Hoy 10 de sep mi psicólogo me hizo mirar atrás y reconocer todo lo que he aguantado estos últimos cinco años hubo un momento en que pensé que no quería seguir pero aquí estoy he caído, he llorado y me he vuelto a levantar y hoy sé que llegar hasta aquí también es una victoria.
Ya llevo varias sesiones de terapia y aunque todavía hay cosas que no sé cómo acomodar dentro de mí, al menos ya no estoy huyendo de ellas, supongo que también eso es empezar a sanar.
Fúe un fin de semana extraño, de esos que por fuera parecen normales, pero por dentro te dejan pensando demasiado, me reí, hablé con personas, hice mis cosas, pero también tuve momentos en los que simplemente no sabía qué estaba sintiendo.
Hoy hablando con mi psicólogo, la ansiedad me ganó por un momento, me vió, me escuchó y me dijo algo que debo tomar en cuenta que no tengo que sentirme mal por no poder con todo siempre y que también está bien pedirle un poco de calma a la vida.
Hoy mi psicólogo me dijo algo que me hizo entender que no puedo seguir haciendo como si todo estuviera bien solo porque ya aprendí a aguantarlo y creo que por primera vez entendí que acostumbrarme a sentirme así no significa que realmente esté bien.
Mi psicólogo está primer semana me dijo una frase que pesa bastante en mi mente: “Has pasado tanto tiempo sobreviviendo a lo que sientes, que ahora confundes estar acostumbrado al dolor con estar bien.”
Hoy el psicólogo me habló de algo que me hizo entender muchas cosas sobre mí, quizá no he estado triste todo este tiempo, quizá simplemente olvidé cómo se siente estar bien sin tener que fingirlo.
No fue volver al pasado, fue reconocer que todavía había heridas que necesitaban atención, así que hice lo que alguna vez me ayudó a mantenerme de pie, volver a buscar ayuda, esta vez, por mí.
Qué horrible es encontrarte con algo que jamás imaginaste ver, hay imágenes que no duelen por lo que muestran, sino por todo lo que despiertan dentro de ti y mi ansiedad sabe demasiado bien cómo convertirlas en tormenta.
Estaba a punto de perderme en el abismo de mis propios pensamientos hasta que una presencia se convirtió en mi refugio y me recordó que incluso las almas más cansadas merecen encontrar el camino de regreso.
Hoy entiendo que lo estoy logrando porque nunca permití que las dificultades fueran más grandes que mis ganas de seguir, aprendí que el camino no siempre se recorre con las mejores condiciones, sino con la decisión de levantarse una y otra vez.
Hay días en los que no busco respuestas ni soluciones, solo alguien que pueda quedarse un momento y entender que detrás de mi silencio también hay una voz pidiendo compañía.
Con el tiempo descubrí que lo que termina quebrando a una persona no suele ser una gran tragedia, sino muchas heridas pequeñas llegando todas a la vez al mismo corazón.
Comprendí que mi mayor enemigo nunca estuvo afuera, era la versión de mí que dudaba, que temía y que se conformaba. El día que cambié mi mentalidad y aprendí a controlar mis emociones, enterré a quien era y comencé a construir a quien estoy destinado a ser.