1/ ¿Qué une a una guerra naval de 1805, un compositor italiano en España y una melodía fascinante?
Al final de 'Master and Commander' suena una obra maestra oculta que guarda un a curiosidad fascinante. Abro hilo 🧵👇
Mi tierra, Valencia.
Eso que veis bajar es la Real Señera del Reino de Valencia, y no, no se inclina ante nadie. Es la única bandera de España que jamás se inclina, ni ante la Española.
No, no es una simple frase. La tradición se remonta al siglo XIV, concretamente al año 1365. La señera Valenciana recibe honores propios de su dignidad historica que fue concedida por el rey Pedro IV de Aragón, conocido como Pedro el Ceremonioso tras la resistencia de la ciudad durante la guerra contra Castilla.
¿Pero que fue lo que sucedió para que se le otorgara tal honor? Pues resulta que Valencia resistió los asedios castellanos de 1363 y 1364 realizados por Pedro I de Castilla que llegó a poner la ciudad en una situación muy difícil, pero Valencia resistió y permaneció fiel a Pedro IV.
Desde entonces, la Real Señera lleva además en su escudo una doble L, que significa que fue doblemente Leal...así que no, La Señera no se inclina ante nada ni ante nadie, por eso cada 9 de Octubre ocurre una de las imágenes más características de Valencia que es que la bandera no sale inclinando el asta para atravesar una puerta y se baja completamente vertical desde el balcón del Ayuntamiento.
Han pasado siglos, reyes, guerras, gobiernos y generaciones y la Real Señera sigue saliendo erguida. Porque Valencia podrá rendir honores a su Señera, pero su Señera no se inclina ante nadie ni lo hará jamas.
¡Feliç 9 d’Octubre! 💙❤️💛
Un pequeño anillo de sello de bronce que, a la espera de su datación y estudio, nos devuelve la imagen de una de las grandes maravillas de la antigüedad.
📷 Goddio / Hilti Foundation
Espero que este descubrimiento os haya fascinado tanto como a mí. ¡Gracias por leerme!
Elevada sobre un peñón de roca rojiza arenisca y mirando al río Ebro, se encuentra uno de los lugares que evocan otros tiempos, donde poder disponer de un templo que no pudiera derrumbarse, ni quemarse, era un símbolo de avance. ¿Dónde estamos?
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Bajo el Guernica no hay ningún torero, pero sí hay tauromaquia en el cuadro y ni rastro del bombardeo de Guernica.
Mi opinión sobre la polémica.
Llevo unos días con esto y lo que sigue son las conclusiones que saco después de leer a las dos partes (la que afirma que es un cuadro reciclado sobre la muerte de un torero y la que defiende que es un cuadro sobre el bombardeo) y mirar las pruebas que hay encima de la mesa.
La tesis del reciclaje circula en dos versiones. La antigua dice que Picasso tenía bocetado un cuadro sobre la muerte de Joselito, cogido en Talavera en mayo de 1920. La que he leído recientemente más repetida sitúa el germen en un homenaje a Ignacio Sánchez Mejías, cogido por el toro Granadino en Manzanares el 11 de agosto de 1934 y muerto dos días después en Madrid. La atribución más repetida apunta a Aquilino Duque, el crítico taurino Manolo González la defendió en Logroño en 2016, y lo que le ha dado fuerza últimamente es la declaración del pintor José Luis Galicia en Tendido Cero, en 2023, diciendo que vio la tela en el taller siendo muy niño. Ochenta y seis años de distancia.
Esta parte a mí parecer no se sostiene de ningún modo. Picasso fechaba su trabajo con obsesión, y el primer estudio de composición, lápiz sobre papel azul, lleva escrito de su puño el 1 de mayo de 1937, cinco días después del bombardeo, con el toro y la mano del quinqué ya dentro. Los cuarenta y cinco esbozos conservados salen en seis semanas. Dora Maar fotografió el proceso en el estudio de los Grands-Augustins entre el 11 de mayo y el 4 de junio, y ninguna de las veintiocho tomas arranca de una pintura previa. Arrancan del lienzo con el carboncillo encima. Además, el Reina Sofía pasó el cuadro por luz ultravioleta, infrarroja y radiografía de rayos X en el proyecto Repensar Guernica, que es precisamente lo que detecta la pintura oculta, como ocurrió con La habitación azul de la Phillips Collection, donde apareció el retrato de un hombre con barba. Aquí no salió ningún torero ni ninguna modificación que indique que se trataba de un cuadro previo modificado.
Lo también es evidente es que en el cuadro no hay nada del bombardeo. Ni aviones, ni bombas, ni fuego cayendo del cielo, ni boinas, ni el roble, ni una casa vasca. El toro, el caballo abierto por el pitón, la figura yacente y desmembrada, la mujer que asoma con la lámpara. Ese vocabulario venía de las corridas de 1933 y sobre todo de la Minotauromaquia (aguafuerte de 1935), que alguna lectura describe como el Guernica al revés, con el toro a un lado, el caballo cargando al torero muerto y la niña con la luz.
Hay además una prueba de fecha a tener en cuenta, el 8 y el 9 de enero de 1937 Picasso grabó las catorce primeras viñetas de Sueño y mentira de Franco, y allí están ya el toro enfrentado al general, el caballo muerto cobijando al jinete caído y el cadáver de una mujer. Aquello es tres meses y medio anterior a Gernika.
De modo que la conclusión que saco es esta. El cuadro no recicla una tela anterior, pero el bombardeo tampoco le aportó más que el título, la fecha y el destinatario, que era el pabellón de la República en la Exposición de París. Todo lo que se ve estaba montado antes, con la tauromaquia como hilo artístico.
Hay que decir también que esas mismas planchas de enero prueban que Picasso ya había puesto el repertorio taurino al servicio de la guerra de España antes de que nadie bombardeara Gernika. El encargo era de principios de 1937 y era un mural sin tema fijado y pasó cuatro meses sin decidir qué pintar. Las cuatro viñetas que faltaban de aquella serie las grabó el 7 de junio de 1937, tres días después de dar el cuadro por terminado, y en ellas repite las figuras del Guernica.
Three thousand years ago, in the space of a single lifetime, every great power in the eastern Mediterranean collapsed at once. Almost every great city on earth was burned to the ground within a few decades, writing itself was forgotten, and no one has ever fully worked out why...
We call it the Late Bronze Age Collapse, and to understand how strange it is, you have to see how advanced the world was before it. Around 1200 BC the eastern Mediterranean was a connected web of superpowers: the Mycenaean Greeks, the world of Homer's heroes. The Hittite Empire in Anatolia. The wealthy port kingdom of Ugarit. Egypt at the height of the New Kingdom.
They traded metals and gold across thousands of miles, sent letters back and forth, married into one another's royal families, and ran vast economies that had held together for centuries.
And then, within roughly two generations, nearly all of it was gone...
The cities burned: Mycenae, Pylos, the Hittite capital of Hattusa, Ugarit, and dozens of others were destroyed by fire, many never rebuilt. The Hittite Empire vanished so completely that its capital was lost for three thousand years. In Greece the palaces fell, the population dropped, and the Greeks forgot how to write, plunging into a dark age so total that literacy did not return for roughly four hundred years.
No one has ever agreed on what caused it, only a list of overlapping catastrophes that struck at once: waves of mysterious searaiders the Egyptians called the Sea Peoples, decades of drought and famine, earthquakes, and the breakdown of the trade routes that every kingdom depended on.
What should make us reflect is that these were the most advanced civilizations of their age, and they never saw it coming. Once it began, they could not stop it. As the historian Robert Drews once wrote: "Within a period of forty to fifty years at the end of the thirteenth and the beginning of the twelfth century almost every significant city in the eastern Mediterranean world was destroyed, many of them never to be occupied again."
The people who lived through it did not know they were living at the end of an age. No one ever does...
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“Bajo mi punto de vista, el objetivo del mago o la maga no es otro que el de trastocar la realidad de los espectadores, hacer que se pregunten qué es lo que han visto, y durante un momento conseguir que vivan algo insólito, no comprensible por la lógica.”
Juan Tamariz. Te echaremos de menos, maestro.
GARCÍA LORCA: EL POETA DE LA TIERRA
No han pasado cinco años, sino noventa desde que Federico García Lorca fue asesinado junto a un olivo en el camino que va de Víznar a Alfacar. Noventa años que pesan como un pecado colectivo, pues quitar la vida a un poeta significa amordazar a un pueblo, privándole de la voz que expresa sus anhelos más profundos. Con la muerte de García Lorca, cayó una losa de silencio sobre una España que se adentraba en una larga y lúgubre dictadura. Se ha especulado mucho sobre los motivos del asesinato, intentando atenuar la responsabilidad de sus autores materiales e intelectuales. Se ha llegado a decir que fue un error, que en realidad se trató de una venganza familiar, pero esos argumentos falsean la realidad, pues a García Lorca lo mataron por lo que representaba: la posibilidad de una España libre y tolerante, sin “curas, moscas ni militares”, por utilizar una expresión de Pío Baroja. Frente a los lutos de una iglesia tridentina, la épica de cartón piedra de los espadones y la avaricia de los grandes terratenientes y financieros, García Lorca encarnaba la alegría mediterránea y dionisíaca, sin sombra de puritanismo ni intransigencia. El poeta no era anticristiano, pero alentaba un paganismo luminoso y colorido que resultaba intolerable para los sectores más conservadores. La claridad y frescura de su poesía constituía un desafío para las instituciones y las élites económicas que se resistían a la modernidad. Luis Cernuda, amigo del poeta, despejó cualquier duda al respecto: “…te mataron, porque eras / verdor en nuestra tierra árida / y azul en nuestro oscuro aire” (“A un poeta muerto”). La “hiel sempiterna del español terrible” que aún perdura ha impedido que se rescaten los restos del poeta. Lejos de intentar deshacer este agravio, las autoridades han hecho lo posible por perpetuarlo. España sigue siendo el país de los grandes cementerios bajo la luna, tal como señaló Georges Bernanos, el escritor católico francés que alzó su voz contra la represión franquista en Mallorca.
AÑOS DE FORMACIÓN Y EMBRUJO
Hijo de un próspero hacendado y una maestra, Federico García Lorca nació en el municipio granadino de Fuente Vaqueros el 5 de junio de 1898. De joven estudió piano y, más adelante, se matriculó en la universidad para cursar Derecho y Filosofía y Letras. Nunca se sintió cómodo con la enseñanza académica. Intuitivo, afectuoso y espontáneo, su carácter seducía sin esfuerzo. Cuando se alojó en la Residencia de Estudiantes gracias a la ayuda de Fernando de los Ríos, se transformó de inmediato en el centro de las reuniones. Allí conoció a Rafael Alberti, Luis Buñuel, Salvador Dalí. Los testimonios de sus contemporáneos son unánimes, destacando su personalidad carismática e hipnotizadora. “Aquel hombre era ante todo manantial, arranque fresquísimo de manantial –afirma Jorge Guillen-, [a su lado] no hacía frío de invierno ni calor de verano: hacía… Federico”. Pedro Salinas añade: “Se le sentía venir mucho antes de que llegara, le anunciaban impalpables correos, avisos, como de las diligencias en su tierra, de cascabeles por el aire”. Luis Cernuda utiliza otra metáfora, no menos deslumbrante: “Si alguna imagen quisiéramos dar de él sería la de un río. Siempre era el mismo y siempre era distinto, fluyendo inagotable, llevando a su obra la cambiante memoria del mundo que él adoraba”. Vicente Aleixandre completa el retrato con unas hermosas y precisas palabras: “Era tierno como una concha de la playa. Inocente en su tremenda risa morena, como un árbol furioso. Ardiente en sus deseos, como un ser nacido para la libertad”. Sin embargo, la felicidad y el júbilo que transmitía no reflejaban su ser más hondo: “Su corazón –matiza Aleixandre- no era ciertamente alegre. Era capaz de toda la alegría del Universo; pero su sima profunda, como la de todo gran poeta, no era la alegría. Quienes le vieron pasar por la vida como un ave llena de colorido, no le conocieron. […] Amó mucho, cualidad que algunos superficiales le negaron. Y sufrió por amor, lo que probablemente nadie supo”. Rafael Alberti señaló algo parecido, afirmando que detrás de la sonrisa de Federico latía la tristeza. Emilia Llanos, entrañable amiga del poeta, ha contado que a veces se sumía en su silencio doliente, con la mirada perdida y la boca fruncida. Es probable que su sufrimiento procediera del conflicto que supuso su homosexualidad. Abocado al secreto y el disimulo, quizás lo que más le atormentaba era la imposibilidad de la paternidad. El “amor que no se atreve a decir su nombre” carece de la fecundidad del amor tradicional. No puede fructificar ni engendrar vida. Su horizonte es la soledad y el rechazo. Se ha dicho que Lorca fue una especie de “Adán oscuro”, pues simboliza a esa nueva humanidad que lucha contra el desprecio y la marginación, anhelando una aurora que le exima de vivir avergonzada y escondida en las sombras.
EL ROMANCERO GITANO
García Lorca mantuvo una sincera amistad con Manuel de Falla que incluyó proyectos en común sobre el cante jondo, los títeres y el folklore. En 1927 participó en el homenaje a Góngora organizado en Sevilla por un grupo de poetas a los que más tarde se conocerá como Generación del 27. Con la publicación del Romancero gitanoen 1928 llega el reconocimiento literario. Sin embargo, sus amigos Luis Buñuel y Salvador Dalí critican el libro, acusándole de explotar un pintoresquismo trasnochado. Empieza a circular la leyenda de un Lorca con pocas lecturas y mucha intuición, un autor con “duende”, que conecta con lo primitivo y elemental, pero sin nociones de técnica poética. Sin embargo, en la famosa antología de Gerardo Diego, Poesía española, aclara: “Si es verdad que soy poeta por la gracia de Dios –o del demonio-, también lo soy por la gracia de la técnica y del esfuerzo y de darme cuenta en absoluto de lo que es un poema”. En una carta enviada a Jorge Guillén mientras trabajaba en el Romancero, explica su planteamiento, nada espontáneo: “procuro armonizar lo mitológico gitano con lo puramente vulgar de los días presentes”. En una conferencia pronunciada en 1926, aborda uno de sus poemas más populares, “Romance sonámbulo”, donde explota las connotaciones del color verde (“Verde que te quiero verde. / Verde viento. Verdes ramas”). Interpretado por la crítica como una alusión a la muerte, García Lorca rechaza las lecturas que buscan un significado claro y unívoco: “nadie sabe lo que pasa, ni aun yo, porque el misterio poético es también misterio para el poeta que lo comunica, pero que muchas veces lo ignora”. García Lorca aclara que el protagonismo del Romancero gitanoes un personaje con dos nombres: Granada y la Pena. En una entrevista celebrada en 1931 se muestra más preciso: “El Romancero gitano no es gitano más que en algún trozo al principio. En su esencia es un retablo andaluz de todo el andalucismo. Al menos como yo lo veo. Es un canto andaluz en el que los gitanos sirven de estribillo. Reúno todos los elementos poéticos locales y les pongo la etiqueta más fácilmente visible. Romances de viejos personajes aparentes, que tienen un solo personaje esencial: Granada”.
El Romancero gitano se caracteriza por una estricta condensación que al mismo tiempo contrae y expande los significados, explotando imágenes que trascienden lo puramente racional. Algunas imágenes parecen ingenuas, casi infantiles, pero de inmediato se revela su hondura, que incluye una vasta constelación de simetrías y contrastes. El hermetismo de algunas metáforas solo acredita la excelencia poética de García Lorca, pues el terreno de la lírica no es la claridad expositiva, sino la alusión y el misterio, la sugerencia y lo implícito. Esta circunstancia le da la razón a Jorge Guillén, según el cual solo un poeta puede explicar a otro. Los críticos siempre se quedan en la superficie. Ven el paisaje, pero no las raíces. Como apunta Juan López-Morillas, “García Lorca no es un poeta de ideas; es un poeta de mitos”. Eso explica que escogiera el romance, una de las formas métricas más antiguas y con un eco primordial, casi telúrico. El Romancero gitano gira alrededor del mito esencial de la existencia humana: el conflicto entre el yo, que lucha por dilatarse y perdurar, y las fuerzas de la naturaleza, que acaban derrotándole para sumirlo en la muerte. El gitano es el nuevo Prometeo. Se rebela contra el orden cósmico y social para preservar su libertad. Su anhelo de perpetuo movimiento choca con una sociedad que no cesa de hostigarlo para que adopte el sedentarismo. La tragedia es que cuando al fin lo hace, continúa sufriendo incomprensión y violencia. Así sucede en Romance de la Guardia Civil Española, donde un campamento es arrasado sin ningún motivo, salvo el odio a un pueblo que ha elegido vivir de otro modo. García Lorca caracteriza a los guardias con rasgos que evocan las pinturas negras de Goya y el esperpento valleinclanesco: “de plomo las calaveras”, “alma de charol”, “jorobados y nocturnos”, “capas siniestras”. Frente a ellos, la ciudad de los gitanos, “ciudad de dolor y almizcle, con torres de canela”, solo cuenta con la protección de la Virgen y San José, que “perdieron sus castañuelas, / y buscan a los gitanos / para ver si las encuentran”. “La Virgen cura a los niños / con salivilla de estrella. / Pero la Guardia Civil / avanza sembrando hogueras, / donde joven y desnuda / la imaginación se quema”. Con este poema, García Lorca preparó el escenario de su muerte. La derecha nunca le perdonaría que hubiera escarnecido a uno de sus símbolos más emblemáticos.
POETA EN NUEVA YORK
Después de un desengaño sentimental, viaja a Nueva York y Cuba. Estados Unidos le produce una impresión muy negativa. Testigo del famoso crack del 29, Nueva York le parece una ciudad sin raíces ni identidad, violenta y deshumanizada, donde los negros sufren una cruel discriminación. Las fuerzas naturales y los mitos han sido ahogados por un engranaje frío e impersonal, que rinde culto al dinero, el nuevo Moloch. En unas declaraciones, resume su visión con una frase escueta y demoledora: “Espectáculo terrible, pero sin grandeza”. Entre 1929 y 1930 compone Poeta en Nueva York, que José Bergamín logrará publicar en 1940 de forma simultánea en México y Estados Unidos. Cernuda afirmó que Lorca no leyó a los surrealistas franceses y, de hecho, cuando al poeta granadino le comentaron que sus poemas más experimentales se inscribía en la poética del surrealismo, aclaró airado: “No es el surrealismo, ¡ojo! La conciencia más clara los ilumina”. Sin embargo, en Poeta en Nueva York se advierte ese regreso a lo originario, mágico y onírico que había inspirado el Romancero gitano y que tan cerca está del surrealismo. El surrealismo impugna siglos de lógica y racionalismo para recuperar la faceta más espontánea e intuitiva del hombre. No es una simple vanguardia con unos planteamientos innovadores, sino una rebelión contra la razón que intenta restaurar lo elemental y genuino. En el caso de Lorca, los gitanos y los negros simbolizan ese modo de vida más auténtico, donde el mito aún no ha sido abolido y silenciado por el logos. Ambas razas encarnan la inocencia del hombre antes de la caída, cuando aún no existían las nociones de culpa y pecado. En “Norma y paraíso de los negros”, los negros son “pájaro”, “luz y viento”, pero están atrapados “en el salón de la nieve fría”, ese mundo deshumanizado creado por los blancos. En “Oda al rey de Harlem”, el negro es el “fuego de siempre” que duerme en los pedernales. Su liberación no será posible sin “matar al rubio vendedor de aguardiente, a todos los amigos de la manzana y de la arena”. Las armas del rey de Harlem son simbólicas: una cuchara. Una cuchara para frenar “los tanques de agua podrida” de la civilización. Harlem es el territorio del dolor, un gueto donde ha anidado la Pena, no muy distinto del campamento gitano arrasado por la Guardia Civil en la lejana Andalucía:
¡Ay, Harlem! ¡Ay, Harlem! ¡Ay, Harlem!
no hay angustia comparable a tus rojos oprimidos,
a tu sangre estremecida dentro del eclipse oscuro,
a tu violencia granate sordomuda en la penumbra,
a tu gran rey prisionero, con un traje de conserje.
Los negros lloraban “confundidos / entre paraguas y soles de oro, / los mulatos estiraban gomas, ansiosos del llegar al torso blanco”. Por debajo de las pieles, “la sangre furiosa, viva en la espina del puñal”. Sangre que “viene, que vendrá / por los tejados y azoteas, por todas partes, / para quemar la clorofila de las mujeres blancas”. Todo Harlem es un clamor de desheredados que gimen por su liberación:
¡Ay, Harlem, disfrazada!
¡Ay, Harlem, amenazada por un gentío de trajes sin cabeza!
Me llega tu rumor,
me llega tu rumor atravesando troncos y ascensores,
a través de láminas grises
donde flotan tus automóviles cubiertos de dientes,
a través de los caballos muertos y los crímenes diminutos,
a través de tu gran rey desesperado
cuyas barbas llegan al mar.
EL POEMA DEL CANTE JONDO
Al finalizar su estancia en Nueva York, García Lorca viaja a La Habana, donde pasa tres semanas. Cuando vuelve a España, ha cobrado confianza en sí mismo, pero también parece un hombre desengañado y endurecido. A la llegada de la Segunda República, se embarca en el proyecto de llevar a los pueblos los clásicos del Siglo de Oro (Calderón, Lope, Cervantes). Codirige con Eduardo Ugarte “La Barraca”, un grupo de teatro universitario que asumirá la representación de las obras seleccionadas. El socialista Fernando de los Ríos, Ministro de Instrucción Pública, financia el proyecto, malogrado por el estallido de la Guerra Civil. La última función se realizará en el Ateneo de Madrid durante la primavera de 1936, llevando a escena El caballero de Olmedo, de Lope de Vega.
Aunque fue compuesto en 1921, el Poema del cante jondo no se publica hasta 1931. Se trata de una obra con un universo similar al del Romancero gitano. García Lorca explora el alma de un “pueblo triste” que orbita alrededor del Amor, la Pena y la Muerte. En esa trama, hay un hálito sagrado, pero no se trata de una especie de participación en lo sobrenatural, sino de un panteísmo que impregna todo de misterio y tragedia. Granada tiene dos ríos: uno se llama llanto y otro sangre. Por sus aguas “sólo reman los suspiros”. La guitarra es el instrumento musical que mejor refleja esa música secreta. “Llora monótona” y “es imposible callarla”. Es “un corazón malherido” que “llora por las cosas lejanas”. Andalucía es una tierra doliente: “por el aire ascienden / espirales del llanto”. La aurora es una ilusión que se desvanece. “Sólo queda / el desierto. / Un ondulado / desierto”. El poeta “ve por todas partes […] el puñal en el corazón”. Todo es frágil o está roto. Solo el silencio permanece incólume. En calles, yacen los muertos y no los conoce nadie. En un arranque místico, García Lorca canta a la Virgen, que avanza “por el río de la calle / ¡hasta el mar!”. Su presencia es tan luminosa como la de Cristo, “lirio de Judea” y “clavel de España”. El Cristo de Lorca es un Cristo gitano, “moreno / con las guedejas quemadas, / los pómulos salientes / y las pupilas blancas”. El alma gitana, “vestida de blanco”, es luz y alegría, pero también un eco trágico que nunca se apaga. Se expresa en el baile y en la guitarra, que “hace llorar a los sueños”. Por su “boca redonda” se escapa “el sollozo de las almas”. El paisaje refleja esa tensión entre la luz y la sombra. Bajo el cielo de Granada, una chumbera no es un simple arbusto, sino “un Laoconte salvaje”. Poema del cante jondo está muy lejos de ser un poemario costumbrista. Es una obra moderna, que mide los límites del lenguaje, alumbrando poderosas metáforas. No es un texto autobiográfico, sino la creación de un yo poético que pretende ser la voz de la Andalucía silenciada por una burguesía autocomplaciente. En Poema del cante jondo, se manifiesta claramente que García Lorca es el poeta de la tierra. En esta obra, los poemas -sencillos, elementales, populares- parecen compuestos para ser cantados. Su brevedad los convierte en alfilerazos que nos recuerdan el triunfo de la Muerte sobre la débil esperanza de los hombres. El pálpito metafísico convive con el lamento amoroso. La pasión no apunta a la felicidad, sino a la insatisfacción y la tragedia. Solo la fugaz aparición de la Virgen y el Cristo aporta una tibia ilusión y un efímero consuelo.
EL DRAMATURGO Y LA ELEGÍA POR SÁNCHEZ MEJÍAS
En 1933, la compañía de Lola Membrives estrena Bodas de sangre en Buenos Aires. Lorca combina una vez más el mito y el color local, lo universal y el folclore andaluz, logrando crear una atmósfera de fatalidad que evoca la tragedia griega, donde los personajes son títeres en manos de las pasiones y el destino. El éxito proporciona independencia económica a Lorca, que viaja Argentina, donde dirige la escenificación de Bodas de sangre, que se representa ciento cincuenta veces. Conoce a Pablo Neruda y otros poetas. Regresa a España y su pluma fructifica, alumbrando obras como Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores, Yerma, La casa de Bernarda Alba y Llanto por Ignacio Sánchez Mejías. Al igual que Unamuno, García Lorca opinaba que los toros expresaban la esencia del carácter español, con la mirada siempre fija en la muerte. Cuando “Granadino”, un toro pequeño y astifino, mata de una cornada a Sánchez Mejías, el poeta se conmueve profundamente y escribe la elegía más bella de nuestras letras desde las Coplas de Jorge Manrique. Un año más tarde, aparece la “Elegía” a Ramón Sijé, con una hondura poética similar. La elegía de Lorca reúne el primitivismo del cante jondo, reiterando la hora fatal (“a las cinco de la tarde”), con las intuiciones más innovadoras (“y el óxido sembró cristal y níquel”, “Ya luchan la paloma y el leopardo”, “Trompa de lirio por las verdes ingles"), que evocan la poesía visionaria de T. S. Eliot. Al mismo tiempo, es difícil no pensar en la tragedia griega: “Duerme, vela, reposa: ¡También se muere el mar!”. Lorca parece escribir su epitafio con la última estrofa:
Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,
un andaluz tan claro, tan rico de aventura.
yo canto su elegancia con palabras que gimen
y recuerdo una brisa triste por los olivos
La casa de Bernarda Alba, concluida un mes antes de la sublevación del 18 de julio, es una de las cumbres del teatro español del siglo XX. García Lorca ha alcanzado la madurez como autor dramático y ha depurado el texto hasta dejarlo casi desnudo, libre de efusiones líricas y explosiones retóricas. No es una obra realista, sino deliberadamente estilizada que pretende captar el conflicto entre el deseo y la estricta moral católica. Bernarda, la matriarca, solo se preocupa por el qué dirán. Cuando se suicida Adela, una de sus hijas, únicamente le preocupa que nadie descubra que ya no es virgen. Las “voces de presidio” que gobiernan su casa son las mismas que se escuchan desde los púlpitos de las iglesias y las tribunas de la derecha. Lorca habla abiertamente del deseo sexual de sus personajes femeninos, mostrando que la represión del instinto destruye las posibilidades de felicidad. Su discurso es inaceptable para los que solo concebían un destino para la mujer: ser ama de casa y acatar la voluntad de su marido. Aunque la obra no se estrenó en España hasta 1950, los sectores más intolerantes ya habían puesto al poeta en su punto de mira. La “España que se resistía a morir”, según palabras de Gil Robles, consideraba a Lorca un enemigo. De ahí que la revista satírica Gracia y Justicia, de orientación católica y fascista, publicara artículos difamatorios, acusándole de ateo y aireando su homosexualidad.
PASIÓN Y MUERTE
García Lorca nunca se afilió a un partido político, pero siempre simpatizó con la República y nunca rechazó firmar un manifiesto antifascista. Al mismo tiempo, se declaró “católico estético” y rechazó las presiones que ejercieron sobre él para que militara en el Partido Comunista. Siempre mantuvo un inequívoco compromiso con los más desfavorecidos. Al evocar la pobreza de los campesinos de su Andalucía natal, comentaba: “Nadie se atreve a pedir lo que necesita. Nadie osa rogar el pan por dignidad y por cortedad de espíritu. Yo lo digo, que me he criado entre esas vidas de dolor. Yo protesto contra ese abandono del obrero del campo”. Poco después de visitar Nueva York, explica por qué le ha impactado tanto el espectáculo de la exclusión y la marginación de las minorías raciales: “Yo creo que el ser de Granada me inclina a la comprensión simpática de los perseguidos. Del gitano, del negro, del judío…, del morisco, que todos llevamos dentro”. Lorca siempre lamentó la caída de la Granada musulmana: “Fue un momento malísimo, aunque digan lo contrario las escuelas. Se perdieron una civilización admirable, una poesía, una astronomía, una arquitectura y una delicadeza únicas en el mundo, para dar paso a una ciudad pobre y acobardada, a una ‘tierra del chavico’ donde se agita actualmente la peor burguesía de España”. García Lorca no fue una víctima accidental del caos inicial de la Guerra Civil, sino un objetivo muy claro de los sublevados. Se ha dicho que afrontó su detención con cobardía, pero Esperanza Rosales, único testigo de ese momento, afirma que conservó la calma: “Se mostró muy entero, muy hombre”. De hecho, se despidió con unas palabras tranquilizadoras: “No te doy la mano porque no quiero que pienses que no nos vamos a ver otra vez”. Cuando decidió volver a Granada, descartando el exilio en Biarritz, ya había mostrado la misma mezcla de serenidad y fatalidad ante Rafael Martínez Nadal, al que le dijo: “Estos campos se van a llenar de muertos. Me voy a Granada y sea lo que Dios quiera”. Mientras esperaba el “paseo”, animó a sus compañeros de celda. Fumó sin parar y pidió confesarse, pero el sacerdote se había marchado. Uno de los carceleros, algo más compasivo que los demás, le ayudó a rezar, pues el poeta había olvidado las oraciones de su niñez.
La desaparición física no logró apagar la estrella del poeta, que no ha cesado de incrementar su resplandor con el paso de los años. “La muerte se diría / más viva que la vida / porque tú estás con ella, / pasado el arco de tu vasto imperio, / poblándola de pájaros y hojas / con tu gracia y tu juventud incomparables”, escribe Cernuda, no sin advertir que “la realidad más honda de este mundo / [es] el odio, el triste odio de los hombres, / que en ti señalar quiso / por el acero horrible su victoria”. La muerte no es la enemiga del poeta. Al revés, “para el poeta la muerte es la victoria”. Durante su estancia en Nueva York, Philip Cummings preguntó a García Lorca qué significaba realmente la vida para él: “Felipe –contestó-, la vida es la risa entre un rosario de muertes. […] Es venir de ningún sitio e irse a ningún sitio y estar en todas partes rodeados de lágrimas”. El sentimiento trágico de la vida es una de las características más inequívocas del carácter español. “España es el único país donde la muerte es un espectáculo nacional”, aseguraba Lorca. Y añadía: “En todos los países la muerte es un fin. Llega y se corren las cortinas. En España, no. En España se levantan”.
España ha cambiado mucho, pero aún no se ha logrado digerir el pasado. Los revisionistas intentan justificar la dictadura. Los que aún sueña con asaltar los cielos, mutilan la historia, ocultando el terror revolucionario. La Guerra Civil necesita un cierre, un hecho simbólico que normalice definitivamente la convivencia y tal vez la exhumación de los restos de Lorca podría ser ese acontecimiento que permitiera construir una memoria colectiva sin revanchismos, falacias ni distorsiones. “La sal de nuestro mundo eras, / vivo estabas como un rayo de sol, / y ya es tan sólo tu recuerdo / quien yerra y pasa”, escribe Cernuda. Yerra y pasa, sí, pero como un surco fecundo donde fructifica la semilla.
RAFAEL NARBONA
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Me preguntan también por buenas traducciones de la Ilíada, y hay dos que podemos llamar canónicas: la de Crespo Güemes (Gredos) y la clásica de Luis Segalá, mi favorita, de la que hay innumerables ediciones. Una versión moderna que me parece recomendable es la de Óscar Martínez (Alianza). Y para los exquisitos, dos ediciones bilingües excelentes: la de García Blanco y Macía Aparicio (Alma Mater) y la de Javier Pérez (Abada). Blackie Books tiene versiones ligeras y muy legibles de la Iliada y la Odisea, adecuadas para jóvenes primeros lectores, basadas en las versiones inglesas de Samuel Butler.
Así fue como un solo barco puso en jaque a todo un imperio y se ganó un lugar de honor en la historia naval como uno de los mayores ejemplos de valentía y tesón de la Armada Española.
FREUD SUS HIJOS Y LA GUERRA
La fotografía parece mostrar a un padre orgulloso junto a dos hijos uniformados. En realidad, conserva uno de los pocos momentos en que Sigmund Freud pudo comprobar personalmente que ambos seguían vivos.
La imagen fue tomada en Salzburgo en agosto de 1916. Junto a Freud aparecen Ernst y Martin, dos de sus tres hijos varones, vestidos como oficiales del ejército austrohúngaro y temporalmente alejados del frente.
El tercero, Oliver, también prestó servicio durante la Primera Guerra Mundial, aunque no aparece en el retrato.
Cuando el conflicto comenzó en 1914, Freud tenía 58 años y era demasiado mayor para ser movilizado. Como muchos intelectuales de Viena, recibió inicialmente la guerra con un entusiasmo patriótico que pronto terminaría resultándole difícil de reconocer.
Martin, su hijo mayor, acababa de completar sus estudios de Derecho. Al principio creyó que la guerra duraría poco y que él y sus hermanos quizá no serían llamados. Nueve días después comunicó a su padre que se había presentado voluntariamente para servir en la artillería.
Explicó que, al no tener esposa ni hijos, podía afrontar mejor el riesgo de no regresar.
La realidad militar comenzó a deshacer rápidamente aquella seguridad.
Martin escribió desde barracones, establos y posiciones cercanas al frente. Hablaba de noches sin dormir, uniformes que no podía cambiarse durante días, enfermedades, escasez y dinero enviado por su familia para conseguir comida o atención médica.
En octubre de 1914 perdió varios kilos y tuvo que ser hospitalizado. Sus primeras ambiciones militares comenzaron a desaparecer mientras recuperaban importancia los planes profesionales y familiares que había dejado atrás.
Después fue enviado a combatir en Galicia, Rusia e Italia.
Ernst también interrumpió sus estudios de arquitectura para incorporarse al ejército. Oliver, que se preparaba como ingeniero, sirvió durante los últimos años de la guerra.
Para Freud y su esposa, Martha, la vida cotidiana quedó organizada alrededor de cartas, telegramas y noticias incompletas. Cada silencio podía significar que un mensaje se había perdido o que uno de sus hijos ya no podía escribir.
Durante el permiso de 1916, Martin y Ernst coincidieron con sus padres en Salzburgo. Freud describió a ambos como tenientes de los que se sentía orgulloso, pero señaló una diferencia que la fotografía no podía explicar.
Ernst parecía conservar su energía habitual. Martin había regresado agotado después de atravesar una ofensiva rusa.
Poco después, ambos volvieron a sus unidades.
Para entonces, la mirada de Freud sobre la guerra había cambiado profundamente. En 1915 publicó sus reflexiones sobre la guerra y la muerte. Allí cuestionó la idea de que la civilización hubiera eliminado los impulsos más violentos del ser humano.
Los gobiernos que exigían obediencia moral a sus ciudadanos, observó, podían permitirse durante la guerra engañar, destruir y matar en una escala que habría convertido a cualquier individuo en criminal.
La guerra no había creado repentinamente la brutalidad. Había retirado parte de las barreras que normalmente la mantenían oculta.
Aquellas preguntas reaparecieron después en sus estudios sobre los traumas de los combatientes, la repetición involuntaria de experiencias dolorosas y las fuerzas destructivas que podían actuar dentro de las personas. En 1920, Más allá del principio del placer presentó su polémica teoría de una pulsión orientada hacia la destrucción y la muerte.
El conflicto no fue la única causa de esa transformación intelectual. También influyeron sus investigaciones clínicas y pérdidas personales, incluida la muerte de su hija Sophie. Pero la guerra le había mostrado cómo sociedades orgullosas de su cultura podían regresar rápidamente a una violencia que creían haber superado.
Martin sobrevivió, aunque terminó herido y prisionero de los italianos. No regresó definitivamente a casa hasta agosto de 1919, casi un año después del armisticio. Ernst y Oliver también sobrevivieron y retomaron sus vidas profesionales.
La familia tuvo una fortuna que millones de hogares europeos no compartieron.
La fotografía de Salzburgo no muestra trincheras, cadáveres ni ciudades destruidas. Solo presenta a tres hombres ante una cámara.
Pero detrás de los uniformes había un padre esperando noticias y dos jóvenes que pronto regresarían a una guerra que ya había comenzado a transformar la manera en que aquel padre entendía la mente humana.
Freud dedicó su vida a buscar lo que permanecía oculto bajo las apariencias.
En esa imagen, lo oculto era el miedo.
El día que alguien me explique por qué tenemos que acoger a los menores de edad que vienen de Marruecos, donde no hay ninguna guerra y podrían ser fácilmente devueltos a sus padres, le estaré eternamente agradecido.
Una explicación lógica, que pueda entender.
"Será augurio feliz para el afligido, y que quien se creía cercado de asesinos quede libre de ellos; el que tenía su casa en llamas, vea el incendio apagado; el que veía a su hijo arrastrado por las aguas, lo vea salvado; y siempre vele por la propiedad y seguridad de todos".