Siempre he pensado que no hay que esperar para que termine un año, un mes o los “ciclos” sino que cada día es una nueva oportunidad de comenzar o más bien desde el momento en el cual decides cambiar tu vida
Hoy por la mañana hablé con Dios y le pregunté: “¿He cambiado?” Él me respondió: “Mucho. Hace un tiempo me buscabas en la desesperación; hoy me buscas en la gratitud. Antes me pedías que te rescatara; hoy me pides que te acompañe en cada paso. Eso es crecer conmigo”.
¿Por qué te preocupas por las personas que Dios apartó de tu vida? Las movió porque, tal vez, tú no te atrevías, o simplemente no eran buenas para ti, aunque lo desconocías. A veces, nos engañamos creyendo que esas personas van a cambiar, o las justificamos pensando que son aspectos de su personalidad que podemos sobrellevar. Déjalas fluir en una dirección distinta a la tuya.
No se trata de dejar de amar, sino de hacerlo desde una perspectiva diferente. Dios sabe qué es lo mejor para ti; conoce todos los corazones, pensamientos y acciones. Así que confía, porque todo está conectado para que cumplas tu propósito.
Las personas que se van no se llevan partes de ti, sino que liberan espacio para quienes están destinados a caminar a tu lado en una nueva etapa del viaje. Es natural sentir nostalgia, pero recuerda: no todas las conexiones están diseñadas para ser eternas. Algunas son lecciones, otras pruebas, y algunas simplemente capítulos que deben cerrarse para que algo más profundo y significativo pueda emerger.
Dios te ha dado un propósito único, y cada persona que entra o sale de tu vida juega un papel en ese gran plan. Algunos te guiarán, otros te desafiarán, y muchos te enseñarán lo que realmente necesitas para crecer. Así que no temas soltar: no es un signo de debilidad, sino de sabiduría y confianza. Confía en que los vacíos que ahora sientes serán llenados con nuevas experiencias, nuevos aprendizajes y, sí, nuevas personas que se alineen con la visión que Dios tiene para ti. Solo entonces podrás mirar atrás y entender que cada separación fue, en realidad, una bendición disfrazada.
Para entender el mundo, lee.
Para entenderte a ti mismo, escribe.
Para aprender más rápido, diviértete.
Para pensar con más claridad, medita.
Para ayudar a la gente, ayúdate a ti mismo.
Para mejorar tu estado de ánimo, haz ejercicio.