Déjame adivinar: estas en la etapa en la que no estás triste por eso, pero lo pensas seguido, te arrepentis, pero también te alegras que haya pasado, no estás con enojo pero sí con decepcion. no extrañas a la persona pero si extrañas la sensación que te dio.
Nunca podría decir que terminamos bien, porque realmente nunca fue una conversación, solo sentí que tomaste una decisión y me la dejaste para aceptar. No hubo punto medio, no te pude decir cómo me sentía, solo tus términos y yo aprendiendo a sobrevivir al final por mi cuenta.
“No puedo darte lo que tú quieres.”, me dijo, sin nunca jamás haberme preguntado qué es lo que quería yo.
Y eso resume todo. Y por eso nunca hubiera funcionado.
Retírate de la misma forma en que llegaste: alegre, genuina, con buenas intenciones y en paz. Seguramente fuiste el golpe de suerte que jamás volverán a tener.
Me enamore de una persona que jamás me va a escribir cartas, que no va a luchar por mi, que no me va a dedicar canciones, que no me dará los buenos días, ni estará en los momentos difíciles, me enamore de alguien que nunca me quiso en su vida y que sin querer apareció en la mía.
Retírate de la misma forma en que llegaste: alegre, genuina, con buenas intenciones y en paz. Seguramente fuiste el golpe de suerte que jamás volverán a tener.
Cómo es el duelo; un día estás en tu cuarto doblando ropa muy tranquilamente y, de repente, estás en llanto porque no entendés por qué la vida te hizo pasar por eso.
Hoy decidí que no quiero construir, y mucho menos sostener, vínculos con personas a las que genuinamente no les importa cómo me he estado sintiendo estas últimas semanas.