El chico con el que estoy saliendo me invitó a ver uno de sus partidos. No tenía muchas ganas, pero accedí; a fin de cuentas es muy lindo conmigo y ese detalle tal vez lo haría feliz.
Llegado el día me puse linda. Quería que me presumiera con sus amigos, y eso le jugó en contra a él y a mí me dio la mejor experiencia sexual de mi vida.
No lo metieron al partido. Se quedó en banca todo el juego y yo no sabía ni qué cara poner. Terminado el partido sus amigos decidieron salir a tomar unos tragos para celebrar la victoria. Accedí a pesar de que él estaba visiblemente incómodo, pero ya se le pasaría.
Pasada la noche y las copas, mi chico seguía incómodo, pero yo ya estaba un poco cachonda e intercambiaba miradas con el que anotó los goles del triunfo. No quería admitirlo, pero eso me excitaba y lo hacía ver más masculino que a mi pobre cita, que ni siquiera jugó. Miradas, bromas y coqueteos iban y venían mientras él se emborrachaba más y más, al punto de que lo tuvieron que enviar en taxi a su casa dejándome sola.
En ese momento el chico con el que llevaba rato coqueteando vio su oportunidad y la aprovechó. La verdad es que yo estaba esperando que se insinuara. Él y uno de sus amigos se ofrecieron a llevarme a casa. El otro no estaba mal y siempre había fantaseado con un trío; será que hoy se me hacía.
Me dejaron en la puerta de mi apartamento y, obvio, los invité a pasar. Accedieron con una sonrisa ladeada. Seguimos bebiendo y empezaron los coqueteos más desinhibidos, más directos, las preguntas sexosas, y el ambiente se cargó de tensión. Quería coger y ellos estaban deseando cogerme.
Uno me besó después de decirme que podíamos pasarla muy bien los tres juntos. Sonreí y pregunté cómo de manera pícara. Cuando me di cuenta su lengua bailaba en mi boca mientras las manos del otro me iban sacando la ropa. Siempre quise sentirme tan deseada que dos hombres me compartieran con tal de cogerme. Mientras me seguía besando con el chico, el otro bajó, me mamó el culo e introdujo dos dedos en mi concha, ya hecha un charco. Lenguas, dedos, manos y penes manoseándome y frotándose por mi cuerpo. Me llevaron a la cama, me pusieron en cuatro y, mientras se la chupaba a uno, el otro me follaba la boca sin contemplación. Me decían que ese era el tipo de sexo que merecía y no el sexo aburrido que me daba el otro mariquita, refiriéndose a mi cita. La verdad no podía estar más de acuerdo.
Me daban nalgadas, me tomaban del cabello, cambiaban de lugar solo para penetrarme desde diferentes ángulos y poses. Mientras uno me cogía, el otro me lamía las tetas o la concha, concentrados en mi placer con sincronización perfecta y yo concentrada en ser su puta.
Cuando volvimos a la posición inicial, yo siendo clavada de perrito mientras se la chupaba al otro, tuve mi tercer orgasmo de la noche. Escuché cómo el de atrás empezó a gemir y a convulsionar al mismo tiempo que tiraba su leche en mis nalgas y espalda. Luego el otro, sin avisarme, se corrió en mi boca. Reí al no poder tragarlo todo y quedar babeando de su semen.
Ellos estuvieron manoseándome y consintiéndome un rato más antes de irse, como si fuera su muñequita para darles placer y juguetear. Yo solo me dejaba. Al final se fueron no sin antes preguntarme si quería repetir el próximo fin de semana.
Obviamente les dije que sí. Creo que seguiré yendo a todos los partidos a los que me invite el chico con el que salgo.
Le cancelé la salida a mis amigas. Ya lo teníamos todo planeado: noche de chicas, salir a bailar, beber y divertirnos. Mi plan era ir; sí, ya me había arreglado y me había puesto el vestido más lindo que tengo, el que más sexy me hace sentir. Entonces llegó el mensaje que me cambió el plan.
El madurito con el que me he estado viendo para coger desde hace unas semanas me escribió. Tenía ganas de mí. Su esposa se había ido el fin de semana a casa de sus padres y su hija iba a salir con amigas. Me lo pensé. Quería salir con mis amigas, pero ese hombre, cada vez que me toma, me deja las piernas temblando de tal forma que me he vuelto un poco adicta a él y no sé como decirle que no. Tanto, que inclusive traicioné uno de mis principios y me lo cojo aún sabiendo que tiene esposa. Después de meditarlo un par de minutos le dije que estaba bien, que pasara a mi apartamento. Luego les cancelé a las chicas, diciéndoles que se me había presentado una situación de último momento.
Me terminé de revisar en el espejo y el morbo de saber que me iban a comer me empezó a crecer en el estómago. Ese hombre debía venir con hambre, y cuando tiene tantas ganas me da durísimo.
Pasados unos minutos me avisó que estaba afuera. Salí, lo invité a pasar y entramos al apartamento. Me dijo que me veía hermosa mientras me tomaba de la cintura y me acercaba a él, dominante como me gusta. Olía delicioso. Pude sentir sus músculos apretarse contra mí; eso me prende como nada. Empezó a besarme y yo jugué con la lengua en su boca mientras él me apretaba el culo y yo sentía su erección firme y dura contra el vientre.
—Eres mía —me dijo al oído, pasando de masajearme las nalgas a apretarme las tetas, desesperado, hambriento, dominante, sabiendo qué decirme y cómo tocarme.
—Hazme tuya —le dije.
Su mirada se encendió. Me arrodilló, se sacó la verga y me folló la boca con fuerza, metiéndola y sacándola como si mi boca fuera mi coñito. Cuando me soltó, le chupé las bolas mientras lo masturbaba. Eso lo hizo gemir, y escucharlo así me mojaba como nada en la vida.
Me levantó, me tomó de las caderas, me alzó el vestido, corrió mi hilo y me embistió con fuerza, clavándose en mí mientras gruñía y me decía lo mucho que le gustaba, que lo volvía loco y que yo era de su propiedad. Yo solo me apoyaba contra la pared y lo recibía, sintiendo cómo mis tetas rebotaban en cada embestida, cómo su carne dura y palpitante se abría paso en mi interior. Gemí, grité y supliqué por más mientras él seguía dándome y la sala se llenaba del sonido de sus bolas chocando contra mis nalgas. Estoy segura de que los vecinos escuchaban y no me importaba. Me dio varias nalgadas antes de venirse dentro y llenarme de besos la espalda, dejando su última descarga en mi interior.
Nos bañamos juntos y me cogió de nuevo, esta vez en la cama, haciéndome sexo anal, porque le encanta darme por el culito. Terminamos.
Se vistió rápido y me dijo que tenía que irse porque debía recoger a su hija, que había salido de fiesta con sus amigas. Me la mostró, orgulloso de lo linda que es. Me quedé helada: la hija del hombre que acababa de romperme el culo era una de las amigas con las que iba a salir esa noche.