Todo lo que se fue tenía que irse. Todo lo que dolió, te despertó. Todo lo que perdiste, te liberó. Nada se rompió sin propósito. El universo no te quita, te reacomoda. Y cuando dejas de resistirte, todo empieza a llegar con una perfección que antes no podías ver.
Ahora entiendes que no todo el que llega se queda, y no todo el que se queda te nutre. Que amar no es perderte en el otro, sino encontrarte contigo. Que el verdadero amor propio no grita, no suplica, no persigue. Solo elige, florece y se va cuando ya no se siente en paz.
No subestimes lo que ya lograste. A veces avanzas tanto que olvidas de dónde saliste. Detente un momento: mira todo lo que has superado. Ese camino recorrido es tuyo. Celébralo. Dios te trajo hasta aquí por algo.