@Alberto51560161@EmmanuelJo95924@MexicoMagico La información de la imagen es altamente probable que sea falsa, su naturaleza es la comedia simple. Aceptar la imagen como real es como creer que Jordi el Chico Polla es verdaderamente el participante olvidado de un concurso internacional de matemáticas.
@Alberto51560161@EmmanuelJo95924@MexicoMagico ¿Crees que el comprador tenga el suficiente dinero para cubrir los gastos de la hospitalización pre/postoperatoria, instrumental y honorarios medicos además de los sobornos para que nadie diga nada sobre la compra/venta de un órgano que no es necesario para vivir?
@Alberto51560161@EmmanuelJo95924@MexicoMagico Además, solo se debe realizar un ejercicio crítico sencillo. ¿Crees que el personal administrativo, médico, de enfermería de un hospital además del donante y el receptor se arriesgarían a terminar presos por el transplante de un órgano que no es necesario para vivir?
@Alberto51560161@EmmanuelJo95924@MexicoMagico Lo sé, pero ese tipo de delito se necesita la colaboración de muchas personas. Es poco probable que suceda y en caso de hacerlo, no se optaría por el periodicazo.
En 1975, la Unión Soviética publicó un excepcional set de naipes diseñado por el artista gráfico ruso V.M. Sveshnikov en la Colour Printing Plant de Leningrado, inspirado directamente en la iconografía antigua maya de México para honrar los avances del lingüista Yuri Knorozov en el desciframiento de los glifos; las tradicionales figuras de reyes, reinas y jotas fueron reemplazadas por personajes, dioses y elementos de la mitología mesoamericana —incluyendo representaciones como la de Lady Xoc de Yaxchilán y glifos del calendario Tzolkin—, convirtiéndolo en una verdadera rareza cultural que demuestra que la admiración por las culturas originarias de #México no tiene fronteras.
Un muchacho gringo con una libreta me destruyó ante el mundo entero. Y lo hizo en menos de un año.
Se llamaba John Kenneth Turner, era periodista, y hacia 1908 se metió a México haciéndose pasar por un inversionista rico que quería comprar tierras. Con esa máscara le abrieron las puertas de las haciendas henequeneras de Yucatán y de las plantaciones de tabaco del Valle Nacional. Los propios hacendados lo pasearon, orgullosos, enseñándole cómo funcionaba el negocio. Le contaron todo. Creían que hablaban con un colega.
Lo que publicó después se llama México Bárbaro, y no es un panfleto: es lo que él vio. La esclavitud por deudas. Los indios yaquis deportados desde Sonora hasta Yucatán, a miles de kilómetros de su tierra, a cortar henequén hasta morirse. Gente comprada y vendida por unos pesos.
Yo me había pasado treinta años vendiéndole a Europa y a Estados Unidos un México moderno, con ferrocarriles y luz eléctrica y bancos y ópera. Treinta años de fachada. Y un muchacho de veintitantos con una libreta y una mentira la tiró en unos meses.
No me arruinó una batalla. Me arruinó un reportaje.
Por eso, muchachos, encarcelen periodistas si quieren. Yo lo hice. No sirve de nada: el que sabe escribir siempre te sobrevive.
¿Habían oído hablar de México Bárbaro? Los leo.