Por culpa de un inesperado e incómodo mensaje, ahora tengo que admitir que soy agnóstico.
No voy a aceptar la creencia en Dios, ni en el diablo ni en las almas, pero si mi creencia no define la existencia, entonces la existencia existe porque sí.
Ya me veo escribiendo como Hegel
Hoy me desperté pensando en cierres, y como un susurro, la respuesta llegó: "Cabeza dura", exclama el susurro, "¿Qué no te das cuenta que la soga que está atada a tu cuello cuelga de tus propias manos?"
Se libera la tensión, y llega el sinsentido. ¿Qué de mí anhela la asfixia?
En la lucidez que da la mañana ensalsada con esencias vitales, me encuentro con la verdad incómoda, inesperada, inevitable: no quiero aceptar la muerte, así que, al final, he terminado creando al fantasma que me agobia día a día, y una vez más, he creado mi propia desdicha.
Mientras veo la lluvia caer, solo se me viene a la mente el pensar...
"No estamos aquí para cuestionar la realidad que nunca nos tocó vivir, sino para tratar de entender la que sí nos tocó."
La lluvia cae sin parar; ya no me cuestiono por qué el sol no brilla.
¡Oh, libertad!
Se fue la voz que le dio vida a mi canción favorita de todos los tiempos. Pero la inmortalidad es humilde, y en tiempos de silencio, las voces que no se callan son, paradójicamente, las que no nos dejan irnos.
Ella no murió, porque su voz suena en mí.
La pasión no entiende, la lógica no siente. Se acaba mi vida segundo a segundo, y busco el sentido aunque el sentido no me busca.
Pero no temas amigo, hermano, verdugo, que tu verdad seguirá siendo tuya: absurda, feliz, trágica, tuya, mientras la mía... La mía solo se burla de mí
Y si te dijera que allá afuera todos mienten, ¿Me creerías?
Sería entonces válido que pensaras que si afuera ocurre, aquí adentro también.
Pero no es la mentira que aquí vive a la que debes temer.
Entonces, al final, ¿Cómo decides en qué mentira creer?
Solo estoy; ya no soy. Porque lo que alguna vez fui, ya nunca más seré.
Quizás esté, quizás no. Hoy solo estoy, y aunque no quiero estar, este ser no me deja ser.
Quisiera estar donde ya no estoy. Quisiera ser lo que ya no soy.
Quisiera... Solo quisiera.
Siempre es un momento sensible ese el de saber verdades. Las colosales estatuas se vienen abajo, y hay niebla caótica e incierta, pero el ser humano es constructor por naturaleza. Lo mueve el sobrevivir.
No le temas a la verdad; da más miedo construir en el aire de la falsedad.
A esos que me llaman "sin empatía", y a esos que no lo dicen pero lo piensan, les pregunto: ¿Acaso están dispuestos a enfrentar sus miedos y a dejar de mentir o mentirse?
¿Cierto que la respuesta no es tan fácil?
No es falta de empatía; es falta de conocimiento.
¡Cómo arde el corazón que siente! El aliento pesa, y hasta el incauto lo percibe. La sangre se espesa, el sudor se avinagra.
Y si tú no sientes, no te culpo; en el afán de la perfección se olvida el derecho fundamental a sentir.
Vivir es morir de a pocos; acostúmbrate al hedor.
Botar me cohibe de votar.
Dos palabras que suenan igual, que se visten igual al oído desprevenido, pero que dictan dos caminos en efecto distintos.
¿Pero a quién engaño? Yo no oigo bien, así que carezco de autoridad moral para cuestionar.
¿Y usted qué prefiere, botar o votar?
Se huye de la fama como se le busca. Ella la busca, ¿Pero qué busca? "Le falta pelo pa'la moña". Pero la admiro en secreto; esto que llamo autoestima me cohibe de grabarme.
Yo prefiero la desnudez; quien me lee, me ve desnudo. Soy como el aire tóxico que respiro.
El verdulero le dijo a esa muchacha que lo acompañaba: "Soy un macho alfa; el macho debe dominar a la hembra."
Curioso como se entiende el término: yo lo entendía más por el hecho de proteger y liderar la manada que por el hecho de dominar.
Matices.
"No todo el mundo merece acceso a mi energía", reza un post de esos que abundan, y que categorizo como "de mierda."
Y estoy en desacuerdo, obvio, porque mi energía merece prostituirse, regalarse, venderse, donarse, robarse.
Solo soy de quien fui; solo soy recuerdos vividos.
Con el tiempo, reafirmo mi postura de que la empatía real no existe; son mis problemas y punto. Que alguien se aguante mis berrinches, y se esfuerce mucho o poco por tenerme paciencia y acompañarme debería ser suficiente. Pero no; aquí estoy, insaciable e inconforme.
Pasamos del "Quisiera que fueras..." a "Entiendo que eres..." de una manera tan imperceptible, y así, entre otras muchas frases que cambian con nosotros, nos volvemos adultos.
La madurez no llega con los años sino con la elección de las palabras con las que entendemos el mundo.