La Suprema Corte (que de justa no tiene nada), vuelve a frenar un avance fundamental de la democracia mexicana.
Decide, por asuntos procedimentales y de “técnica legislativa”, invalidar el Plan B de la Reforma Electoral.
Nadie votó por ellos y aún así se escudan en el “nombre de la justicia” para atropellar a la voluntad popular y al proyecto de Nación que encabeza nuestro Presidente.
Urge que a los ministros se les elija por la vía directa. Esto no puede seguir así.