Me puse a pensar y mis ideas se movieron con algo semejante a un perezoso sigilo, como si las vigilaran ojos amargados y sádicos. Pensé en ojos muertos contemplando un cielo sin luna, con sangre negra en las comisuras de la boca que tenían debajo.
Hasta cuándo soportaré tu nostalgia de cobardes regiones transparentes y me inclinaré ante la ley que te guía hacia los astros apacibles? Mientras, yo me quedo solo conmigo mismo, anhelándote desde aquí abajo