que nadie la mire.
Y un abuelo sentado solo.
83 años.
Chaqueta puesta.
Bolsa con ropa.
Y una pulsera de ingreso desde hacía 11 horas.
La enfermera se acerca.
—¿Ha venido alguien con usted?
—Mi hijo.
—¿Dónde está?
El hombre sonríe raro.
De esos gestos que ya saben la respuesta antes de hacer la pregunta.
—Tenía cosas que hacer.
Cosas.
La palabra más peligrosa del mundo.
Porque “cosas” puede ser trabajar.
O puede ser irte a cenar mientras tu padre espera solo en un pasillo oliendo a desinfectante.
A las 23:15 le llevan un yogur y un sándwich.
No puede abrir el yogur.
Le tiemblan las manos.
La auxiliar se lo abre.
—Gracias, hija.
Hija.
A una desconocida.
Porque a veces quien más te cuida no comparte tu sangre.
Comparte turno.
Medianoche.
Llama el teléfono.
Altavoz.
El hijo.
—¿Ya le han mirado?
—Aún no.
—Uf… es que mañana madrugo.
Madrugo.
Como si el viejo hubiera pedido ponerse malo para fastidiarle la agenda.
La enfermera le pregunta:
—¿Va a venir luego?
Silencio.
Pequeño.
Cobarde.
—Si hace falta, sí.
Traducción:
“No quiero, pero quiero seguir pareciendo buena persona.”
El abuelo escucha todo.
Y baja la mirada.
Eso fue lo peor.
No lloró.
No se enfadó.
No montó un drama.
Solo puso esa cara que pone la gente cuando entiende que ya molesta más de lo que importa.
A las 2:07 de la madrugada, después de pruebas y pasillos, el médico sale.
—Se queda ingresado.
La enfermera mira al abuelo.
—¿Llamamos a alguien?
Él tarda unos segundos.
—No hace falta. Estarán cansados.
Estarán cansados.
Qué frase tan triste.
Personas que lo dieron todo por sus hijos…
pidiendo perdón por seguir existiendo cuando envejecen.
Y ahí está el problema.
No es meter a alguien en una residencia.
No es necesitar ayuda.
No es no poder llegar a todo.
El problema es abandonar emocionalmente a quien estuvo 20 años sin dormir bien para que tú crecieras.
El problema es tratar a tus padres como una notificación incómoda cuando dejan de ser útiles.
Resumen:
Muchos presumen de “salud mental”, “límites” y “amor propio”.
Pero luego dejan a su padre solo en urgencias porque “mañana madrugan”.
Y eso no es autocuidado.
Eso es ingratitud con palabras modernas encima.
No eres racista pero un día empiezas a salir menos a la calle. Te sorprendes a ti mismo guardando el teléfono en las terrazas. Buscas 20€ para que tu hija vuelva en taxi el sábado a casa. De pronto París ya no te apetece, por lo que sea. Y poco a poco te roban el país.
Un niño futbolista te llama racista e ignorante. Te insulta en tu propia casa mientras los suyos andan acojonando a los tuyos. No eras racista hasta que vinieron ellos. Buscas abrigo en un Estado que te desprecia mientras los periodistas te neutralizan con sistemas de vergüenza.
Usarán la democracia para destruir la democracia. Se aprovecharán de tu moral las personas más amorales que te puedas imaginar. Te llamarán racista por quejarte de cosas normales. Te llamarán fascista por decir la verdad. Tratarán de decirte que estás loco. Pero no estás solo.
Estamos haciendo una cuestión de Estado un “musulmán el que no bote” mientras la selección nacional lleva sin poder jugar en el Camp Nou desde el 21 de enero de 1987 porque el segundo equipo del país odia a su propia nación. Dime tú si vivimos en un meme infinito
Sin el Islam...
No habría controles en el aeropuerto.
No habría zonas "musulmanas" en innumerables ciudades europeas y americanas.
No habría atentados del 11-S.
No habría atentados en el metro de Madrid ni en Londres.
No habría Estado Islámico ni ISIS.
No habría Al-Qaeda ni Bin Laden.
No habría talibanes ni prohibición de educación femenina en Afganistán.
No habría Hamás ni cohetes desde Gaza.
No habría Hezbolá ni guerra constante en el Líbano.
No habría ataques con cuchillo por “allahu akbar” en Europa.
No habría violaciones masivas en Colonia ni en otras ciudades europeas por la misma causa.
No habría burkas o burkinis en playas y colegios.
No habría guetos de no integración en Francia, Bélgica, Suecia o Reino Unido.
No habría gasto masivo en proteger sinagogas e iglesias.
No habría leyes contra la blasfemia ni ejecuciones por dibujos de caricaturas.
No habría migración masiva desde países de mayoría musulmana hacia Occidente.
Sí, por todo esto y mucho más, me declaro un orgulloso "islamófobo".
El trimestre pasado desplegué Microsoft Copilot para 4000 empleados.
30 dólares al mes.
1,4 millones al año.
Lo llame «transformación digital».
A la junta directiva le encantó esa frase.
En once minutos lo habían aprobado.
Nadie preguntó para que servía.
Me incluyo.
Dije que multiplicaría la productividad por 10.
No se trata de un número real.
Pero lo parece.
Recursos humanos preguntó cómo mediríamos ese por diez.
Dije que nos apalancaríamos en dashboards de analíticas.
No preguntaron más.
Tres meses después comprobé los reportes de uso.
47 personas lo habían abierto.
12 lo habían usado más de una vez.
Uno de ellos fui yo.
Lo usé para resumir un email que podía haber leído en 30 segundos.
Me llevó 45 segundos.
Más el tiempo que me llevó corregir las alucinaciones.
Lo califiqué como «piloto exitoso».
Exitoso significa que no había fallos obvios.
El de finanzas preguntó por el retorno de la inversión.
Le enseñé un gráfico.
El gráfico iba hacia arriba y hacia la drecha.
Medía la «integración de la IA».
Me inventé la métrica.
Asintió con aprobación.
Ahora estamos «integrados con la IA».
No sé lo que eso significa.
Pero está en nuestra presentación a inversores.
Un desarrollador senior me preguntó que por qué no usábamos Claude o ChatGPT.
Le dije que necesitábamos «nivel de seguridad corporativo».
Me pregunto que qué significaba eso.
«Compliance», le dije.
¿Qué compliance?, preguntó.
Toda la compliance, contesté.
Me miró escéptico.
Le agendé una reunión para «planificar su carrera corporativa».
Dejó de hacer preguntas.
Microsoft envió a un equipo para estudiar el caso de éxito.
Querían publicarlo.
Les dije que «habíamos ahorrado 40.000 horas».
Ese número resulta de multiplicar el número de empleados por un número que me inventé.
No lo comprobaron.
Nunca lo hacen.
Ahora salimos en la web de Microsoft.
«Empresa multinacional gana 40.000 horas de productividad gracias a Copilot».
Nuestro CEO lo compartió en LinkedIn.
Consiguió 3000 likes.
Nunca ha usado Copilot.
Ningún ejecutivo lo ha hecho.
Estamos exentos.
«Mantener el foco estratégico exige la menor distracción digital posible».
Yo mismo redacté esa norma.
Las licencias se renuevan al mes que viene.
He pedido ampliarlas.
5000 licencias más.
Aún no hemos usado las primeras 4000.
Pero en esta ocasión «Empujaremos su adopción».
Adopción significa formación obligatoria.
Formación significa un webinar de 45 minutos que nadie ve.
Pero mediremos visualizaciones.
Las visualizaciones son una métrica.
Las métricas aparecen en dashboards.
Los dashboards aparecen en presentaciones.
Asciendo gracias a las presentaciones a la junta.
En el tercer cuatrimestre me convertiré vicepresidente.
Aún no sé lo que hace el Copilot.
Pero sé para qué sirve.
Sirve para que todos vean que «invertimos en IA».
Invertir significa gastar.
Gastar significa compromiso.
Compromiso significa que nos tomamos en serio el futuro.
El futuro es lo que yo diga que es.
Siempre y cuando las gráficas vayan hacia arriba y hacia la derecha.
La declaración de la renta me parece la mayor humillación a la que es sometido actualmente el ciudadano promedio. Te hacen invertir tu tiempo en "declarar" las cantidades que Hacienda a priori ya sabe que has cobrado por si te equivocas para multarte por ello.
Jackson Brown es un padre preocupado por la felicidad de su hijo y por eso le escribió estos “consejos” cuando este se fue a estudiar a la Universidad, lejos de su casa.
Su hijo decidió fotocopiarlos y los distribuyó entre sus compañeros.
Os los dejo aquí. Yo me los sé de memoria.