⚡🇭🇺🇪🇺 REMINDER: Viktor Orban exposed the document proving George Soros is largely behind the global illegal immigrant invasion.
This is what the mainstream wants to hide from you.
La comparecencia de Florentino Pérez ante la prensa fue una comparecencia, en realidad, contra la prensa. He leído, muy de mañana, a periodistas que dicen que el rey está desnudo... Pero fue el rey el que se dedicó, con la única ayuda de un micrófono, a desnudar a un oficio que, en los últimos tiempos, se ha convertido en una corrala, en mancebía perversa y desquiciante. Frente al chiringuito de las divas, Florentino expuso, como un tótem, la solidez de un club maltratado por unos medios vendidos, azotado por unos árbitros comprados y vilipendiado por unas instituciones en las que brilla por su ausencia la ausencia de corrupción.
¿Que Florentino está mayor? Por supuesto que está mayor, y en su laboriosa senectud nos ha devuelto el vigor energizante de las certezas y nos ha regalado a todos, y más que nadie a sus críticos, una bocanada de aire fresco procedente de los mejores años de nuestra vida, de aquel siglo XX que solo gracias al Real Madrid se ha alargado hasta bien entrado el XXI. Nada más revolucionario que un hombre repartiendo verdades. Nada más intemporal que la palabra utilizada para devolverle el peso a las palabras y exigir respeto a quienes han hecho su gran negocio de prostituirlas.
Ahí reside la verdadera dimensión histórica de Florentino Pérez: no ya la de un presidente de fútbol, sino la de un constructor de civilización en un mundo que se está derrumbando por el encumbramiento de la mediocridad. Mientras todo alrededor se degrada (la prensa convertida en taberna histérica y las instituciones en cuevas de ladrones) él permanece, hierático como un faraón del Imperio Antiguo, levantando un muro de racionalidad, excelencia y memoria.
Florentino no compareció simplemente para defender al Real Madrid. Su intervención sirvió para defender una idea de jerarquía y rigor que hoy suena particularmente incómoda e incorrecta. Por eso ha irritado tanto. Florentino es la muestra viva (casi rediviva) de que todavía existen hombres capaces de mantenerse rectos en mitad del vendaval y de que todavía existen verdades que vale la pena defender hasta el último aliento.
¡Hala Madrid, cojones!
El M. de Economía anuncia una "economía de guerra". Yo entiendo que hará que:
NO SE ROBE MAS :
*En Petropar
* En IPS
*En gobernaciones e intendencias
* En Itaipu
*En Yacyretá
* En Aduanas
* En Hambre Cero
* En el Congreso
* En los ministerios
* escuelas Y hospitales
Y sigue.
🚨Víctor Benítez: "En Paraguay la principal actividad privada con fines de lucro es la política"
🗣️"Si querés ser rico tenés que dedicarse a la política y tenés que ser corrupto", expresó el economista Víctor Raúl Benítez.
#Ñanduti#FranjaRoja
Hi @elonmusk Dr. Barbacid, the Spanish doctor who found the cure of pancreatic cancer in rats, is begging for funding to keep researching so it can actually save humans. He needs 30M €.
Of course the Spanish Government chooses to fund "other priorities"
Arrodillarnos como los magos ante el Niño de Belén significa, también para nosotros, confesar que hemos encontrado la verdadera humanidad, en la que resplandece la gloria de Dios.
El riesgo que hoy sacude a Wall Street y a las criptomonedas nace en Japón. Podría también ser el detonador de su recuperación y el catalizador de nuevos máximos históricos?
Wall Street está dividido. Algunos analistas advierten correcciones profundas: las acciones de IA estarían sobrevaluadas, el ETF de semiconductores (SMH - ver gráfico) cotiza casi un 100% por encima de su media móvil de 200 días - una distancia que en noviembre de 2021 y julio de 2024 precedió caídas del 45% y 40% respectivamente -, y muchos temen que el sector esté entrando en una fase similar al exceso visto en la burbuja .com. Otros, en cambio, argumentan que la valoración de las empresas de IA está respaldada por ganancias reales y flujos crecientes, y que la historia muestra que cuando el volumen de puts supera los 8 millones, el S&P 500 tiende a subir un mes después. Quién tiene razón? Habrá un nuevo tramo alcista o una corrección inminente? Hay un factor que podría definir la respuesta - y no está en Silicon Valley ni en Wall Street, sino en Tokio.
Desde el 17 de noviembre, el rendimiento del bono japonés a 10 años - el JP10Y - se disparó de manera abrupta, alcanzando hoy 1.88%, un nivel que Japón no tocaba desde 2008. Para muchos, esto parece un dato técnico de un mercado lejano. Pero no lo es. Lo que está ocurriendo en Japón puede alterar el equilibrio financiero global. Y no es exageración: Japón es el país desarrollado con la deuda pública más alta del mundo - unos 240% del PIB - y, al mismo tiempo, uno de los pilares silenciosos que sostienen la estabilidad de las tasas internacionales. Cuando ese pilar se mueve, todos los demás sienten la vibración.
Para comprender este momento, hay que retroceder. En los años ochenta, Japón vivió el mayor boom económico de su historia, un milagro que terminó en una burbuja inmobiliaria monumental. Cuando esa burbuja estalló a comienzos de los noventa, el país entró en tres décadas de estancamiento, deflación y salarios congelados. Su respuesta fue una política monetaria sin precedentes: tasas cercanas a cero y luego directamente negativas, diseñadas para reactivar una economía que no crecía, estimular el crédito, evitar una espiral deflacionaria y debilitar el yen para impulsar las exportaciones. A eso se sumó una herramienta aún más radical: el Yield Curve Control. El Banco de Japón (BOJ) no fijaba la tasa a 10 años como controla la tasa a corto plazo, pero sí la mantenía artificialmente baja mediante compras ilimitadas de bonos cada vez que el mercado intentaba normalizar la curva. Durante años, esta intervención suprimió la señal real del riesgo y permitió que Japón acumulara una deuda gigantesca sin enfrentar su verdadero costo de financiamiento.
Todo cambió cuando regresó la inflación, impulsada por un yen debilitado y por el encarecimiento de las importaciones energéticas. Japón ya no podía justificar tasas negativas en un entorno donde los precios, por primera vez en décadas, comenzaban a subir. Cuando el BOJ relajó su control sobre los rendimientos largos, el mercado hizo lo que siempre hace cuando recupera el volante: repreció el riesgo. El resultado es la explosión del JP10Y que estamos viendo ahora.
Pero el impacto trasciende a Japón porque Japón es un actor sistémico. Durante años, con sus propios bonos rindiendo casi cero, las instituciones japonesas exportaron capital masivamente hacia Estados Unidos y Europa. Ese flujo - junto con un diferencial de tasas extremo (el US 10Y se sitúa hoy cerca de 4.09%) - mantuvo contenidas las tasas largas globales y alimentó los carry trades. Si los JP10Y empiezan a rendir más, parte de ese capital puede repatriarse. Y cuando disminuye la demanda por Treasuries estadounidenses, los rendimientos del US 10yr suben automáticamente. Eso fue exactamente lo que vimos entre la noche del domingo y el 1 de diciembre: la curva del US10Y se movió al alza en sincronía con la japonesa.
Y casualidad o no, los mercados de riesgo comenzaron a reaccionar en noviembre. Mientras el JP10Y rompía al alza, el S&P 500, el Nasdaq y otros índices globales mostraron rupturas bajistas internas - los conocidos Change of Character(ChoCh) -, mientras Bitcoin y el resto de las criptomonedas perdían estructura alcista en marcos de tiempo cortos. No hace falta demostrar causalidad perfecta para ver el patrón: cuando las curvas soberanas se tensionan, los activos de riesgo dejan de ignorarlo. El salto del bono japonés a 10 años y la debilidad sincronizada en equities y crypto son dos caras de la misma realidad: el costo del dinero está subiendo y el mercado comienza a descontarlo en todas las clases de activos. En otras palabras, el mundo está recordando algo básico: el capital no es gratis.
Pero hay un segundo canal aún más decisivo: el psicológico. Las dos economías más endeudadas del planeta - Japón con 240% del PIB y Estados Unidos con aproximadamente 130% - están experimentando presiones simultáneas en sus mercados de deuda. Cuando los rendimientos suben en países tan apalancados, el costo de financiar déficits estructurales crece de forma explosiva. El riesgo sistémico aumenta y los inversionistas exigen primas mayores en toda la curva soberana global.
Y este punto es clave, porque el repunte del JP10Y no solo presiona las tasas mundiales: también golpea directamente el talón de Aquiles fiscal de Estados Unidos. En 2025, el gobierno federal pagó alrededor de US$ 970 mil millones en intereses - más que todo el gasto en defensa -, y las proyecciones oficiales indican que esa cifra podría superar el billón de dólares en 2026 y acercarse a los US$ 1.8 billones anuales para 2035 si la deuda y las tasas continúan al ritmo actual. Si los rendimientos largos siguen subiendo por contagio internacional, la carga financiera estadounidense entra en una zona de riesgo estructural. En ese escenario, la FED podría verse forzada - de forma explícita o velada - a intervenir mediante compras de bonos para contener los yields, un retorno parcial al QE.
Es perfectamente posible que Wall Street se mantenga en modo bajista mientras el JP10Y continúe subiendo. La correlación es directa: si Japón tensiona la curva global, los activos de riesgo corrigen. Pero el desenlace realmente decisivo podría venir por el lado opuesto: si el salto global de los rendimientos se convierte en una amenaza seria para la sustentabilidad fiscal de Estados Unidos, la Reserva Federal podría verse obligada a actuar. Y si ese giro ocurre - si la FED interviene para sostener el mercado de bonos como Japón sostuvo el suyo durante años -, la consecuencia más probable sería un repunte violento del apetito por riesgo. Bajo ese escenario, Wall Street podría retomar su tendencia alcista y marcar nuevos máximos históricos, alineándose con la narrativa de resiliencia que analistas como Tom Lee han defendido.
Paradójicamente, el estrés que hoy se origina en Tokio - y que ya está generando turbulencias visibles en Wall Street y en el mercado de criptomonedas - podría convertirse en el detonador de un movimiento completamente opuesto al que muchos esperan. Si la tensión en los rendimientos soberanos continúa escalando y comienza a comprometer la sostenibilidad fiscal de Estados Unidos, la FED podría verse obligada a intervenir en el mercado de Treasuries para frenar la subida de los yields. Ese giro - un retorno parcial al QE - no solo aliviaría inmediatamente la presión sobre las bolsas, sino que podría impulsar un nuevo ciclo alcista capaz de llevar a los índices a máximos históricos, exactamente en línea con la narrativa de resiliencia que defienden analistas optimistas como Tom Lee. La ironía es evidente: un shock de riesgo nacido en Japón podría terminar siendo el catalizador de la próxima fase de euforia bursátil estadounidense. Así, tanto los bajistas como los alcistas podrían tener razón, dependiendo del orden en que se activen estos mecanismos.
Victor Osuna