Esos tres niños fueron estrangulados por su madre, Lindsay Clancy, en los Estados Unidos.
El juicio está terminando. Ella confesó haberlos matado. No hay duda de eso.
Afuera del tribunal, cientos de feministas piden su libertad, la celebran, y hasta le han juntado 1 millón de dólares para pagar su defensa.
El feminismo quedó una vez más al desnudo: no es más que una excusa para que la mujer pueda asesinar a sus propios hijos, y una coartada para que jamás sea responsabilizada moral y jurídicamente de nada.
Es la ideología de las mujeres débiles, de las malvadas, las fracasadas y las frustradas; de quienes necesitan escuchar lo “oprimidas” que están para liberarse de toda responsabilidad moral.
Ojalá la basura de Clancy se pudra en la cárcel. Y ojalá que muchas chicas tomen nota de lo que verdaderamente promueve el feminismo.
Yo viendo las protestas en Indonesia y Nepal desde mi país donde gente de a pie defiende políticos y familiares de los mismos enriqueciéndose inexplicablemente y despilfarrando en casas y viajes
El cristianismo ha perdido su esencia original.
Ya no es la fe pura de los mártires, sino la religión del burgués cómodo. La cultura lo ha absorbido.
Este cristianismo moderno no pone a Dios en el centro, sino que lo aparta a un rincón de la vida.
Lo divide en cajas: una para la música que me gusta, otra para mis ideas políticas, otra para mi ropa, mis relaciones, mi tiempo libre y, en una caja más, a Dios.
Para este cristiano, Dios solo salva, pero no manda. Quiere salvación, pero no que Dios lo guíe. Dios queda como un objeto guardado, sin influencia en las demás áreas de la vida. No tiene autoridad fuera de su caja.
Pero el cristianismo verdadero es radical.
No hay Salvador sin Señor.
Si Cristo no es todo, no es nada. Si no gobierna todo, no gobierna nada.
La Biblia dice que la cultura es «la corriente de este mundo» (Ef. 2:2), una «vana manera de vivir» (I Ped. 1:18), que se opone a Dios (I Cor. 1:20; 3:19), que está en guerra con Él (Stg. 4:4) y que está controlada por el mal (I Jn. 5:19; Jn. 12:31; 14:30). Esa es la cultura.
Sin embargo, el cristianismo se rinde a esta cultura y, al hacerlo, se vuelve enemigo de Dios (Stg. 4:4).
No busca cambiar la cultura, sino adaptarse a ella. Se deja influenciar por la política, la música, el cine, los placeres y la dopamina. Lo más importante pasa a ser el deseo personal: voy al concierto que quiero, me visto como quiero, escucho lo que quiero, veo lo que quiero, me junto con quien quiero, y ¿Dios? Sigue en su caja.
Pero el Cristo del cristianismo no es un accesorio ni una parte más de la vida. Para el cristiano, Cristo es su mente (I Cor. 2:16), su cuerpo (Ef. 5:30), su ropa (Rom. 13:14), su vida (Col. 3:4).
El cristiano verdadero ya no vive para esta cultura; ha muerto a ella. Solo Cristo vive en él (Gál. 2:20), para el reino de Dios (Col. 3:1).
Friedrich Nietzsche, el ateo que tenía razón sobre el cristianismo.
@JeersonG Por qué la semana consta de 7 días, empezando en Lunes, después Martes, Miércoles y Jueves que es hoy, ya mañana será Viernes y tenemos dos días que se les llama fin de semana, Sábado y Domingo. Después vuelve a comenzar y volvemos a llegar a Jueves. 😊
@theweirdkatt Existe un problema, y es que hay personas que si aceptan esos trabajos bajo esas condiciones y allí es donde se sigue ofreciendo una basura de salario. Entiendo la necesidad pero hay personas que no tienen respeto por lo que estudiaron.